Gustavo Gómez y el Chevrolet que reconoció que conocía, el cual todavía no es hallado.

“Quiero aclarar que nunca tuve intenciones de herir a nadie, ni mucho menos que alguien terminara muerto; jamás fui a ese lugar con intenciones de matar y no pensé que esto podía terminar de esta manera. Es verdad que yo manejaba el auto ese día; también es verdad que fui con otras personas por un tema relacionado con una moto, que entendía había sido robada, pero también entendía que se iba a hablar del tema, no que iba a terminar de esta forma. Quiero también aclarar que nunca llevé un arma, nunca tuve un arma conmigo, no sabía que alguien llevaba una, y de haber sabido, nunca hubiese ido. Durante el episodio siempre permanecí dentro del vehículo, nunca bajé, nunca fue mi intención herir a nadie, nunca fue mi intención participar de algún hecho de violencia ni incité a nadie para que lo haga. Quiero dejar claro que nunca participé de un plan u organicé algo para que esto pasara y no hubo ningún acuerdo previo para que se hiciera. Entiendo la gravedad del problema y el dolor que existe por el hecho, pero no puedo aceptar que se diga que yo participé de un homicidio organizado por mí, porque eso no es verdad”.

Con esas palabras, el jueves 28 de mayo a las 10.20, comenzó su declaración Gustavo Alfredo Gómez Knap, el comerciante de 50 años acusado de haber conducido el Chevrolet Onix gris oscuro que trasladó al grupo de malvivientes que terminó asesinando a Germán David Di Giovambattista, el empleado municipal de 40 años que fue confundido con los autores del robo de una moto y ejecutado de un disparo frente a su familia en la noche del 10 de abril en su casa de calle Mathus Hoyos de Guaymallén.

El caso fue de alto impacto y generó una importante investigación en la División Homicidios y la fiscalía especializada del Ministerio Público. Siete sospechosos, entre ellos el presunto tirador, permanecen tras las rejas imputados.

La declaración, incorporada al expediente que instruye la fiscal Andrea Cecilia Lazo -lo había iniciado Florencia Díaz Peralta-, no solo constituyó el primer relato detallado de uno de los integrantes del grupo que llegó hasta la citada casa de El Bermejo, sino que terminó de cerrar la teoría que venían trabajando desde hacía semanas.

También se transformó en una pieza fundamental para los investigadores de Homicidios de Investigaciones, que lograron profundizar la reconstrucción de la secuencia criminal, identificar a los demás presuntos participantes –la mayoría barras del Club Deportivo Maipú– y avanzar posteriormente en las capturas de Brian Jesús Amaya Gómez, señalado como autor material del disparo el lunes de la semana pasada, y del resto de los sospechosos que terminaron imputados del bautizado “crimen por error”, dos días después.

La causa tiene una particularidad que la vuelve tan compleja como trágica. Según la hipótesis judicial y policial, ninguno de los integrantes del grupo conocía a la víctima.

Un caso de alto impacto

Todos llegaron hasta esa casa convencidos de que allí estaban escondidos una moto Honda Tornado y un teléfono iPhone 17 Pro que horas antes habían sido robados durante un asalto a Lucas Gómez, hijo del comerciante.

La información resultó equivocada. Del otro lado del portón estaban Di Giovambattista junto a su esposa y sus hijas, completamente ajeno al asalto que había ocurrido horas antes cerca del Shopping de Guaymallén, cuando el joven Lucas había llegado con la intención de vender cigarrillos electrónicos y se había contactado con un par de sujetos a través de redes.

En su extensa declaración, Gómez Knap intentó explicar cómo se gestó aquella decisión que terminaría derivando en un asesinato. Contó que aquella noche se encontraba en un evento realizado en la plaza del barrio Tropero Sosa de Maipú cuando fue informado sobre el hecho de inseguridad que sufrió por su hijo.

Según relató, la madre del joven lo llamó para comunicarle que le habían sustraído la moto y el teléfono celular a punta de pistola. Luego mantuvo distintas conversaciones con Lucas, quien le comentó las circunstancias del asalto y las dificultades que había tenido para formalizar la denuncia.

