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Una mujer policía y un empleado de seguridad privada fueron víctimas de un violento asalto durante la madrugada de este miércoles mientras custodiaban las canchas del Club Municipal de Godoy Cruz. Dos delincuentes armados los sorprendieron, los redujeron con amenazas, les arrojaron agua hirviendo sobre el cuerpo, los golpearon, maniataron y dejaron encerrados para facilitar la fuga. El botín incluyó la pistola reglamentaria de la uniformada, un chaleco antibalas y otros efectos personales, revelaron fuentes del caso a El Sol.

La gravedad del ataque, principalmente por el robo del arma reglamentaria, movilizó a distintas unidades de la fuerza. En pocas horas se desplegó un amplio operativo que terminó con dos sospechosos detenidos y el recupero de parte de los elementos sustraídos, aunque la pistola provista no fue hallada.

El hecho de inseguridad ocurrió a la 1.20 en el predio ubicado en Huergo y Cipolletti, donde prestaban servicio la auxiliar Gisel Macarena Ríos, de 29 años, y el vigilador privado Ulises Ariel Pacheco Chacón, de 20.

De acuerdo con la reconstrucción realizada por los investigadores, luego del testimonio de las víctimas, ambos se encontraban realizando tareas de custodia cuando dos hombres ingresaron al predio aprovechando la escasa circulación de personas a esa hora de la madrugada.

Los delincuentes actuaron con rapidez. Uno portaba un arma de fuego tipo pistola y el otro un cuchillo. Sin darles posibilidades de reaccionar, amenazaron a las víctimas apoyándoles las armas sobre el cuerpo y comenzaron a exigirles todas sus pertenencias.

La principal preocupación pasó por el arma reglamentaria de la policía. Los asaltantes escaparon con una pistola Taurus, además del chaleco antibalas con portaplacas que utilizaba la efectivo durante el servicio.

También se llevaron un teléfono Samsung S25, las llaves de una moto Bajaj Rouser N250 y otros elementos pertenecientes a la integrante de la fuerza con destino en UPANA (Unidad de Procedimientos y Abordaje de la Niñez y Adolescencia). Del empleado de seguridad sustrajeron un teléfono Redmi Note 11, una tarjeta SUBE, un cargador portátil, auriculares y pertenencias personales.

Pero el robo no terminó allí. Antes de escapar, los asaltantes descargaron una violencia poco habitual contra las víctimas. Según la denuncia incorporada a la causa que investiga la Unidad Fiscal de Robos y Hurtos, arrojaron una mesa contra la policía y tiraron la moto sobre el empleado de seguridad. Acto seguido, les lanzaron agua hirviendo sobre distintas partes del cuerpo, provocándoles quemaduras y otras lesiones.

Como si eso no fuera suficiente, los maniataron y dejaron encerrados dentro de las instalaciones para asegurarse varios minutos de ventaja antes de que lograran zafarse de las ataduras.

Sin posibilidad de pedir ayuda de inmediato, la auxiliar y el vigilador lograron liberarse por sus propios medios luego de varios minutos. Apenas consiguieron salir del lugar, se dirigieron hasta la Comisaría Séptima para denunciar el ataque.

Una vez que dieron aviso, el Ministerio Público ordenó las primeras medidas investigativas, el trabajo de Policía Científica en la escena y la recolección de todos los indicios. Incluso autorizó romper uno de los candados de acceso al predio para facilitar el ingreso de los peritos.

Operativo por el arma policial

El violento asalto activó un protocolo especial dentro de la fuerza provincial. A través de la frecuencia se distribuyeron las características físicas y la vestimenta de los sospechosos, mientras patrulleros de distintas dependencias comenzaron un operativo cerrojo por Godoy Cruz. Los primeros resultados llegaron pocos minutos después.

Personal de la Unidad de Acción Preventiva (UAP) detectó a un hombre en las inmediaciones de calles Luzuriaga y El Nihuil. Al identificarlo, comprobaron que llevaba consigo el teléfono celular robado a la policía durante el asalto.

Con ese dato, los investigadores profundizaron las averiguaciones y establecieron que otro sospechoso podía encontrarse en una vivienda ubicada sobre calle El Nihuil al 900.

Con autorización del propietario, ingresaron al inmueble y comenzaron una inspección minuciosa. En el patio encontraron un bolso y una campera policial con la jerarquía de la auxiliar colocada. El hallazgo confirmó que parte del botín había sido ocultado en ese domicilio.

La búsqueda continuó en uno de los departamentos internos, donde localizaron a otro hombre que, de acuerdo con los testimonios obtenidos en el lugar, no vivía allí y se había escondido pocos minutos antes del procedimiento policial.

Los rastrillajes también se extendieron al techo de la vivienda. Allí fueron secuestrados una mochila y un par de zapatillas que serían propiedad de la integrante de la fuerza.

Los detenidos fueron identificados como Maximiliano Gustavo Hartmann, de 28 años, y Matías Emanuel Irulegi, de 20, quienes quedaron a disposición de la Justicia.