Omar Poblete rompió el silencio.

Omar Facundo Poblete (36) esperó hasta la cuarta jornada del juicio por jurado para hablar, contar su versión. Durante media hora tuvo frente a él a los 12 ciudadanos que deberán decidir si el crimen de Abril Morena Bissotto fue un homicidio simple o un femicidio. También tuvo enfrente a la familia de la joven de 20 años, asesinada de 50 puñaladas el 12 de septiembre del 2024 en una casa de calle Padre Vera, en Maipú.

Habló tranquilo, pidió perdón más de diez veces y reconoció ser el autor del ataque, tal como lo había dicho su defensa. Pero lo que el jurado esperaba escuchar era otra cosa: qué había pasado aquella mañana, qué ocurrió en el momento en que se encontró con Morena y por qué terminó atacándola con un arma blanca hasta provocarle la muerte. Y finalmente encontró su versión del hecho.

Su explicación -o justificación- estuvo atravesada por el consumo de cocaína. Dijo que aquella noche no había dormido y que permaneció durante horas consumiendo en el baño. “El día del hecho tenía una adicción, estaba consumiendo. No sé cómo tuve una reacción así. No sé cómo salió el arma blanca. Estuve en el baño, consumiendo. No dormí en toda la noche”, declaró ante las partes.

Después reconstruyó el encuentro con Morena. Según su relato, salió de su casa -vivía a pocos metros con su mujer y sus tres hijos- y se encontró con la joven, que solía pasar los fines de semana en la casa de su pareja con su pequeña hija.

Morena estaba con una escoba, o algo similar, y le reprochó el estado en el que se encontraba. “Me dijo si no me daba vergüenza o no pensaba en lo que estaba haciendo”, dijo Poblete sentado al lado de la jueza Belén Salido, en referencia al estado en el que se encontraba por el consumo de cocaína.

La respuesta, fue seca: “Le contesté que no era su problema”. Pero el intercambio continuó. Poblete aseguró que Morena le pidió que pensara en su familia. “Me dijo que pensara en mis hijos”, recordó ante el jurado, que no paró de mirarlo.

Fue después de ese encuentro que, de acuerdo con su propia versión, se produjo la reacción violenta. Poblete no pudo explicar con precisión cómo apareció el arma blanca ni qué ocurrió exactamente en los instantes posteriores. Sí reconoció que atacó a Morena y que fue él quien provocó las heridas que terminaron con la vida de la joven madre, quien intentó defenderse con sus manos y a los gritos.

La víctima recibió poco más de 50 puntazos en diferentes partes del cuerpo, la mayoría en el cuello y la cabeza. Pero el ataque no terminó con ella.

En la misma habitación estaba su pequeña hija, de apenas un año y nueve meses. La niña también sufrió un corte en el cuello y sobrevivió de milagro. Poblete dijo durante su declaración que en ese momento no había visto a la hija de Morena.

Su versión se cruzó allí con uno de los momentos más desgarradores que ya había escuchado el jurado.

Lucía Castellano, pareja de Poblete y cuñada de Morena, fue una de las primeras personas en ingresar a la habitación. Había regresado a la casa después de llevar a su hija al jardín cuando un vecino le advirtió que había escuchado gritos. Al llegar al terreno familiar, encontró la puerta de la habitación cerrada y cubierta de sangre.

Intentó abrirla. No pudo. La pateó mientras gritaba “abrí, abrí”, hasta que finalmente consiguió ingresar.

Morena estaba sobre la cama, cubierta de sangre. Seguía viva. Tenía los ojos abiertos, pero no podía hablar normalmente porque la sangre le salía por la boca. Lucía la miró y la joven le señaló a su hija. “Morena estaba viva, me señalaba a la bebé y no podía hablar por la sangre que le salía por la boca”, había contado durante el juicio.

Poblete estaba allí. Lucía le preguntó qué había hecho. La respuesta que quedó registrada en aquel momento fue apenas de dos palabras: “Perdón, Lu”. Después salió de la casa.

