Arriba: Jonathan Castro y su madre, "Doña Hilda". Abajo: Abel Pina, su hermano Facundo y la pareja, Micaela Lucero.

El pasado sábado a las 14, efectivos de Inteligencia de la Policía Federal terminaron con la vida en la clandestinidad de Jonathan Vicente Castro Pizarro, conocido como el Moncho e hijo Hilda Graciela Pizarro Quintero (65), una mujer dedicada al comercio de cocaína y marihuana que no ha parado de ser investigada y detenida en la última década en el Gran Mendoza.

El hombre de 35 años tenía pedido de captura nacional e internacional desde hacía casi dos años, cuando escapó de una serie de allanamientos masivos y fue capturado en Guaymallén luego de una investigación que originó la citada fuerza en abril del 2022 tras una nueva denuncia en su contra.

La presentación aseguraba que la “Doña”, como la conocen en los barrios del oeste de Godoy Cruz, había sido la organizadora y financista de una organización dedicada a la tenencia de estupefacientes con fines de comercialización.

Trece días antes de la caída del Moncho Castro en calles Irigoyen y Avellaneda de Guaymallén, luego de un seguimiento de efectivos de la Unidad de Inteligencia Criminal de la DUOF de la Policía Federal Argentina, su madre fue condenada por esa misma causa junto con los otros cuatro procesados del caso. El proceso fue un juicio abreviado homologado el 4 de setiembre por el Tribunal Oral Federal Nº1, a cargo de Alberto Daniel Carelli.

De acuerdo con la información a la que accedió El Sol, Hilda Graciela Pizarro, la reconocida narco mendocina hermana de Sergio, Fabián y Diego, hombres que también han sido detenidos y sentenciados por tráfico de sustancias ilegales en grandes cantidades -el último de los citados fue hallado culpable por un crimen y presenta una causa por tenencia de drogas en el penal de Almafuerte-, fue condenada a 6 años de cárcel por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por la participación de tres o más personas en calidad de coautora.

Como se encontraba en libertad condicional al momento de su detención en octubre del 2022 y terminaba de cumplir el 23 de abril del año pasado una sentencia de 5 años y once meses de encierro por una causa previa del 2017 –la conocida Operación Pyme Familiar por venta de drogas y lavado de dinero-, le unificaron la pena en 7 años y nueve meses, fijaron una multa y también declararon la reincidencia, por lo que no podrá acceder a ningún beneficio mientras se permanezca privada de la libertad.

La mujer del barrio La Estanzuela no fue la única que reconoció los hechos en un juicio abreviado y pactó la pena con la auxiliar fiscal María Marta Poggio. Otros cuatro integrantes de la organización también lo hicieron y fueron condenados.

Se trata de Facundo Michael Pina Figueroa (27), su pareja Micaela Ayelén Lucero (33), su hermano Abel Fernando Pina Figueroa (31) y Ángel Feliz Díaz Poblete (47).

El primero acordó 6 años de cárcel como coautor de los citados delitos y el resto tres años de encierro efectivo por participación secundaria, además de multas económicas de entre 438.000 y 877.000 pesos, dependiendo el caso. De acuerdo con fuentes judiciales, es posible que el Moncho Pizarro continúe por ese camino del “proceso abreviado” con el paso de los meses.

La instrucción, detallaron, está prácticamente “clausurada” y las pruebas en su contra son las mismas que las de su madre. Es más, se practicaron escuchas telefónicas que permitieron inferir que el hijo de Doña Hilda era el proveedor de las drogas y quien matenía contacto con los hermanos Pina.

La investigación por este caso comenzó el 28 abril del 2022 cuando la División Unidad Operativa Federal desarrolló tareas de campo e inteligencia con intervenciones telefónicas luego de una denuncia que apuntaba directamente contra Hilda Pizarro como organizadora y financista de una banda dedicada a la venta de drogas. La mujer contaba con la ayuda de su hijo Jonathan para las transacciones y también quedaron en la mira los hermanos Facundo y Abel Pina, Micaela Lucero y Ángel Díaz.

