El fenómeno climático que se desarrolla en el océano Pacífico comenzó a ganar intensidad y puso en alerta a distintos organismos ante los posibles efectos que podría generar durante los próximos meses. En Mendoza, el escenario despierta especial atención por la posibilidad de cambios en el régimen de precipitaciones, el comportamiento de la nieve en cordillera y la ocurrencia de tormentas fuertes.
Pero ¿qué diferencia hay entre un El Niño habitual y uno considerado “Súper El Niño”? El interrogante tomó especial relevancia en Mendoza luego de que este lunes el Gobierno reuniera a ministros e intendentes para definir medidas de prevención ante las condiciones previstas para los próximos meses.
El meteorólogo Fernando Jara explicó a El Sol las diferencias entre un episodio de El Niño y uno de intensidad excepcional, además de cómo estas condiciones pueden modificar el comportamiento de las precipitaciones, la nieve y otros fenómenos meteorológicos en Mendoza.
El Niño: un fenómeno que modifica el clima
El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental presentan temperaturas superiores a las habituales.
Ese calentamiento modifica la circulación de la atmósfera y, como consecuencia, altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. Sin embargo, no todos los episodios tienen la misma intensidad ni generan los mismos efectos.

La magnitud del calentamiento del océano es uno de los indicadores que utilizan los especialistas para determinar la fuerza del evento. A esto se suma la respuesta de la atmósfera y la interacción con otros patrones climáticos.
Por eso, un episodio débil no necesariamente genera las mismas consecuencias que uno fuerte o muy fuerte.
¿Qué es entonces un “Súper El Niño”?
Aunque la expresión se utiliza con frecuencia para describir los episodios extraordinariamente intensos, “Súper El Niño” no es una categoría oficial de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
En las clasificaciones científicas se habla de episodios débiles, moderados, fuertes o muy fuertes. La denominación “Súper El Niño” suele utilizarse de manera divulgativa para referirse a aquellos eventos que presentan un calentamiento excepcional del Pacífico y una respuesta atmosférica particularmente marcada.
La diferencia, entonces, no está en que se trate de otro fenómeno, sino en la intensidad con la que se manifiesta El Niño.
En un evento extraordinario, las alteraciones en la circulación atmosférica pueden ser mayores y aumentar la probabilidad de que algunas regiones atraviesen precipitaciones muy superiores a las habituales, sequías, temperaturas extremas u otros eventos meteorológicos significativos.
Esto no significa que todo el planeta vaya a experimentar condiciones extremas al mismo tiempo. El impacto depende de la ubicación geográfica y de la combinación entre el ENOS y otros factores de la atmósfera.
El Niño no siempre significa lo mismo para Mendoza
La señal que llega desde el Pacífico no se traduce de la misma manera en todas las provincias argentinas.
Mientras algunas regiones pueden quedar expuestas a un incremento de las lluvias, Mendoza presenta características geográficas que hacen que la respuesta sea diferente.

En la provincia, uno de los puntos centrales de atención está puesto en la cordillera. Las condiciones atmosféricas asociadas a determinados episodios de El Niño pueden favorecer un incremento de las precipitaciones en alta montaña, aunque la magnitud de ese cambio dependerá de la evolución del fenómeno y de otros patrones meteorológicos.
Esto adquiere relevancia porque la nieve acumulada durante el invierno no solo determina las reservas hídricas de la provincia. Su posterior evolución también puede influir sobre los caudales y el comportamiento de los cursos de agua durante los meses cálidos.
El riesgo de tormentas y aluviones
El escenario previsto para la primavera y el verano llevó al Gobierno de Mendoza a reforzar la prevención ante posibles precipitaciones intensas.
La Provincia estimó que las lluvias podrían aumentar entre 30% y 60% durante ese período, con especial atención sobre octubre y noviembre.
El piedemonte del Gran Mendoza aparece entre los sectores que requieren mayor vigilancia por la posibilidad de tormentas capaces de generar importantes escorrentías. También existen zonas sensibles en el sur provincial, especialmente en San Rafael y Malargüe.
La preocupación no está vinculada únicamente con la cantidad total de agua que podría caer, sino con la intensidad y la concentración de las precipitaciones. Una tormenta capaz de descargar grandes volúmenes en poco tiempo puede superar la capacidad de conducción de determinados cauces y colectores.
A esto se suma el estado de la infraestructura. La acumulación de residuos en los sistemas de drenaje puede dificultar el escurrimiento y aumentar las consecuencias de una tormenta intensa.
Por ese motivo, el Gobierno provincial anunció tareas de mantenimiento y limpieza y comenzó a trabajar en un sistema de alerta temprana para informar a la población ante situaciones de riesgo.
¿Y qué relación tiene la nieve con este escenario?
La situación de la cordillera constituye otro de los puntos que los especialistas deberán seguir durante los próximos meses.
Una temporada con abundante nieve puede representar una mayor reserva de agua para los meses cálidos, pero el comportamiento posterior de esa masa nival resulta determinante. El ritmo del deshielo, las temperaturas y las precipitaciones que se produzcan sobre zonas cordilleranas y precordilleranas pueden modificar los caudales.
En determinados escenarios, la combinación entre agua proveniente del deshielo y precipitaciones intensas puede incrementar la escorrentía y generar condiciones favorables para crecidas repentinas.
Sin embargo, El Niño por sí solo no provoca un aluvión. Para que ocurra un evento de estas características, deben coincidir diferentes condiciones meteorológicas, hidrológicas y territoriales.
El otro extremo: qué es La Niña
La Niña representa la fase fría del ENOS. En este caso, las temperaturas del Pacífico ecuatorial central y oriental se encuentran por debajo de los valores normales y los vientos alisios tienden a fortalecerse.
Sus efectos también pueden modificar los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas partes del mundo, aunque no deben interpretarse simplemente como el “opuesto perfecto” de El Niño.
Cada episodio presenta características particulares y la respuesta regional puede variar.
Entre ambas fases existe además un período denominado ENOS neutral, cuando las condiciones del Pacífico no reúnen las características necesarias para clasificar el escenario como El Niño o La Niña.
