La investigación policial y judicial tenía el objetivo de finalizar con las actividades delictivas vinculadas al narcotráfico del Clan Aguilera en el barrio La Gloria y alrededores, en la llamada triple frontera entre Godoy Cruz, Maipú y Luján.

Tuvo su punto de ebullición la mañana del 5 de junio 2020, mientras la pandemia por el coronavirus pegaba fuerte en la provincia, tal como reveló El Sol: se ordenaron 40 allanamientos en busca de drogas y armas y el resultado fue positivo: secuestraron más de 12 kilos de cocaína, marihuana, armas y miles de municiones de distintos calibres. 

Hubo una veintena de apresados, pero el principal apuntado, Diego el Asesino Aguilera, vinculado con la barra del Tomba y hermano del ex jefe de la hinchada, Daniel el Rengo (purgando 12 años de cárcel como jefe de una banda dedicada al comercio de drogas), logró escapar y nada más se supo de él.

Actualmente, sigue en la clandestinidad y permanece en la orden del día. Sin embargo, su hijo Enzo quedó tras las rejas complicado por las pruebas porque lo ubicaban como segunda línea en la gavilla.

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Walter Aguilera (34), hermano más chico del Rengo y del Asesino, también comenzó ser juzgado en este proceso pero falleció luego de sufrir una sobredosis –así lo sostiene la hipótesis principal sobre las causas del deceso– mientras se encontraba en la cárcel federal de Cacheuta.

Todos los procesados llegaron a juicio y este miércoles el Tribunal Oral Federal Nº2, integrado por los jueces Héctor Cortés, Julio Naciff y Pablo Salinas, dio a conocer la parte resolutiva de la sentencia: hubo 12 condenados y seis absoluciones.

Casi todos fueron hallados culpables, tal como solicitó la fiscal de Cámara María Gloria André, por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización y venta de drogas agravado por la intervención de tres o más personas.

La pena más dura fue para Valentín Andrés Gaete, quien recibió 8 años y medio de cárcel. Por su parte, Jesús Rubén Aguilar y Agustín Alan López fueron condenados a 7 años y medio. Enzo Aguilera (hijo de Diego) y José Alejandro Pascualotto deberían cumplir 7 años en prisión.

Cristian Antonio Zárate recibió 6 años y Nelson Adrián Pepe Arias 5 años (sólo por acopio de armas de fuego, piezas o municiones de éstas sin la debida autorización).

Por su parte, Gino “Chelo” Zalazar, Javier Carlos Tur, María Belén del Río y Gino Federico Bauco recibieron 4 años de cárcel y Alejandro Alberto Giménez, 2 años por tenencia simple de arma.

También hubo absueltos: no hubo pruebas suficientes para condenar a Alejandro Darío Henríquez, Laura Ferreyra, Julieta Tejada, Elda Piantini, Leonardo Videla y Adriana Páez, y quedaron desvinculados de los hechos investigados. 

Para los detectives consultados por este diario, la causa todavía no está del todo cerrada. Resta a atrapar al citado Diego Aguilera y otros personajes como Leandro Abuín, conocido como el Jata y Raúl Eduardo Lucero, quienes se encuentran con pedido de captura desde hace más de dos años.

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En detalle

La investigación contra el Clan Aguilera nació a fines del 2019, cuando efectivos de la desaparecida División Búsqueda de Prófugos de Investigaciones consiguieron números telefónicos y marcaron viviendas de los sospechosos de comercializar drogas en el barrio La Gloria. Apuntaron, principalmente, contra Diego Aguilera, su hijo Enzo y otros hombres vinculados con la barra del Tomba.

Hubo un trabajo en conjunto con el área de Escuchas Telefónicas y comenzaron a “espiar” a los integrantes de la banda porque el dato apuntaba al tráfico de cocaína (en mayor medida), de marihuana y el acopio de armas y municiones.

Una vez que se profundizaron la incorporación de pruebas para sostener a pesquisa, el fiscal federal Fernando Alcaraz dio a las directivas y el juez Marcelo Garnica autorizó los allanamientos (fueron 37 en total), motivando una de las movidas policiales más importante de los últimos años en la provincia: el barrio La Gloria –principalmente– se llenó de policías e iniciaron las incursiones en las viviendas identificadas.

En esa etapa de las medidas, hubo más de 12 kilos de cocaína secuestrados, 5 de marihuana, 23 armas de fuego, mil municiones, cargadores, 50 celulares, más de 2 millones de pesos, 53.000 dólares y una veintena de detenidos.

Diego y Walter lograron no fueron capturados y quedaron en la orden del día. A los pocas semanas, el más chico se entregó. En las escuchas marcaban al Asesino como jefe de la banda y lo mencionaban como el número “uno”, debido a que era quien daba las órdenes.