El centro de poder ha rotado en el peronismo mendocino. Ante la alicaída figura de Alberto Fernández, aún sin pronunciar discurso, Sergio Massa fue el centro de la órbita de intendentes y funcionarios locales, que dejó el regreso del tren a la provincia como un telón de fondo lejano.
Palmira prestó el escenario para que el peronismo mendocino reflejara sus distanciamientos, aunque todos los sectores dijeron presente. Encabezó el cristinismo, pero Anabel Fernández Sagasti aseguró que no se iba a reunir con el mandatario nacional. Todo un gesto, si se lo contrasta con otras ocasiones, como el salvataje de Impsa cuando era prácticamente su custodia en la provincia.
Con todo, el presidente pareció más decidido a darle atención a la senadora kirchnerista más que al resto de la platea política.
También los intendentes peronistas que van a las PASO el 30 de abril se mostraron en la primera fila y hasta se les unió José Luis Ramón. Llamó la atención que Sagasti se ubicara a distancia de los cinco intendentes -desde su entorno aseguraron que cada lugar estaba asignado por protocolo de Presidencia-, pero de igual manera también Matías Stevanato procuró mantenerse a resguardo y sólo se acercó cuando llegaron Alberto Fernández y Sergio Massa.
Hubo un momento en el que Sagasti se apartó junto a otros dos intendentes: Roberto Righi y Emir Félix. Dos potenciales candidatos que no terminan de confirmar si irán por la gobernación y uno de ellos que va a internas junto a su hermano Omar contra La Cámpora.

La diferencia en el trato y, por ende, en esta rotación del centro de poder se notó en dos oportunidades. Al principio, cuando el locutor nombró a las figuras nacionales. Mientras el aplausómetro fue tibio para Alberto, estalló para Massa.
Terminado el acto, donde el presidente fue el orador de cierre, la primera fila de intendentes y legisladores nacionales acudió directamente a saludar al ministro de Economía, sin distinción de camisetas. Lo hizo Anabel, también Martín Aveiro e igual Guillermo Carmona, por citar algunos. Alberto prácticamente fue dejado de lado, aunque Félix se acercó -“tímidamente”, graficaron- a saludarlo.
“Le picaron el boleto“, expresó un testigo de esos movimientos, refiriéndose a la pérdida de atención que padeció Alberto.
En una ceremonia ferroviaria colmada de peronistas, sobresalieron los únicos radicales. El intendente anfitrión, Raúl Rufeil, y el gobernador Rodolfo Suarez. A Mariana Juri, en tanto, la ubicaron junto a Sagasti.
El mandatario mendocino también se anotó un poroto, que no puede pasar desapercibido en la relación tirante entre Provincia y Nación, pero aún más en materia de logística y en la infraestructura de transporte que requiere una provincia como Mendoza.
En la mañana del miércoles, mientras todavía Fernández y la comitiva estaba en viaje, Suarez anunció más vuelos con destino a Mendoza, no sólo de Aerolíneas Argentinas, sino también de las low cost.
Esto, como una contraparte del tren que Fernández y Massa venían a recibir a Palmira, pero que salió el lunes de la estación de Retiro y cuyo itinerario tendrá más de 50 paradas y 27 horas de trayecto.
En otras palabras, Suarez se anotó un win win, puesto que no destina recursos ni al regreso del tren ni a los vuelos que recupera la provincia, pero gana con el simple anuncio y el evidente contraste entre la modernidad y la romantización de un servicio que debería haber llegado con mejoras.
