Durante tres años, las discusiones fueron parte de la rutina en una casa del barrio Las Viñas, en El Algarrobal, Las Heras. Los vecinos escuchaban gritos, insultos y peleas que, según declararon después ante el Ministerio Público, casi siempre estaban atravesadas por el consumo de alcohol y los celos.
Pero la madrugada del 1 de enero de este año, esa historia terminó de la peor manera: Carlos Antonio Ramírez Cortes, de 70 años, recibió una puñalada en el pecho y murió en el lugar. Por el asesinato quedó imputada su pareja, Tamara Estefanía Vila (36), quien enfrenta una acusación por homicidio agravado por el vínculo, un delito que prevé prisión perpetua como única condena posible.
Sin embargo, el expediente también reúne testimonios que describen un presunto contexto de violencia de género que la defensa buscará hacer valer próximamente, si es que la causa llega a un juicio por jurados.
El caso reconstruye que el hecho ocurrió durante la madrugada del día citado en la casa 17 de la manzana del citado complejo, escenario del primer homicidio registrado este año en la provincia. Para la fiscalía, a las 4.30, tras una discusión con Ramírez Cortes, conocido como “Don Chela”, Vila tomó un cuchillo Tramontina tipo carnicero de mango de madera y le asestó una puñalada en el sector superior izquierdo del tórax, a la altura del corazón. La lesión resultó mortal.
La teoría de la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Rios se sostiene, principalmente, en los testimonios de vecinos que describieron una convivencia marcada por discusiones permanentes, consumo de alcohol, sustancias y episodios de violencia. Ninguno relató haber visto a un tercero ingresar a la casa aquella madrugada, pese a la versión inicial que dio la mujer, que salió corriendo con las manos llenas de sangre.
Una de las vecinas declaró que la víctima y la presunta victimaria “siempre tenían eso, se ponían a tomar entre los dos, le pintaban los celos y se golpeaban mutuamente”. Agregó que eran “buenos vecinos”, pero que “con un traguito ya empezaban a putearse, pegarse entre ellos”, por lo que ya no prestaba demasiada atención a las peleas. También recordó que esa noche compartieron la cena de Año Nuevo con la hija de Vila y su yerno, y luego se retiraron a descansar. “No había nadie más fuera de ellos”, aseguró.
La misma testigo contó que, una vez que arribaron policías que se encontraban en otro hecho en el mismo barrio y otros habitantes del sector, la acusada repetía una frase que llamó la atención de los investigadores: “Ellos lo mataron, se querían quedar con el lote”, aunque, según precisó, nunca identificó a quién hacía referencia.
Otra mujer que vive en las inmediaciones relató que escuchó una nueva discusión cuando ya estaba en el patio de su casa. “Se escuchaba que discutían ella con él y en una de esas se escucha un grito de dolor. Fue un grito de Don Chela que fue: ‘No, hija de puta… ay'”. Dijo que instantes después Vila salió corriendo para pedir ayuda y gritaba que Ramírez Cortes estaba sangrando mucho.
La testigo también relató que la imputada tenía sangre en una mano y que se acomodaba la ropa mientras pedía que llamaran a los servicios de emergencia. “Chela y Tamara, solo dos personas se escuchaban. Siempre discutían ellos. Ese grito de dolor no me lo voy a olvidar más”, afirmó.
Sobre esa base, la fiscalía avanzó con la acusación por homicidio agravado por el vínculo un par de días después del crimen y logró que la jueza María José Cerdera dictara la prisión preventiva en marzo por considerar acreditados, en esa etapa de la investigación, los elementos necesarios para mantener la medida cautelar mientras continúa la instrucción.

¿Había violencia de género?
Sin embargo, el expediente también contiene una declaración que podría adquirir relevancia en un futuro debate ante un jurado popular, si es que el caso llega a esa etapa. Se trata del testimonio de la hija de Vila, que vivía con ella. Aseguró que su madre era víctima de agresiones físicas y verbales por parte de Ramírez Cortes.
La joven declaró que el hombre “la maltrataba mucho”, que no la dejaba salir sola, le hacía escenas de celos de manera permanente y la agredía físicamente.
Recordó un episodio ocurrido el año pasado, cuando, según su versión, Ramírez Cortes le golpeó la cabeza con una botella y le provocó una cicatriz en la frente. También afirmó que en otra oportunidad le cortó una mano con el mismo cuchillo que luego fue secuestrado tras el homicidio.
De acuerdo con el relato que hizo en sede judicial, en esa oportunidad llamó al 911 y los efectivos acompañaron a su madre al hospital e intentaron que realizara la denuncia, aunque nunca la concretó porque “tenía miedo”.
La hija también declaró que los episodios de violencia se repetían fuera de la propiedad, incluso en bares del centro, donde, dijo, Don Chela protagonizaba escenas de celos y agresiones que motivaban la intervención de terceros. Además, afirmó que controlaba el dinero de su madre y que consumía alcohol y otras sustancias.
En otro tramo de su testimonio, reveló que mientras convivían en la misma casa, el hombre intentó abusar de ella. Contó que se lo comunicó a su madre, lo que originó una fuerte discusión entre ambos. Aseguró que su mamá nunca denunció ese ni otros episodios porque temía que Ramírez Cortes cumpliera las amenazas de matarlas.
Durante los primeros días de investigación, el Ministerio Público Fiscal verificó si existían denuncias previas por violencia entre ambos integrantes de la pareja. El resultado fue negativo.
Ese dato forma parte del expediente, aunque la defensa, encabezada desde principios de este mes por la abogada Ángeles Mandarino, sostiene que la ausencia de presentaciones judiciales no descarta un contexto de violencia de género, precisamente por el miedo que, según declaró la hija de la imputada, condicionaba las decisiones de su madre.
Con la prisión preventiva dictada y la acusada sin haber prestado declaración, la causa continúa en etapa de instrucción, por lo que detallaron fuentes del caso a El Sol.
Las mismas agregaron que todavía restan incorporar pruebas antes de que la fiscalía defina si requiere la elevación del expediente a juicio por jurados, donde claramente la discusión no solo girará en torno a la responsabilidad de Vila en el homicidio, sino también al contexto de violencia que la defensa buscará acreditar.
