En la semana en la que todo el movimiento político tiene que presentar los frentes, las alianzas y las sociedades electorales para cumplir con un plazo obligatorio que vence el miércoles en la medianoche, la atención y la tensión se están centrando en los nombres de los candidatos puestos o que son una fija como postulantes; también en los posibles nombres de aspirantes y todos a la vez –los que son una fija y los que aspiran– en los lugares que ambicionan individualmente, más que precisamente en el envase (los frentes y las alianzas) que los contendrá.

Para conocer quiénes serán los aspirantes para los cargos legislativos nacionales y provinciales hay que aguardar al sábado 24. Pero, los intereses de algunos, especialmente de aquellos que pujan por mejores ubicaciones y más posibilidades para los partidos que son parte de los frentes –un escarceo que particularmente se está dando en el oficialista Cambia Mendoza más que en el opositor Frente de Todos, opositor– han forzado que hoy se esté hablando más de los nombres que de cómo se conformarán las fuerzas que defenderán el Gobierno o lo representarán; y los que hoy cumplen el rol opositor, con el sueño de dejar de serlo para el 2023, y que para alcanzarlo se ven casi obligados a jugar el partido perfecto en setiembre y en noviembre que los impulse con fuerza para aquello otro, el premio mayor.

Las negociaciones que se están llevando adelante en los encuentros que ya tienen los radicales con el Pro y el resto de las fuerzas menores que le dan vida a Cambia Mendoza y las que protagoniza el kirchnerismo con el resto del peronismo, como Anabel Fernández Sagasti con los intendentes o bien entre la senadora K y el peronismo con el diputado nacional neokirchnerista José Luis Ramón, todas tienen un marco que las contiene: con encuestas en mano se tomarán las decisiones finales.

El modelo es el mismo que se termina imponiendo, pero no siempre: la suerte del aspirante tal o cual estará sujeta a lo que mide en las encuestas. No es un método infalible ni mucho menos da garantías de triunfo, aunque se suele utilizar para zanjar diferencias entre adversarios internos sin que eso signifique romper. En eso andan por ahora todos. Por caso, Ramón –a quien en el kirchnerismo nacional y gobernante lo quiere en la lista de diputados nacionales para pagarle tanto servicio prestado– blande en mano sondeos que le darían entre 4 y 5 puntos propios que para el perokirchnerismo mendocino resultan nada más y nada menos que casi oro en polvo. El obstáculo al que se enfrentaría Ramón sería el de siempre: el hecho de que lo quieren más en los pasillos de la Rosada que por donde discurre el poder peronista en la provincia.

El contexto general de las discusiones se está dando, más o menos, dentro del mismo humor político que podría mantenerse hacia las elecciones. Tanto oficialismo como oposición tiene en sus manos la misma información que se difundió luego del sondeo que Elbio Rodríguez realizara algunas semanas atrás en siete departamentos mendocinos con el ojo puesto en el Gran Mendoza.

Alfredo Cornejo, la fija para encabezar la lista de senadores nacionales por el oficialismo, cuenta hoy, de acuerdo con esa encuesta, con 44,5 por ciento de adhesiones positivas. Ese porcentaje surge de la combinación de dos preguntas vinculadas con el apoyo que recibe y la confianza que ofrece. Un 36 por ciento de los encuestados confiesa que el actual diputado y ex gobernador “nunca le gustó”; 7 por ciento, que “lo decepcionó”, y 11,2 por ciento prefiere no contestar la consulta.

¿Qué pasa, siempre según este trabajo, con la líder del peronismo provincial, la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti? El 27,2 por ciento dice que la apoya y que está conforme con su desempeño; 46,7 por ciento respondió que nunca le gustó Anabel, 4,9 por ciento dice sentirse decepcionado y 21 por ciento prefiere no contestar.

El otro referente político medido tiene impacto directo en la interna de Cambia Mendoza. Se trata de Omar De Marchi, actual diputado nacional y líder del Pro en la provincia y que está librando una lucha contra Cornejo, el propio Rodolfo Suarez y el resto del radicalismo, que preside Tadeo García Zalazar, para conseguir mejores lugares para el macrismo en las listas que se deben presentar el sábado 24. De Marchi cuenta con 34,9 por ciento de voluntades que dicen apoyarlo y confiar en él; 28,8 por ciento dice que no le gusta; 2,5 por ciento confiesa sentirse decepcionado mientras que 33,8 por ciento no contesta la consulta.

Está claro que los sondeos determinan posibles escenarios, una descripción de momentos, quizás, pero siempre relativos. Les permite a quienes lideran, y en los que se centra toda la atención, definir los lugares en las listas. Se trata, como está dicho, de métodos y modelos.

Como siempre, el recuerdo para la política –una exigencia que tienen que tener presente por mandato de los representados– es no perder de vista el contexto en el que son elegidos y para qué, por sobre todo: una Mendoza en recesión por la falta de inversiones y consumo, por la ausencia de certidumbres en todas las direcciones; una provincia en la que los precios, en el último año, en general, se vieron incrementados en 47 por ciento; con un nivel de pobreza de 45 por ciento, el peor de los flagelos sociales de los últimos tiempos; en donde el promedio de su población ha visto caer sus ingresos más que el promedio nacional; donde el apoyo financiero para la producción es casi nulo; donde se tiene un salario promedio más bajo que en el 2019; en la que su agro cae frente al de la producción de la región pampeana y en la que uno de sus más preciados tesoros, Vaca Muerta, no repunta por la tremenda influencia de Neuquén y demás.

Mendoza es una provincia en la que hay que pensar y mucho para recuperarla a niveles que satisfagan, mínimamente, a los casi 2 millones de personas que la habitan.