Durante meses, el oeste de Godoy Cruz fue escenario de una guerra que tenía como combustible la droga y como herramienta las armas. Los tiroteos se repitieron entre barrios, los grupos se disputaron sectores para instalar quiosquitos y bunkers de venta y algunos de sus referentes exhibían pistolas y subfusiles en las redes sociales. La violencia llegó a tal punto que los investigadores policiales y judiciales llegaron a contabilizar cuatro o cinco organizaciones enfrentadas por el territorio. El Sol detalló todo el contexto narco con todos los detalles, videos y audios de los cruces armados.
En el centro de una de esas estructuras fueron identificados con el paso del tiempo dos nombres: Alan Uriel Campos Forquera, conocido como el Farolito, y su socio, Miguel Ángel Valdivia, el Pollo. El segundo terminó asesinado de nueve balazos la siesta del 6 de marzo del 2024 mientras se encontraba en una gomería familiar de calle Salvador Civit y fue sorprendido por el Tatotito, Nehuen Martínez, un sicario muy amigo del hijo varón de Sandra Jaquelina Vargas, la Yaqui, jefa narco de los barrios del oeste.
Los allanamientos en el oeste de Godoy Cruz y la detención de uno de los señalados cabecillas
La guerra narco del oeste de Godoy Cruz provocó este martes una de las reacciones policiales y judiciales más destacadas de los últimos años en la provincia: 800 policías de diferentes áreas del Ministerio de Seguridad sitiaron a las 6 algunos…
Este crimen marcó otro punto de inflexión en una disputa que ya había dejado heridos y víctimas ajenas a las organizaciones. Entre ellas estuvo Isabel Morales, de 63 años, quien recibió un disparo en la cabeza cuando quedó en medio de uno de los tantos enfrentamientos que tenían a maltraer a los vecinos.
Pero la investigación que siguió a aquella violencia permitió mirar más allá de quienes aparecían en las calles. Los allanamientos, las detenciones y, especialmente, el análisis de teléfonos celulares que desarrolló la Policía contra el Narcotráfico (PCN) fueron reconstruyendo una estructura que no se limitaba a los vendedores de pequeñas cantidades. Había quienes distribuían, manejaban el dinero, acopiaban la droga y conseguían armas. Y, detrás del circuito que tenía al Farolito entre sus principales protagonistas, apareció José Luis Vargas Mansilla, conocido como José del Susso, un pibe vinculado con la música y la barra del Tomba.
Esta historia policial y judicial terminó este lunes con condenas del Tribunal Oral Federal N° 2 de Mendoza. El juez federal Alejandro Waldo Piña homologó un acuerdo de juicio abreviado y condenó a nueve personas en una causa por infracción a la Ley 23.737 y sus expedientes acumulados. Entre los condenados están los citados Campos Forquera y Vargas Mansilla, los dos nombres que permitieron reconstruir, cada uno por su lado, buena parte de esta trama.
Violencia narco: atraparon a más miembros de una de las bandas del oeste de Godoy Cruz
Otro golpe directo a la organización narco que lideraban Alan Farolito Campos Forquera (21) y Miguel Ángel Valdivia (24), conocido como el Pollo y acribillado de nueve balazos la tarde del 6 de marzo en la gomería de sus abuelos sobre…
El teléfono que abrió la puerta
La pesquisa contra el Farolito había tomado impulso a partir del teléfono que los policías habían secuestrado durante un expediente por drogas. El aparato fue sometido a peritajes por la PCN y permitió conocer los vínculos que mantenía con el joven asesinado.
Se encontraron varias conversaciones entre ambos. Los dos hablaban del negocio de la droga, de las armas, de las municiones y de los enfrentamientos con grupos rivales. Algunas de esas charlas fueron incorporadas como indicios para profundizar las líneas investigativas. En una de ellas, Valdivia hablaba con el Farolito sobre conseguir un arma; en otra, le planteaba que tenía dinero para “comprar una automática”.
El contenido de ese teléfono permitió también avanzar hacia otra persona. Los policías identificaron a Vargas Mansilla como quien, según la pesquisa, conseguía droga para distribuirla con Campos Forquera, el cuñado de este, Facundo Valdez, y otros integrantes del grupo, entre ellos el Pollo y su hermano Mariano.
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Vargas Mansilla se movía por el barrio Sarmiento y otros sectores del oeste. La causa lo ubicó como un proveedor que no solamente manejaba sustancias, sino que también tenía contactos para la comercialización de armas. Los investigadores describieron a José del Susso” como alguien que ofrecía droga y armas a precio dólar.
Las pesquisas también habían detectado movimientos de pesos y moneda extranjera vinculados con las operaciones narco, tanto mediante dinero en efectivo como a través de billeteras virtuales.
En la causa se señaló además que Vargas Mansilla buscaba vender pistolas y armas largas y que contaba con la colaboración del Farolito para encontrar compradores.
Entre las armas que aparecían mencionadas estaban subfusiles FMK3 y hasta un FAL calibre 7.62 con municiones. En las redes y también en los teléfonos celulares se encontraron fotos de estas armas.
