Rosaspina tiene domicilio en Palmares de Godoy Cruz.

El informante Nº59 de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) de Mendoza. Así habían identificado a Diego Aliaga los efectivos que trabajan causas de narcotráfico y contrabando en Mendoza.

El ex despachante de aduanas y llamado nexo o facilitador de la asociación ilícita que presuntamente lideraba al juez federal Walter Bento fue asesinado en julio del año pasado después de encontrarse, de acuerdo con la investigación federal, con su socio y amigo Diego Barrera en una vivienda de Rodeo de la Cruz, en Guaymallén, a fines de julio del año pasado.

Aliaga tenía contacto directo con integrantes de la Dirección de Inteligencia Criminal (DIC) entre el 2008 y el 2009 y también con el comisario y jefe de la delegación de la PCN en el Valle de Uco, Gabriel Moschetti, actualmente preso en la megacausa.

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Antes de que lo mataran, aportó data clasificada que sirvió para encaminar pesquisas y desbaratar –en parte– bandas dedicadas al contrabando. Y entre los nombres que dio, uno fue destacado con un asterisco por los investigadores: Alfredo Raúl Rosaspina (64).

Creen que Aliaga era informante para sacarse a la competencia de encima. Intentaba correr a los personajes que podían meterse en alguno de sus negocios y por eso hablaba con sabuesos policiales.

Rosaspina, un hombre nacido el 12 de octubre de 1956 en Mendoza, está en la mira de la llamada causa Bentogate desde hace meses. Es un contrabandista condenado y señalado como operador con vínculos en Chile y encargado de duplicar documentación de camiones para diversos personajes.

En un momento fue mencionado por tener negocios en común con Aliaga, y aseguran, por fuentes contadas por este diario, que tuvo relación con el cuestionado juez, y también con otro de los sujetos más complicados de la causa, Eugenio el Gordo Nasi.

Fueron varios los testigos que introdujeron a Rosaspina en el expediente que instruye el fiscal general Dante Vega contra la presunta organización que habría cobrado coimas a cambio de morigerar la situación procesal de ciertos detenidos. Entienden que “cumplía un rol fundamental con llegada al titular del Juzgado Federal Nº1”, señalaron fuentes judiciales.

Contaron que cumplía un papel de importancia en el contrabando desde Chile a Mendoza y viceversa, y que tenía enlaces con policías y funcionarios del Poder Judicial federal.

Como ejemplo, citaron que una de las causas iniciadas en su contra en el 2012 tardó nueve años en resolverse: precisamente, Rosaspina reconoció a fines de mayo de este año que intentó transportar ilegalmente hacia Chile 400 cartones de cigarrillos valuados por aquellos días en casi 3 millones de pesos. Recibió 3 años de prisión en suspenso luego de una investigación a cargo del juez Walter Bento y pactar la pena con la fiscalía.

Diego Barrera, imputado por el crimen de Aliaga y considerado el testigo más importante de la investigación del fiscal Vega y el juez Eduardo Puigdéngolas, fue uno de los primeros en introducir a Rosaspina cuando declaró en la megacausa al afirmar que era “importante” en el mundo del tráfico ilegal de mercadería.

Y para los investigadores policiales y judiciales consultados, se trata de un hombre que “siempre se escapó de las causas grandes por sus contactos” y no pudo ser asociado a las mismas por falta pruebas.

Hasta lo mencionaron como “el cerebro” de una de las redes de producción y comercio de elementos prohibidos más grandes de la historia local, que tiene actualmente a 15 hombres sentados en el banquillo por traer mercadería desde Chile por 60 millones de pesos y cuyo hombre más fuerte está prófugo desde el 2018, el ciudadano chino Esteban Zheng Cheng, aunque tampoco fue acusado en esta causa.

Policías y malvivientes observados

Como informante, Aliaga hablaba directamente con un policía (hoy retirado) que integró la DIC entre el 2008 y 2009. Este efectivo, fue citado en el Bentogate para que contara lo que sabía del ex despachante de aduanas y señalado nexo entre el juez y los abogados que reclutaban imputados para pedirles coimas a cambio de beneficios procesales.

Señaló que conoció a Aliaga a través de uno de los miembros más fuertes de Inteligencia (inclusive, hasta el día de hoy), un gendarme retirado y conocido con el alias de Pampa (se reserva su identidad).

El policía retirado detalló a los investigadores federales que Aliaga conocía a diversos malvivientes y los hechos vinculados al contrabando que cometían. “El contrabandista más fuerte que había por esos días era Rosaspina”, declaró el testigo. Y aclaró que, si bien Aliaga le proporcionaba datos acerca de este hombre (creía que para sacarlo del juego o librarse de la competencia), nunca pudo llegar a confirmar las sospechas.

Con el paso de los años, ya con destino en otra unidad, el policía de la DIC perdió contacto con Aliaga.

Pero el ex despachante de aduanas volvió a apuntar contra Rosaspina cuando comenzó a ser informante de la PCN a través del comisario Moschetti.

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Este miembro de la fuerza, quien fue detenido hace poco más de un mes en el Bentogate como miembro fundamental de la asociación ilícita, detalló que el informante Nº59 aportó detalles sobre sus problemas específicos con Rosaspina. “Esta persona Rosaspina se dedica a ingresar mercadería de origen extranjero”, informó Moschetti a sus superiores.

Y agregó, en informes de setiembre y octubre del 2019, que Aliaga habló de las personas que lo secundaban, Osvaldo Fabián el Gordo Ballester y Diego Matías Juárez Ferro.

Justamente, la PCN realizó 25 allanamientos a fines de diciembre de ese año por esa causa pero muchos resultaron negativos. Allí entró en escena otra de los hombres más complicados del Bentogate, Walter Bardinella Donoso.

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Tanto Aliaga como Donoso, quienes mantenían diálogo y están sospechados de integrar la asociación ilícita, habrían filtrado información para ayudar a alguno de los contrabandistas sospechados, revelaron fuentes policiales.

Bardinella Donoso, el narco detenido el año pasado y cuyo peritaje a su teléfono celular permitió conocer que existía un complejo entramado entre abogados, imputados y al parecer el juez Walter Bento, tenía agendado el teléfono de Rosaspina como “Rosa Espina”.

De esta forma, y gracias al aporte de testigos, el Ministerio Público que conduce Vega puso en carpeta -y bajo análisis- el nombre de contrabandista condenado y las causas que le iniciaron en el juzgado de Bento desde hace más de diez años, con el objetivo de conocer quiénes fueron sus abogados y con quiénes se relacionaba.