La niña estaba despierta. Lucía la tomó en brazos y descubrió que también tenía una herida en el cuello. “Cuando le toqué el cuello tenía como carne o un corte, lo tenía abierto”, relató. La llevó hasta el baño, le lavó la cara y las manos y esperó la llegada de los policías y de la ambulancia.

Mientras tanto, la pequeña repetía una sola palabra. “Mamá, mamá”.

Morena ya no respondía cuando los policías le indicaron a Lucía que intentara realizar maniobras de reanimación hasta que llegara la ambulancia. La joven murió como consecuencia de las heridas.

“Qué me vas a pedir perdón si me la mataste”

Ese fue el contexto en el que Poblete volvió a encontrarse con la familia de Morena durante la cuarta jornada del juicio. Antes de comenzar con su relato, el acusado había pedido perdón. “Perdón a la familia, a la madre, al padre. Pedirle perdón a su hija, perdón por lo que cometí”, dijo.

También lanzó varias frases que rebotaron en la sala: “No fue un hecho planeado”, “No salí a matar” y “No tengo nada en contra de las mujeres, tengo una hija”. Repitió la palabra perdón más de diez veces, en una clara estrategia para intentar convencer al jurado de que no se trató de un femicidio.

Pero cuando dirigió el mensaje hacia Marcela, la madre de Morena, la mujer no pudo contenerse. “Necesitaba pedirle perdón a usted”, le dijo Poblete.

La respuesta atravesó la sala. “Qué me vas a pedir perdón si me la mataste”, gritó Marcela. La mujer tuvo que ser contenida por profesionales que trabajan con víctimas de delitos. En la sala había otros familiares. El silencio volvió a ocupar el lugar después del grito.

Poblete continuó. “Sé que no se justifica lo que hice”, afirmó. Y agregó: “Estoy arrepentido, nada más”.

La explicación de Poblete

La declaración no solo estuvo centrada en el momento del ataque. El acusado intentó reconstruir también el contexto personal en el que, según su versión, llegó a aquella mañana.

Contó que atravesaba una separación con Castellano, con quien llevaba doce años de relación y tenía tres hijos. Dijo que el vínculo estaba deteriorado por su consumo problemático de drogas y que también mantenía problemas con su suegro.

Recordó además un accidente que había sufrido durante los primeros tiempos de la pandemia de coronavirus, cuando trabajaba como camionero y volcó en alta montaña. Según contó, se había golpeado la cabeza y fue después de aquella época cuando comenzó a consumir. Más tarde empezó a trabajar como conductor de Uber y, de acuerdo con su propio relato, la ingesta se volvió permanente.

La noche anterior al crimen había regresado después de trabajar en la app de viajes. Lucía ya había declarado que lo había visto mal y que le había pedido que no regresara en esas condiciones. Poblete permaneció buena parte de la madrugada en el baño consumiendo.

Él mismo lo resumió ante el jurado: “No sé cómo tuve una reacción así”.

La explicación que ofreció para el ataque contra Morena fue, entonces, que la joven lo había encontrado en ese estado, le había recriminado su comportamiento y le había pedido que pensara en sus hijos. Poblete sostuvo que no había salido de su casa con la intención de matar.

“No fue un hecho planeado”, insistió. Y volvió a remarcar: “No salí a matar”.

Lo que deberá definir el jurado

La declaración de Poblete incorporó por primera vez un posible motivo del hehco de sangre desde la propia voz del acusado. Nunca había hablado en más de dos años. Hasta ese momento, una de las preguntas centrales del caso era qué había ocurrido entre él y Morena antes de que comenzara la agresión.

Lucía había declarado que la noche anterior había visto a su cuñada y que no había observado ningún conflicto entre ella y Poblete. “No hubo ningún problema entre ellos”, había respondido cuando le preguntaron específicamente por esa cuestión.

La defensa, encabezada por Mariana Silvestri, buscará que el jurado considere que se trató de un homicidio simple, con una pena prevista de 8 a 25 años de prisión.

La Fiscalía, representada por Oscar Malla y Fernando Guzzo, sostiene la acusación por femicidio, cuya única pena posible es la prisión perpetua. La querella está a cargo de Susana Soleti.

Este viernes llegarán los alegatos de clausura y después será el turno del jurado de dar su veredicto.