Las labores policiales permitieron conocer que Hilda era quien proveía la droga con el Moncho y que el punto de venta era un local comercial llamado El Cumplidor, ubicado en calles Curuzú Cuatiá y Arturo Íllia del barrio La Estanzuela de Godoy Cruz. Todos los trabajos quedaron plasmados en una serie de preventivos que se sumaron al expediente.

Luego de seis meses de pesquisa, el 23 de octubre los policías federales desarrollaron una serie de allanamientos nocturnos en tres domicilios: la casa de Doña Hilda y su hijo; en la casa 17 manzana 23 del barrio La Estanzuela –casa de la pareja Facundo Pina-Micaela Ayelén Lucero- y en el comercio El Cumplidor.

Pasadas las 21, irrumpieron en la casa de la señalada cabecilla y encontraron tres envoltorios de cocaína, ocho de marihuana y diez plantas de cannabis sativa. También casi 340 mil pesos, tres teléfonos celulares y elementos de fraccionamiento.

De la casa de Pina y Lucero secuestraron casi tres kilos de cocaína. La misma se encontraba fraccionada en tres paquetes rectangulares. Durante la medida dieron, además, con una balanza digital y cinco teléfonos.

Por su parte, del local los policías secuestraron 48 dosis de cocaína lista para la comercialización, poco más de 34 mil pesos, dos celulares y elementos de corte o estiramiento, y una balanza.

Además de confirmar presencias de los sospechosos con los Pizarro, para los detectives, las escuchas se transformaron en una pieza fundamental de la instrucción: en varias llamadas entre Facundo, Abel y Micaela hablaban de “alitas”, “papeles” y “bolsas” en clara referencia a la sustancia a comercializar al mejor estilo narcomenudeo.

Además, las parejas de los hermanos hablaban del vínculo que ellos tenían con un tal “Moncho, quien era marcado como proveedor de las sustancias.

Durante los allanamientos de octubre, Castro Pizarro no fue detenido. Logró escapar y le perdieron el rastro por un tiempo. Sin embargo, hace pocas semanas, los efectivos de Inteligencia Federal comenzaron a trabajar información que lo ubicaba en Guaymallén. Este sábado a las 14, mientras se encontraba en la vía pública, lograron detenerlo. Cuando lo requisaron, tenía casi 100 gramos de cocaína entre sus pertenencias.

Quedó a disposición de la Justicia federal para notificarle la causa en su contra e iba a pasar al penal federal de Cacheuta luego de una breve estadía en la U-32.

Además de ser familiares directos de Nelson, Fabián y Diego, Hilda y su hijo fueron protagonistas de una de las causas de drogas más destacada de la última década en Mendoza: en mayo del 2017, fueron allanados en el barrio La Estanzuela y les secuestraron una importante cantidad de cocaína.

La operación fue bautizada Pyme Familiar y permitió saber que el clan manejaba unos 20 quiosquitos de venta de drogas. Generaba ganancias millonarias y adquirieron diversos bienes como casas y autos de alta gama. La pesquisa de los policías federales fue destacada porque escondieron una cámara que permitió registrar los movimientos y transacciones de ese mundo narco que potenciaron durante años.

En el 2019, luego de que Nelson Chirola Pizarro fuera detenido en agosto intentando ingresar a Mendoza por La Paz con casi 50 kilos de cocaína, se conoció que Hilda y el resto de los detenidos de Pyme Familiar reconocieron en un juicio abreviado las acusaciones. La “Doña” recibió 5 años y 11 meses de cárcel, al igual que su hijo.

Otra hija de la mujer, Johana Castro y su cuñada, María Vanesa Videla -pareja del Moncho-, fueron sentenciadas a cuatro años y medio de encierro sólo por el lavado de capitales.