Las intrigas palaciegas y la tenebrosidad han marcado, en alguna medida, el cierre de listas de candidatos para un cronograma de elecciones generales que van a cambiar la configuración política de la provincia.

El pase del radical Daniel Orozco a La Unión Mendocina de Omar de Marchi rompió cualquier esquema de sobrecargada imaginación que se hubiese tenido en cuenta. Las sorpresas, en todo caso, se esperaban por el lado de ciertos dirigentes peronistas a los que se los imaginaba abandonando el Frente Elegí, dominado por un kirchnerismo en descomposición, corriendo a sumarse a la nueva entente creada por el lujanino para buscar, con ella, la gobernación con la que ha soñado siempre. De Marchi les hubiese dado abrigo de buen grado, sin imaginar siquiera que a dos días de que venciera el plazo para inscribir los precandidatos en la Junta Electoral le caería del cielo el intendente de Las Heras para llenar el casillero de la precandidatura a la vicegobernación.

Se desconoce si en verdad la suma de Orozco a De Marchi le signifique el encuentro de los votos que potencialmente han acompañado al intendente en sus dos gestiones al frente de un departamento complejo; y si la buena imagen que las encuestas aseguran que tiene, se convertirá efectivamente en votos. Es más, tan audaz dosis de saltimbanquismo podría tener como resultado el efecto no deseado por la nueva sociedad si se tiene en cuenta que hasta horas antes del abandono de las filas de Cambia Mendoza, Orozco estaba pretendiendo acompañar a Alfredo Cornejo en la fórmula por el oficialismo. La duda se instala, desde el vamos nomás, en la interpretación que le dará el electorado a la decisión del médico. Son incógnitas que nadie puede descifrar de antemano hasta el día de la elección. Pero de cualquier manera y hasta que llegue ese día, al contarlo de su lado, De Marchi sorprendió a todo Cambia Mendoza, a Cornejo y al gobernador Rodolfo Suarez y se ganó el premio a la jugada más extraordinaria e inesperada del cierre de listas.

Las fuertes presiones que la cúpula de Cambia Mendoza ejerció sobre Orozco para que abandonara su intención de imponer en Las Heras él o los candidatos a sucederlo en la intendencia, apuraron su salida; hasta se le habría llegado a insinuar, cuentan, la agitación de una supuesta investigación penal que pesaría sobre un familiar directo, situación que lo ha mantenido más que preocupado y atribulado en los últimos meses.

Hubo otro caso que se unió a la situación de Orozco. El del empresario Fabián Manzur que está buscando por tercera vez llegar a la intendencia de Guaymallén. En el 2015, Manzur enfrentó a Marcelino Iglesias, y en el 2019 fue el candidato de De Marchi en la PASO en la que se impusieron Suarez y el propio Iglesias. De aquellos enfrentamientos quedó un residuo difícil de remover entre Manzur y un Iglesias que ayer alcanzó la postulación a senador provincial por el frente oficialista. Un encono particular, sumado a un resentimiento y rechazo nunca explicado públicamente, condujeron a Iglesias, según ha denunciado Manzur, a una persecución legal sobre sus empresas en Guaymallén. A tal punto que horas antes del cierre, Manzur develó que sufrió el acoso constante, sostenido y permanente sobre sus unidades económicas: “Desde que se difundieran encuestas sobre los índices de imagen positiva de los postulantes (en Guaymallén) empezó una persecución y hostilidad desde la comuna contra mí, en perjuicio de mis empresas; un método que creíamos desterrado en Democracia”, denunció Manzur en las últimas horas. Y agregó, por medio de un escrito que hiciera circular: “Una vez que di a conocer mi intención de ser intendente, inspectores y amenazas de clausura llegaron a mis empresas. Iglesias, con nosotros, no. Tenemos todo en regla, damos empleo formal, pagamos impuestos, servicios y tasas. Con Nosotros, no”.

Manzur y Orozco se conocen desde mucho tiempo atrás. Tanto que Manzur fue su jefe de campaña en aquella aventura a la que se lanzara el lasherino por la gobernación, hasta que Cornejo oficializó su deseo de volver a postularse. Manzur, a lo que también se sumó el sancarlino Jorge Difonso, habrían sido clave en la decisión de Orozco de pasarse a La Unión. “Vamos a resistir las presiones y lo mejor es que lo hagamos desde acá”, coincidieron Orozco y el empresario, justo antes de ingresar al nuevo frente. Anoche, Manzur era registrado como uno de los dos aspirantes a la intendencia de Guaymallén que tendrá La Unión para competir entre sí: el otro es Gabriel Pradines.

En el peronismo, sobre el final del proceso, los intendentes se decidieron a no dejar un espacio vacío en la interna contra la Cámpora. Animados por Emir Félix, desde el Sur, y con un guiño de parte de la Casa Rosada y de Agustín Rossi, quien alimenta a su vez y para sí alguna chance para jugarse una carta por la presidencia, construyeron la lista que liderarán Guillermo Carmona y Liliana Paponet, con representantes en los cuatro distritos electorales. El binomio enfrentará a la fórmula del oficialismo en el movimiento, la que ideó La Cámpora y el kirchnerismo, con Omar Parisi y Lucas Ilardo. Será una interna, por sobre todo, en la que no sólo medirán fuerzas los dos sectores, sino que por medio de lo que viene y la suerte que el electorado les tiene preparada, comenzar a vislumbrar por dónde podría aparecer el camino posible de la recuperación, sobre la base de lo que quede en pie. Al fin de todo, el peronismo no K, el de los históricos y tradicionales venidos a menos, es cierto, no podían no estar presentes en una contienda electoral general como la que tenemos por delante, aún sin haber podido llegar con algo mínimamente competitivo.

Al final del proceso electoral y por la irrupción de la tercera opción que logró construir De Marchi, finalmente, aunque con una pérdida de tiempo inestimable, tendría que emerger una nueva configuración, un nuevo mapa. Quizás hablar de un nuevo orden podría parecer algo exagerado. Pero no hay que descartar que la provincia vuelva en cierta medida a un escenario parecido al de los 90. No precisamente al de los tres tercios en los que se repartía el poder con los radicales, el peronismo y los demócratas. Sino una posible vuelta sobre aquel cierto camino que se transitaba, no sin dificultad hay que decirlo, sobre una base de una democracia más institucional y republicana, más respetuosa y más celosa de las conductas. En aquellos años, las más grandes polémicas y discusiones giraron en torno al endeudamiento provincial, a la administración de un Estado que se pretendía más ágil y menos elefantiásico, años en los que se desnudó públicamente las distintas visiones políticas sobre el perfil y el futuro que debían cumplir las empresas en manos del Estado y la venta de los bancos públicos que por años habían servido para alimentar esquemas prebendarios; fueron años en los que la política redefinió, además, un inédito proceso de diversificación de la industria vitivinícola persiguiendo un nuevo orden en el desarrollo provincial.

El tiempo de este tiempo merece una especial atención sobre la calidad institucional de la provincia y un esquema de discusión que garantice el equilibrio y evite el monocolor en la visión de todas las cosas que les dan vida, buena vida, a los tres poderes republicanos.