Las advertencias del Gobierno de Mendoza sobre el impacto que podría tener El Niño durante la primavera y el verano generaron preocupación por la posibilidad de tormentas intensas, aluviones e inundaciones. Sin embargo, un destacado especialista mendocino puso paños fríos sobre un eventual escenario extremo y aseguró que los datos disponibles no muestran, por ahora, una señal extraordinariamente preocupante para la provincia.
En diálogo con LVDiez, Juan Rivera, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, investigador del Ianigla y del Conicet, analizó el fenómeno y marcó diferencias entre las condiciones que puede generar El Niño en Mendoza y las que se esperan en otras regiones de Sudamérica.
El investigador explicó que El Niño se produce por un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. Cuando ese calentamiento supera los dos grados respecto de los valores normales, el fenómeno puede ser considerado un “Súper Niño” o Niño de categoría muy fuerte.
Este fenómeno tiene una recurrencia aproximada de entre dos y siete años y suele extenderse durante unos 12 meses.
Qué puede pasar en Mendoza
Uno de los puntos centrales planteados por Rivera es que el impacto de El Niño no es igual en todas las regiones.
Durante el invierno, la señal del fenómeno tiene mayor incidencia sobre Mendoza y la Cordillera de los Andes, algo que quedó reflejado en la importante cantidad de nieve registrada durante esta temporada.
Pero el escenario cambia durante los meses cálidos.
“En los meses de verano la señal es más difusa”, explicó Rivera, y señaló que los pronósticos actuales muestran para Mendoza alrededor de un 40% de probabilidades de registrar precipitaciones superiores a lo normal.
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Para el especialista, ese porcentaje no representa una señal particularmente extraordinaria.
“De hecho, la estadística para los fenómenos del Niño en las estaciones meteorológicas de la provincia no me dice algo muy relevante”, sostuvo.
El Gobierno se prepara para las tormentas
Las declaraciones de Rivera se conocen apenas un día después de que el Gobierno de Mendoza reuniera a ministros, intendentes y funcionarios de organismos clave para analizar el impacto que podría tener El Niño.
El gobernador Alfredo Cornejo encabezó el encuentro y la Provincia anticipó que las precipitaciones podrían aumentar entre 30% y 60% durante la primavera y el verano, con especial atención en octubre y noviembre.
Ante ese escenario, el Gobierno puso el foco en la limpieza de cauces y colectores, la prevención de aluviones y un sistema de alerta temprana que permitirá enviar información a los ciudadanos a través de la aplicación Mendoza por Mí.
La principal preocupación está puesta en el piedemonte del Gran Mendoza, aunque también se identificaron sectores sensibles en el sur provincial.
“No se ve una señal catastrófica”
Rivera fue consultado específicamente sobre si, desde el punto de vista científico, se justificaba el despliegue preventivo anunciado por el Gobierno.
Su respuesta fue matizada.
El investigador consideró que toda obra de infraestructura destinada a mitigar fenómenos climáticos extremos es necesaria, aunque aclaró que eso no significa que el próximo verano vaya a producirse un evento extraordinario asociado necesariamente a El Niño.
“Entre no hacer nada y hacerlo, mejor”, señaló, y consideró que las obras de prevención están justificadas, aunque no necesariamente por la existencia de una señal catastrófica vinculada al fenómeno.
En ese sentido, remarcó que a fines de agosto resulta aventurado anticipar qué ocurrirá con precisión durante diciembre o enero.
El especialista también diferenció El Niño del cambio climático.
Mientras que El Niño es un fenómeno natural que existía antes de las emisiones de gases de efecto invernadero y continuará ocurriendo, el calentamiento global puede modificar las condiciones en las que se desarrolla.
Rivera explicó que una atmósfera más cálida tiene capacidad para contener una mayor cantidad de vapor de agua. Por eso, cuando se combina con determinados patrones climáticos, pueden generarse precipitaciones más extremas o violentas.
En este punto, el investigador fue contundente: Mendoza ya atraviesa una situación climática diferente a la de décadas atrás.
“Ya estamos viviendo en una situación que no tiene precedente”, sostuvo al referirse a los registros históricos de la provincia de al menos seis décadas.
Por eso, aunque Rivera relativizó la posibilidad de un Súper Niño con consecuencias extraordinarias para Mendoza, también respaldó la necesidad de mejorar la infraestructura y los sistemas de prevención frente a los eventos climáticos extremos.
Según el especialista, la clave está en no confundir la necesidad de prepararse para un clima cada vez más extremo con la certeza de que El Niño provocará un verano catastrófico en Mendoza.
