Todo el mundo tiene sus esperanzas depositadas en el presidente estadounidense Barack Obama en la cumbre sobre el clima. Pero en su propio país, el debate sobre el clima tiene para el presidente un papel peligrosamente menor.

Varias encuestas demuestran que la población estadounidense, afectada por la recesión, actualmente está centrada en sus preocupaciones económicas. Por lo tanto, no es pensable políticamente que el presidente haga en la cumbre un avance demasiado grande.

Según un estudio publicado recientemente por el Harris Institute de Nueva York, apenas la mitad de los ciudadanos estadounidenses (49 por ciento) cree en el cambio climático y en el hecho de que este es causado por la acción del hombre.

Según datos del mismo instituto, hace dos años, 71 por ciento de los encuestados relacionaba el calentamiento global con la emisión de gases de efecto invernadero.

En un sondeo similar del prestigioso Pew Institute de Washington, la preocupación por el clima ocupó el último lugar entre veinte puntos.

“La crisis económica ocupa el primer lugar para la mayoría de los estadounidenses y desplaza otros problemas”, comentó al respecto el experto en medio ambiente de la Universidad de Yale, Anthony Leiserowitz, a la radio NPR.

A los ecologistas les preocupan sobre todo las consecuencias que esa postura de la población pueda tener en la posición negociadora de Obama en Copenhague.

Tienen claro que Obama sólo puede prometer tanto como luego pueda conseguir que se apruebe en el Congreso. Y allí ya quedó colgada una ley que limita la emisión de gases de efecto invernadero en Estados Unidos.

“Todo esto tiene sus peligros a nivel político interno para Obama: mientras la ley sobre el clima quede retenida en el Senado, él debatirá en Copenhague un nuevo tratado climático”, comentó Arne Jungjohann, de la Fundación Heinrich Böll en Washington.

A eso se le suma que en ambas cámaras del Congreso habrá importantes elecciones en el otoño (boreal). Un tercio de los senadores y todos los diputados serán renovados en noviembre del año próximo.

Con sus anuncios hasta ahora para la cumbre climática, Obama se abstuvo por lo tanto al proyecto de ley ya aprobado en la Cámara de Representantes. De acuerdo al texto, hasta el 2020 deberán reducirse en Estados Unidos los gases de efecto invernadero 17 por ciento en comparación con el 2005.

La Cámara de Representantes dio luz verde al proyecto en junio. Pero la ley aún sigue retenida en el Senado.

Allí hay senadores que, incluso, quieren reducir las emisiones de dióxido de carbono en Estados Unidos, hasta el 2020, 20 por ciento. Pero es incierto que puedan conseguir una mayoría para eso.

Demasiados de los llamados blue dogs, es decir, demócratas conservadores de los estados con carbón, ex bastiones republicanos, temen su reelección. Por eso, con vistas a su popularidad, se cuidarán de avanzar demasiado en materia de política medioambiental.