Germán y Martín Calancha, los hermanos apuntados en la investigación.

Los hermanos Calancha llevaban tiempo bajo la lupa. La que explotó este sábado con el secuestro de más de 4 kilos de cocaína y la captura de cinco sospechosos, no se trataba de una investigación aislada ni reciente: los primeros seguimientos de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) se remontan a un par de años atrás, cuando sus nombres comenzaron a repetirse en distintos expedientes vinculados al comercio de drogas.

Con el correr de los meses, los policías fueron armando una estructura que los ubicaba en el centro de una organización con alcance interprovincial, conexiones en el norte del país y proyección hacia el sur argentino.

El foco de los pesquisas siempre estuvo puesto en ellos. Martín Alberto, nacido el 19 de noviembre de 1981, y Gerardo Damián Calancha, del 13 de octubre de 1985, ambos con base en el barrio Escritores Argentinos de Luján, aparecían como piezas clave.

Pero dentro de esa estructura, el liderazgo más marcado lo ejercía el más chico, Gerardo: era quien impartía órdenes, coordinaba movimientos y definía la logística, tal como revelaron fuentes consultadas por El Sol. Martín, en tanto, cumplía un rol operativo central, especialmente en los traslados de los cargamentos.

La ruta que reconstruyó la PCN tenía un punto fijo: Salta. Allí viajaba Martín una o dos veces por mes. Siempre con el mismo patrón. Llegaba en colectivo, con una sola mochila, y era recogido en la terminal por contactos locales que lo trasladaban hasta un barrio periférico. Estos personajes tenían contacto con el polvo blanco.

Según la información reunida, que se fue acumulando en una causa liderada por la fiscal federal María Eugenia Abihaggle, llevaba el dinero para la compra de los ladrillos. Tras concretar la operación, regresaba de la misma manera hacia Mendoza. Ese circuito, repetido con precisión, fue seguido durante meses con apoyo de la policía salteña.

Pero la operatoria no terminaba en nuestra provincia. Una vez en Mendoza, la organización desplegaba dos líneas de acción: la distribución local y el envío de cargamentos hacia el sur del país. La teoría principal sostiene que Bariloche aparecía como uno de los destinos principales, aunque no el único.

Los investigadores detectaron que la banda tenía previsto, en los días previos a su caída, concretar un traslado importante hacia esa región. Por eso decidieron “cortarla”.

Uno de los antecedentes clave que permitió profundizar la pesquisa ocurrió en octubre del año pasado. En el Sur provincial, personal de la PCN secuestró más de medio kilo de cocaína de máxima pureza que llevaba una mujer oculta entre sus prendas de vestir.

Ese procedimiento no solo derivó en una detención, sino que confirmó la existencia de una red mayor detrás. Los Calancha, a esa altura, ya estaban más que comprometidos. La fiscalía estaba esperando un poco más de pruebas. A partir de allí, las tareas de inteligencia se intensificaron hasta desembocar en el operativo final.

Otro elemento que fortaleció la hipótesis investigativa fue el vínculo de Martín Calancha con Rocío Daniela Coca, quien era marcada como su pareja. Esta mujer supo estar alojada en el penal federal de Cacheuta. Hija de Lourdes Raquel Coca, conocida como “Doña Coca“, una histórica referente del narcomenudeo en el barrio Lihué Guaymallén, mantenía comunicación constante con él.

Según los registros, Martín le detallaba sus movimientos: los viajes a Salta, los traslados hacia el Sur y otras maniobras de transporte. Esa relación no era menor: conectaba a la banda con un entorno familiar atravesado por antecedentes y condenas por comercialización de estupefacientes.

Con ese cuadro, la fiscal federal Abbihagle ordenó avanzar. Este sábado, la PCN de Investigaciones ejecutó 10 allanamientos simultáneos en distintos puntos del Gran Mendoza. El objetivo: desarticular la estructura.

En el barrio Escritores Argentinos, base de los Calancha, los efectivos secuestraron dinero en efectivo en pesos, dólares y chilenos, teléfonos celulares y plantas de marihuana. Allí fueron detenidos los dos hermanos, señalados como los líderes de la organización.

El resto de las medidas permitió completar el mapa. En el barrio Las Viñas, en Las Heras, incautaron más de cuatro kilos de cocaína compactada en ladrillos, junto con balanzas y elementos de corte, y detuvieron a Ángel Arnaldo Demilto, presunto responsable del acopio. En Guaymallén, sobre calle Newbery, secuestraron más de 3 millones de pesos, un teléfono de alta gama Iphone y documentación clave, además de detener a Juan Manuel Araya, otro presunto integrante del grupo.

En Godoy Cruz, los procedimientos también arrojaron resultados. En una casa de calle Oceanía, vinculada al entorno familiar de uno de los investigados, hallaron casi 200 gramos de cocaína, una prensa para armar ladrillos, elementos de fraccionamiento, 15 plantas de marihuana y autopartes de un vehículo con pedido de secuestro por hurto agravado. En el barrio Ruiseñor, en tanto, incautaron marihuana, balanzas y teléfonos.

Incluso apareció un detalle que, para los investigadores, refleja el nivel de sofisticación del grupo: en el barrio Las Parras, en Luján, secuestraron una rueda de auxilio que habría sido utilizada como método de ocultamiento para ingresar droga a la provincia.

El operativo cerró con varios detenidos, secuestro de droga en distintas etapas -desde acopio hasta fraccionamiento- y evidencia clave sobre la logística. Pero, sobre todo, con la caída de los hermanos Calancha, quienes para los investigadores no solo participaban, sino que dirigían una organización con un esquema aceitado: compra en el norte, distribución en Mendoza y envío hacia el Sur.