El destituido juez Walter Bento.

– ¿Conoció a Diego Aliaga?

– “Sí, por supuesto”.

Esa fue la primera pregunta de la fiscal María Gloria André y la respuesta inicial del suspendido juez federal Walter Bento este miércoles, durante su esperada indagatoria en el juicio oral que se desarrolla en Tribunales federales.

La estrategia de la fiscalía a cargo de André y Dante Vega fue justamente la de intentar demostrar el presunto vínculo entre Bento y el ex despachante de aduanas asesinado en julio del 2020, quien está señalado en la megacausa que mantiene al magistrado en el banquillo como nexo o facilitador de una organización que otorgaba beneficios a presos a cambio del pago de coimas.

En medio de reiterados cruces entre la defensa y el Ministerio Público, Bento confirmó que conoció a Aliaga por algunas causas judiciales y porque luego fueron vecinos en el barrio Palmares. “No era una persona que pasara desapercibida”, indicó el magistrado procesado.

Una de las pruebas más importantes que tiene la fiscalía son más de 260 presuntas comunicaciones telefónicas a través de la plataforma Telegram entre el juez y el también llamado informante policial, que se habrían registrado entre septiembre del 2019 y antes del crimen ocurrido en un supuesto secuestro extorsivo. Forman parte del expediente, pero los representantes legales del magistrado aseguran que no tuvieron acceso a la causa para poder peritarlas.

“Las 265 llamadas no existen. Son capturas de pantalla. Son absolutamente falsas. Desde ya las niego”, le respondió el juez a André cuando le preguntó sobre este tema particular, que es una de los puntos centrales que tiene el proceso oral que comenzó fines de julio. Para los acusadores, Aliaga tenía un rol directo con el juez para llegar a los acusados de cometer delitos o detenidos para que paguen coimas y reciban beneficios procesales como excarcelaciones.

Bento comenzó a responder preguntas sobre la relación con Aliaga, la mayoría de las veces con intervención de la jueza Gretel Diamante, presidenta del Tribunal Federal Nº2, debido a la confrontación constante entre el Ministerio Público y los abogados defensores, que calificaron como “sugestivas y capciosas” las preguntas de André.

“A Diego Aliaga lo conozco porque ha intervenido en muchas causas, como denunciado, denunciante, de testigo e indagatorias. Había una situación particular que él siempre pedía que estuvieran presentes el juez y el fiscal”, recordó el juez. “En el 2005 lo imputé por dos hechos de contrabando. Y en el 2010 el doctor (Jaime) Alba -también procesado en esta causa- presentó un pedido de sobreseimiento. La causa se elevó a juicio pero se lo condenó a tres años de prisión efectiva”, agregó.

Bento dijo que, con el paso de los años, Aliaga se fue a vivir al mismo barrio que él, el complejo privado Palmares de Godoy Cruz. “Hace cinco o seis años, en una de las caminatas que hago diariamente con mi señora, pasamos por el frente de un domicilio en el barrio y escucho que me dicen: ‘Hasta luego, doctorazo’. Miro y era Diego Aliaga”, expresó el juez.

Luego, de acuerdo con su testimonio, se lo cruzó habitualmente en locales y en restaurantes del centro comercial ubicado al lado del country. “Siempre se manifestaba de manera simpática, siempre con un chiste, con una sonrisa. Así lo recuerdo”, indicó Bento. Y relató algunos momentos particulares, como un encuentro en su casa cuando Aliaga le solicitó “platos hondos porque había su familia a visitarlo”. En otra oportunidad, le llevó una silla de ruedas que no utilizaba, sabiendo que uno de los hijos del magistrado, el más chico, presenta una discapacidad. “Los platos nunca me los devolvió”, manifestó.

Más allá de eso, Bento explicó que comenzó a tener una relación más directa con Aliaga cuando, en enero del 2019, puso en venta una camioneta Amarok blanca. Señaló el ex despachante de aduanas tomó conocimiento de esta situación y que se le acercó para decirle que él se dedicaba a la compra-venta de vehículos. “Yo sé quién es usted, no lo voy a estafar”, le dijo para convencerlo.

El procesado juez aclaró que entró en una relación más de confianza con Aliaga, quien se llevó la camioneta para venderla, tras firmar un documento de consignación. Y que esto llevó a guardar su contacto en su teléfono. “Lo agendé como Diego Aliaga”.

“¿Borró los mensajes que tenía con Aliaga?”, le preguntó la fiscal. “No”, respondió Bento. “¿Sabe cómo él lo agendó a usted?”, insistió André. “Desconozco”, contestó el juez, quien reclamó por “la manipulación del SIM Card que hicieron de mi teléfono”.

“Si aparecían esas comunicaciones en mi teléfono hubiesen sido por la venta de la camioneta. Nada de lo que aparecía en mi teléfono consta en el expediente. Y no se pudo hacer una pericia de parte. Cuando el expediente estaba secreto, aparecieron esas 265 llamadas entre y setiembre y marzo. Son absolutamente falsas. Desde ya las niego. Porque no aparecieron en mi teléfono y sí en el de Diego Aliga”, insistió Bento. “Me mandaba memes, emojis y alguna que otra foto subida de tono. Nada de eso apareció en mi teléfono. Las 265 llamadas no existen. Son capturas de pantalla sacadas por el fiscal Vega”, reiteró.