Rodrigo Jonatan Ortiz tenía 40 años. En diversas barriadas de Las Heras lo conocían como el Chuli.

El sábado después de las 4, mientras se encontraba en un cumpleaños en el barrio Sargento Cabral, lo acribillaron a balazos. Trece plomos calibre 9 milímetros terminaron con su vida antes de ser llevado por familiares al Hospital Lagomaggiore, de Ciudad.

La investigación por el asesinato quedó en manos el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello. Hasta el domingo por la noche no había detenidos pero sí un sospechoso fue identificado.

Detectives contaron que es menor de edad –tiene 16 años– y que es hijo de una conocida mujer que declaró un par de veces en una conmocionante causa, la desaparición de Abigaíl Carniel.

Se trata de la popular Nené, la mujer que vivía con la joven de 18 y fue una de las últimas personas en verla con vida. Justamente, la sombra del caso Abigaíl se introdujo en el asesinato de Ortiz.

El segundo apellido de la víctima fatal era Verón: se trata del primo hermano de Matías Fido Díaz, el presunto jefe narco imputado como instigador de un supuesto femicidio que sufrió la joven y quedó en libertad en esa causa –permanece tras las rejas por lavado de dinero y falsificación de un documento– hace pocos días.

Si bien podría quedar sobreseído en la instrucción por la desaparición de Carniel, esto todavía está lejos de suceder y se encuentra en la lista de acusados.

El crimen del Chuli Ortiz tiene una hipótesis vinculada al tráfico o la comercialización de drogas en pequeñas y grandes cantidades, además de algunas broncas por otros hechos. Y, debido a esto, durante el fin de semana hubo reuniones entre los jefes de Investigaciones y los fiscales de Homicidios Pirrello y Carlos Torres.

Cruzamiento de datos, análisis de versiones y de causas relacionadas que se iniciaron en esa Unidad Fiscal este año fueron el común denominador de la charla.

Para los pesquisas judiciales y policiales, a pesar de que pidieron reserva para no ventilar toda la información, están en análisis personajes con apellidos relacionados a diversas organizaciones criminales, como “los Farías y los Corzo”, con base en el oeste de Capital, que estuvieron en la escena cuando se produjo el ataque a tiros.

Hasta se estudia si tiene relación con el homicidio de Nahuel Sánchez, cometido la noche del domingo 8 de agosto en el mismo barrio, el Sargento Cabral.

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La hipótesis principal de este crimen apunta, igualmente, a la venta de estupefacientes, y el caso también está en manos de Pirrello. Por ese expediente tampoco hay detenidos, pero sí sospechosos que “podrían tener vínculos con el Fido Díaz”.

Sin parar

La reconstrucción del hecho que terminó con la vida del Chuli Ortiz tiene su inicio en una fiesta de cumpleaños que se desarrollaba en una casa de calle Padre Llorens, ubicada frente a la manzana 3 del barrio Sargento Cabral.

Entre los presentes en el encuentro estaba el menor de edad sospechado de disparar contra la víctima. Hubo algunos cruces entre un par de sujetos y el Chuli intentó interceder.

Una versión sostiene que la víctima fue llevada hasta la puerta de la propiedad a propósito para ser atacada a balazos, es decir, que la engañaron con el claro objetivo de acribillarla y buscar venganza por otro hecho.

Uno de los agresores se habría comunicado telefónicamente con conocidos que se encontraban cerca de la escena y estos llegaron en un vehículo oscuro.

Al menos dos personas dispararon “quince veces” contra el Chuli. Trece plomos lo alcanzaron en diversas partes del cuerpo, principalmente en piernas y abdomen y tórax.

Hubo otros heridos, como un hombre que recibió un balazo en el pie izquierdo y también fue trasladado en auto particular hasta el mismo hospital, y otro que sufrió un cachazo en hechos posteriores al ataque al Chuli.

Todo está siendo instruido para llegar al mismo objetivo, detener a los autores del asesinato.