El comerciante dijo en su declaración que, utilizando la cuenta de iCloud de su hijo, logró observar una ubicación vinculada al teléfono robado. Ese dato terminaría siendo determinante. “Con su cuenta pude llegar a saber la ubicación del lugar”, donde supuestamente se encontraban los elementos sustraídos, declaró.

Según explicó ante el Ministerio Público, mientras intentaba retirarse del evento, algunas personas que estaban con él insistieron para que permaneciera un rato más. Fue entonces cuando comentó lo ocurrido. “Les cuento lo que había pasado con mi hijo, y ellos me dicen que fuéramos a buscar la moto, yo no entiendo por qué tuve esa decisión y no la adecuada, esperé que ellos subieran y fuimos al lugar”, relató.

La propuesta, según afirmó, surgió de Brian Amaya, uno de los referentes de una facción de la barra brava del Deportivo Maipú. Gómez Knap aseguró que inicialmente habló con él, pero que luego aparecieron otras cuatro personas que terminarían integrando el grupo.

En ese tramo de la declaración aportó una descripción minuciosa de cada uno de los ocupantes del Chevrolet Onix que utilizó aquella noche. Identificó a Amaya, a Gerardo Sosa, a un sujeto conocido como “Colla” (Maximiliano Nahuel Miranda Del Giudice), a otro apodado “Gordo Springfield” (Lucas Matías Espíndola Oviedo) y a un quinto hombre al que conocía únicamente como “Viejo” o “Vejete” (Fernando Ismael Tejada Quiroga).

La precisión de esos datos no pasó inadvertida para los pesquisas judiciales y policiales que venían trabajando en el caso. Con el avance de la instrucción, la mayoría de esos nombres y apodos terminaron coincidiendo con las personas que posteriormente fueron detenidas durante los allanamientos realizados por la División Homicidios.

El comerciante explicó que conocía a varios de ellos por su vínculo con el Cruzado. Dijo que era socio, simpatizante y colaborador frecuente en actividades organizadas por distintos referentes barriales vinculados a la institución. “Suelo colaborar cuando hacen rifas, sorteos o eventos con la provisión de mercadería de mi negocio, que es un almacén”, declaró.

Según su versión, esa relación era la única que mantenía con varios de los sospechosos. Ya con los cinco ocupantes a bordo, el grupo emprendió viaje hacia Guaymallén. Gómez Knap insistió varias veces en que no conocía la zona y que fueron los demás quienes le fueron marcando el camino durante todo el recorrido. Recordó especialmente una frase atribuida a Gerardo Sosa. “Yo conozco la zona, yo te voy guiando”.

El imputado contó que avanzaron por distintos sectores del Gran Mendoza realizando varios desvíos hasta desembocar finalmente en calle Mathus Hoyos.

Cuando llegaron, estacionó sobre la misma vereda donde se encontraba la casa señalada por la geolocalización, aunque aseguró que quedó algunos metros más adelante y sin visión directa del ingreso.

Ese detalle aparece repetido varias veces en la declaración a la que accedió El Sol por fuentes judiciales: remarcó que nunca descendió del vehículo ni observó directamente lo que ocurrió frente al domicilio. “Yo siempre me quedé arriba del vehículo”, sostuvo.

A partir de allí comenzó la secuencia que terminaría con el crimen. Según relató, todos los ocupantes descendieron del rodado y avanzaron hacia la casa. “Sentí golpes que patearon el portón”, dijo. Después escuchó gritos. Luego comenzó a sonar una alarma, coincidiendo con lo que registraron los videos de las cámaras de seguridad.

Y fue entonces cuando decidió mover el Onix. Contó que avanzó unos metros y realizó una maniobra para quedar orientado hacia una posible salida rápida del lugar. Mientras esperaba, escuchó una frase que todavía recuerda. “Es al lado”, gritó alguien.

Instantes después se produjo el disparo. La descripción que hizo coincidió con la teoría de la fiscalía, que sostiene que los agresores inicialmente se dirigieron hacia una casa equivocada y luego advirtieron que el objetivo que buscaban se encontraba junto a ella.

