Lihué Nievas (25) y Miguel Ángel Forquera (65) viven en Las Heras, no se conocen, pero son reflejo de una misma realidad: la de los recuperadores urbanos que recorren a diario las calles de la Ciudad en busca de cartones, botellas y metal para vender.

Ambos tienen esposa e hijos, y reconocen que “por ahora es lo que hay” para poder llevar un plato de comida a sus casas. A veces pasan todo el día caminando hasta que logran el volumen suficiente para hacer la diferencia. Unos $2.000 en una jornada normal y unos $5.000 si encuentran material que en las chacaritas y cooperativas se paga el kilo a mayor precio.

“Si vamos a la Canasta Familiar, no existimos en el mundo. Nosotros no llegamos ni a la mitad, no existimos”, señaló Forquera, que hace 20 años se dedica a recoger productos reciclables.

El hombre aclaró que antes su oficio estaba mal visto. “Te secuestraban todo, pero hoy hay más conciencia de lo que significa nuestro trabajo”, manifestó.

De acuerdo con el último relevamiento de la Ciudad de Mendoza, antes de la pandemia, unos 150 cartoneros circulaban por las calles. Sin embargo, los recuperadores, calculan que son el doble.

“Hay más cartoneros que obreros en la calle. Todo el mundo te levanta cartón porque saben que se vende. Vienen en bicicleta, en autos y camionetas, pero no saben lo que es la vida real del cartón”, explicó el hombre mayor.

Caminar rápido y tener olfato 

Lihué tiene tres hijas de siete, cinco y un año, y su pareja es ama de casa. Vive en el barrio Cristo Redentor, de Las Heras, y contó que solo cobran un plan Potenciar Trabajo destinado a quienes se desempeñan en comedores comunitarios y que lo gastan en el mismo merendero. Por eso, su única entrada de dinero es lo que puede conseguir en la calle.

A las 8.30 me voy a la chacarita La Favorable o a Corpa (ambas ubicadas en Las Heras) para vender lo que cargué el día anterior. Dejo la plata para la comida y salgo otra vez. Cerca de las 19.30 termino, cuando veo que levanté lo necesario para sacar lo del día”, relató el joven que hace 5 años comenzó con este oficio.

Los recuperadores detallaron que el kilo de cartón se paga a $27 y el de cobre a $1.000, pero es difícil hallar este último en la vía pública.

Si llego a encontrar un cable de teléfono tirado, no lo agarro. Hay muchas bandas de chicos que los roban por el cobre y el aluminio y a mí no me van a pintar los dedos por eso”, señaló Lihué.

Todos los días emprende casi el mismo itinerario a pie. Con su carro toma calle San Martín, revisa los contenedores, para luego consultar en los locales gastronómicos de la Alameda si tienen cartón para darle. En una cuadra consigue unas 5 cajas.

Con paso ligero y sin perder el aliento esquiva automóviles y colectivos y como si tuviera olfato para saber dónde está la presa, encuentra otro par. Después dobla por Godoy Cruz y estaciona su carreta en la esquina de 9 de julio para seguir a pie e ir cargando una bolsa.

“Por ahora es lo que hay”, comentó el lasherino, quien dijo que solo terminó la Primaria y busca un mejor futuro para sus hijos.

“Después de los 40 años no te contrata nadie”

Miguel Ángel reside en el barrio Colombia II, de Las Heras, junto a su esposa y a sus dos hijas de 15 y 18 años.

A eso de las 15, todos los días sale de su hogar con su carro. Lo traslada con una moto hasta que llega al Centro y en una de las esquinas más concurridas de la Avenida San Martín la estaciona para iniciar su jornada, que termina a eso de las 19. 

En algunos locales lo conocen y le guardan el producto. En otros, el código manda que el que pasa primero, levanta. “Si bien no te manotean lo que hay dentro del carro, siempre hay uno que se pasa de vivo”, dijo el trabajador, quien destacó el respeto entre cartoneros que hay en Buenos Aires.

El hombre afirmó que trabaja desde los 16 años. “Antes laburaba en una empresa dedicada a hacer pozos y zanjeos, pero cuando llegué a los 45 años me echaron. Me dieron una moneda que no era la que tenía y me dediqué a hacer changas”, comentó el sexagenario.

Y agregó: “Después de los 40 años no te contrata nadie. Pero tenía un hermano que se dedicaba a esto y así empecé. En ese momento, hace 20 años, el cartón valía dos centavos el kilo”.

Miguel recordó que hace décadas se recuperaban revistas y botellas, pero ahora “las tenés que buscar con lupa”. También comentó que su trabajo era mirado con desprecio y que eran sacados de la Ciudad. 

“Hay más cartoneros que obreros en la calle. Todo el mundo te levanta cartón”, dijo el hombre frente a una empresa recuperadora de papeles, ubicada en Las Heras, mientras unas jóvenes en un auto le consultaban si el precio que le habían ofrecido por la venta de papel blanco era el correcto. Este miércoles cobró casi $3.000 al intercambiar 110 kilos.

“Así como ellas, tenés gente que levanta cartón en bicicletas, en autos y en camiones. Lo hacen porque se vende, pero no saben cuál es la vida real del cartonero”, reconoció y concluyó que por una cosa u otra cada vez son más.