La investigación por el asesinato de Germán David Di Giovambattista, el trabajador municipal de Guaymallén que fue ejecutado de un disparo frente a su casa en abril, dio este lunes un giro determinante con la captura de Brian Jesús Amaya, señalado por los pesquisas de la División Homicidios como el autor material del disparo letal y uno de los máximos referentes de una de las dos facciones de la barra brava del Club Deportivo Maipú.
El sospechoso fue detenido cerca de las 12.50 por efectivos de la Subcomisaría Tropero Sosa en el departamento de Maipú, donde permanecía oculto mientras pesaba sobre él un pedido de captura nacional e internacional. Tras el procedimiento, personal de la División Homicidios de Investigaciones realizó un allanamiento en su casa ubicada en esa misma jurisdicción.
Amaya, de 34 años, es conocido en el ambiente futbolero como lider del sector conocido como “del Tropero Sosa”. Desde hacía varios días que era intensamente buscado por orden judicial luego de que la pesquisa lograra ubicarlo en la escena del crimen ocurrido la noche del 10 de abril en El Bermejo.
De acuerdo con la reconstrucción realizada por los detectives, al momento del ataque vestía una campera del Deportivo Maipú, detalle que también quedó incorporado a la investigación.
La captura había sido ordenada en el expediente que instruye la fiscal Andrea Cecilia Lazo, de la Unidad Fiscal de Homicidios y Violencia Institucional. El pasado 29 de mayo, el juez penal colegiado David Gabriel Mangiafico autorizó formalmente la captura nacional e internacional del acusado por el delito de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en calidad de coautor.
La resolución judicial fue distribuida en dependencias policiales con la advertencia de que cualquier hallazgo del prófugo debía ser comunicado de manera inmediata a la fiscalía especializada. Desde entonces, se habían intensificado las tareas de vigilancia y seguimiento hasta concretar el procedimiento de este lunes.
Justamente, se concretó tras una serie de movimientos policiales que comenzaron cerca de las 11.30. Los efectivos que prestaban servicios en la zona comenzaron a desplegar maniobras operativas en el barrio Tropero Sosa, donde el sospechoso residía y era ampliamente conocido por los uniformados tanto por su domicilio como por su vinculación con una de las facciones de la barra brava del Deportivo Maipú.
Mientras desarrollaban un puesto fijo de control vehicular y de personas sobre calle Mendoza y Tropero Sosa, los policías detectaron un Chevrolet Corsa gris que coincidía con uno de los vehículos en los que habitualmente se había observado movilizarse al prófugo. El automóvil era conducido por una mujer reconocida por el personal como la pareja de Amaya.

Al solicitarle la documentación correspondiente, los uniformados constataron que no contaba con la tarjeta verde del vehículo ni con su documento de identidad, por lo que fue trasladada a la dependencia policial para completar las verificaciones de rigor.
Fue en medio de ese procedimiento cuando la situación dio un vuelco inesperado. Ya dentro de la dependencia, mientras la mujer aportaba la documentación requerida, uno de los efectivos observó a Amaya caminando por el interior de la plaza del barrio Tropero Sosa en dirección a la sede policial.
Los policías realizaron una inmediata verificación biométrica del sujeto y el sistema confirmó que registraba una medida de captura pendiente por la causa de homicidio.
Debido a que los investigadores consideran a Amaya una persona de alta peligrosidad y teniendo en cuenta además su influencia dentro de la barra, se dispuso su inmediato traslado fuera de la zona de Tropero Sosa y luego se ordenaron los allanamientos.
El crimen por error del empleado municipal: padre e hijo, los primeros detenidos y una trama aún sin cerrar
La investigación por el asesinato de Germán David Di Giovambattista, el empleado municipal de Guaymallén acribillado en la puerta de su casa en El Bermejo en un confuso episodio captado por cámaras de seguridad, dio en las últimas horas un paso…
Luego de las primeras capturas
La detención de Amaya se produjo días después de las primeras capturas que había registrado la causa. El expediente tenía dos detenidos: un comerciante de 25 años oriundo de Carrodilla y su padre. Ambos habían quedado bajo sospecha por su vinculación con el auto utilizado por el grupo que irrumpió en la casa de la víctima.