Gómez Knap sostuvo que jamás vio el arma y que ni siquiera sabía que alguno de los integrantes del grupo estuviera armado. “Yo desconocía que había un arma en el auto hasta que sentí el disparo”, aseguró. Incluso sostuvo que en ese momento creyó que el tiro provenía desde el interior de la vivienda.

Lo que ocurrió después es uno de los tramos más relevantes de toda la declaración. Según contó ante las partes, apenas se escuchó el balazo, sus acompañantes regresaron corriendo hacia el auto y comenzaron a exigirle que escapara. “Todos empezaron a decir ‘acelerá, acelerá’”, recordó.

El comerciante relató que se negó a realizar maniobras riesgosas pese a la insistencia de quienes viajaban con él. Señaló que incluso se detuvo en un semáforo mientras le pedían que sobrepasara a otros vehículos para abandonar rápidamente la zona.

En medio de ese caos escuchó una conversación que, para los detectives, adquirió especial relevancia. “No puedo precisar quién porque todos hablaban a la vez”, aclaró. Sin embargo, aseguró que escuchó cómo algunos de los ocupantes le recriminaban a Amaya haber disparado. “Creo que incluso se dijo si era necesario”, recordó.

Y agregó otro dato importante. “Puedo precisar que a Brian le preguntaban por qué había disparado”. Aunque aclaró que nunca observó directamente el arma ni el momento en que fue utilizada.

El relato continuó con la fuga del grupo. Según explicó durante el acto procesal, fue el propio “Gordo Springfield” quien comenzó a indicarle el camino hacia una casa donde finalmente descendieron varios de los ocupantes. Allí se produjo otra situación que quedó incorporada al expediente.

Gómez Knap decidió retirarse únicamente junto a Sosa. Ambos dejaron atrás al resto del grupo y emprendieron el regreso hacia Maipú. Durante ese trayecto, según contó, intentó averiguar qué había sucedido. “Le pregunté qué había pasado”, declaró.

Ante el silencio de Sosa, insistió. “¿Era para tanto?”, recordó haberle dicho. La respuesta que obtuvo quedó registrada en el acta. “Me dijo algo de un machete, que lo había encarado a Brian con un machete”. Aunque aclaró que nunca le manifestó expresamente que Amaya hubiera efectuado el disparo mortal.

Otro de los aspectos que atravesaron toda la declaración es el intento de Gómez Knap por explicar cuál era, según él, la verdadera finalidad del viaje. Durante distintas respuestas repitió la misma idea.

“La intención era recuperarla (la moto), pero nunca con violencia, era ir a negociar, si estaba, pagar un dinero para que me la devolvieran, pero nunca me imaginé que esto iba a terminar de esta forma”, se destaca en uno de los tramos de la declaración del imputado.

Sin embargo, también reconoció situaciones que en el expediente aparecen como puntos sensibles. Admitió que nunca llamó al 911, que tampoco informó a la Policía sobre la ubicación que observó mediante iCloud y que no acudió a las autoridades después de enterarse de que una persona había muerto durante el episodio.

Cuando la querella le preguntó por qué nunca se presentó espontáneamente, respondió que tuvo miedo. “No voy a negar que tuve miedo”. Y agregó que temía las consecuencias que podía traerle enfrentarse con las personas que habían participado aquella noche.

Para la fiscalía, la participación de Gómez Knap en la secuencia fue suficiente para atribuirle responsabilidad penal. Por eso terminó imputado como partícipe secundario del homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego.

Mientras tanto, por información a la que accedió este diario, los pesquisas continuaban reconstruyendo cada minuto de aquella noche en la que un grupo de hombres salió a recuperar una moto robada, llegó a una casa equivocada y terminó provocando uno de los crímenes que más conmoción generó este año en la provincia.

El próximo paso de la instrucción será que la fiscal Lazo solicite la prisión preventiva para seis de los imputados, ya que se analiza la posibilidad de que uno de ellos, Lucas Gómez, termine recuperando la libertad porque no sería simple confirmar su presencia en la escena del crimen.