Sin embargo, la situación procesal del joven podría cambiar en las próximas horas. Fuentes ligadas al caso indicaron que el padre declaró en la causa y desvinculó completamente a su hijo de la planificación y ejecución del hecho. Además, la reconstrucción concluyó que el comerciante ni siquiera estuvo presente en la escena del crimen.
El joven había quedado involucrado porque horas antes del homicidio había sido víctima de un violento asalto a mano armada en Guaymallén. A las 21.45 del 10 de abril había pactado la venta de unos cigarrillos electrónicos en la intersección de Padre Gagliardi y Cuba.
Cuando llegó al lugar fue interceptado por dos delincuentes armados que le apuntaron con un arma de fuego y le sustrajeron una moto Honda Tornado 250 centímetros cúbicos, un teléfono iPhone 17 Pro color naranja, una mochila Nike, un casco LS2 y documentación personal.
A partir de ese robo comenzó una cadena de acontecimientos que terminaría con una tragedia.
Según la hipótesis que manejan los investigadores judiciales y policiales, el comerciante inició averiguaciones para intentar recuperar sus pertenencias. En ese contexto apareció el nombre de Amaya. Las fuentes sostienen que el barra de Maipú fue contactado para localizar la moto y el celular robados. A su vez, el ahora detenido recurrió a un grupo de allegados o “soldadito de la misma barra” y colaboradores para rastrear los bienes sustraídos.
Las averiguaciones condujeron a un dato que resultó equivocado. Alguien les aseguró que la moto y el teléfono podían encontrarse en una propiedad ubicada sobre calle Mathus Hoyos al 4400, en El Bermejo.
Ese domicilio pertenecía a Germán David Di Giovambattista, el empleado municipal de 40 años que no tenía ninguna relación con el robo previo ni con las personas que buscaban los elementos sustraídos.
Convencidos de que allí estaban los objetos robados, entre cinco y seis hombres llegaron hasta el domicilio durante la noche. Parte de la secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad privadas y por dispositivos del Centro Estratégico de Operaciones.
Los registros permitieron reconstruir que los recién llegados exigían información sobre una moto y un teléfono celular. Del otro lado, Di Giovambattista intentaba entender qué estaba ocurriendo. Al advertir la presencia de los desconocidos frente a su casa, salió portando un machete y enfrentó al grupo.
Se produjo entonces una fuerte discusión. Los atacantes insistían con la entrega de una moto que jamás había estado en ese lugar. La víctima intentó explicar que no tenía ninguna vinculación con los bienes que buscaban.
La situación escaló rápidamente. Durante el intercambio, Di Giovambattista fue golpeado y los agresores comenzaron a retirarse. Sin embargo, cuando la secuencia parecía terminar, uno de ellos abrió fuego.
La investigación sostiene que ese disparo fue efectuado por Amaya. El proyectil ingresó por la zona de una axila, atravesó órganos vitales y provocó lesiones irreversibles. El trabajador municipal murió prácticamente en el lugar. El grupo escapó inmediatamente después.
Desde los primeros días, los detectives de Homicidios advirtieron que no estaban frente a un homicidio cometido durante un robo común ni ante un conflicto previo entre víctima y agresores. La principal hipótesis apuntó a una confusión fatal originada por información errónea.
Con el avance de las pericias, las cámaras de seguridad, los testimonios y el rastreo de los movimientos del Chevrolet Onix utilizado por los sospechosos, los investigadores lograron identificar a varios integrantes del grupo y reconstruir gran parte de la secuencia.
Ahora, con la captura de Amaya, la fiscalía considera haber dado con quien ejecutó el disparo mortal. Sin embargo, la causa continúa abierta y todavía quedan sospechosos por identificar y localizar.
Los pesquisas sostienen que el expediente está lejos de concluir. De hecho, la hipótesis central sigue apuntando a que al menos otras cuatro personas participaron de la irrupción que terminó con la vida del trabajador municipal.