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La guerra por los quiosquitos
La disputa no había comenzado con una causa judicial. Venía de antes y tenía un objetivo concreto: controlar sectores del oeste de Godoy Cruz para instalar puntos de venta de estupefacientes.
Desde fines del 2023, las autoridades tenían bajo la lupa una guerra territorial que se extendió durante meses. El asentamiento Campo Papa y los barrios cercanos quedaron atravesados por los enfrentamientos entre organizaciones que buscaban desplazar a sus rivales y quedarse con los lugares de comercialización.
Los policías llegaron a contabilizar entre cuatro y cinco grupos que buscaban controlar distintos sectores. Las balaceras se volvieron frecuentes y hubo personas heridas. Al menos cuatro asesinatos quedaron vinculados a ese período de violencia, de acuerdo con la investigación provincial que acumuló expedientes por homicidios, tentativas de homicidio y delitos relacionados con armas.
Este diario realizó diversos informes sobre todos los hechos ocurridos en el sector y quiénes eran cada uno de los personajes.
El episodio que terminó de exponer la dimensión del conflicto fue el asesinato del Pollo. Valdivia recibió nueve disparos en la gomería de sus abuelos. Para entonces, ya había sufrido otro ataque y se encontraba en silla de ruedas. Su asesinato profundizó la causa sobre la organización que integraba junto con el Farolito.
Los allanamientos fueron la respuesta policial y judicial a esa escalada. En uno de los operativos más importantes, más de 800 policías ingresaron a distintos barrios del oeste y se registraron 468 viviendas seis días después.
Hubo 65 aprehendidos y 28 de ellos tenían pedidos de captura. En el sector conocido como La Olla encontraron enterradas ocho armas cortas, cinco largas y seis chalecos antibalas. También secuestraron cocaína y marihuana fraccionadas para la venta. Prácticamente, el sector fue sitiado por la policía.
La búsqueda de armas era una de las prioridades. Intentaban encontrar aquellas que los referentes de las organizaciones mostraban en fotografías o intercambiaban a través de WhatsApp. En una de las grandes incursiones fueron secuestradas 19 armas, entre pistolas, armas de fabricación casera y armas largas. Algunas eran similares a las que aparecían en las fotografías del Pollo y el Farolito. No todas fueron halladas.
Venta de drogas en dólares, armas y barras: el máximo proveedor que atraparon en Godoy Cruz
Los allanamientos masivos del 12 de marzo en el oeste de Godoy Cruz tenían el objetivo inicial de encontrar armas y drogas. Pero también buscaban desarticular organizaciones criminales dedicadas al comercio de drogas en pequeñas cantidades. Las barriadas sitiadas ese día…
La estructura
La organización no estaba compuesta solamente por dos o tres nombres. Los allanamientos fueron incorporando familiares y personas de confianza que, de acuerdo con la pesquisa, cumplían diferentes funciones.
Paul Alfredo Campos Forquera, hermano del Farolito, quedó involucrado en la investigación. También el citado Facundo Marcos Ezequiel Valdez, cuñado de Campos Forquera, y Eliana Noelia Valdivia, tía del Pollo. Mariano Valdivia, hermano menor de Miguel Ángel, también terminó imputado. En distintos procedimientos fueron secuestrados dinero, teléfonos, cocaína y elementos utilizados para su fraccionamiento.
Valdez había sido seguido por los efectivos porque se movilizaba entre el Campo Papa y el barrio 4 de Julio. Utilizaba un Volkswagen Fox negro y, según la pesquisa, cumplía tareas de distribución. Cuando fue capturado, le encontraron más de cuatro millones de pesos y droga, una parte de ese dinero dentro del vehículo.
Paul Campos Forquera, en tanto, había quedado señalado por el manejo del dinero dentro del grupo. En su domicilio también fueron encontradas plantas de marihuana. Eliana Valdivia fue ubicada como una persona vinculada al acopio de sustancias y al entorno de su sobrino asesinado.
El organigrama que surgía del caso mostraba así diferentes niveles: quienes estaban en los barrios y tenían contacto con los compradores, quienes trasladaban la droga, quienes manejaban el dinero y quienes podían acceder a un proveedor ubicado por encima de ellos. Ese proveedor era Vargas Mansilla.
El salto hacia “José del Susso”
Los allanamientos del 12 de marzo del 2024, días después del crimen del Pollo, habían permitido detener sospechosos, secuestrar drogas y armas y, sobre todo, recuperar teléfonos celulares. Uno de ellos fue determinante para abrir una nueva línea investigativa. El análisis permitió identificar a Vargas Mansilla y reconstruir sus contactos con Campos Forquera y otros integrantes del grupo.
La PCN realizó entonces otros 18 procedimientos en el Campo Papa, el barrio Sarmiento y calle Segundo Sombra. Vargas Mansilla fue detenido junto con su cuñado Jeremías Lucero, quien aparecía señalado en la investigación como encargado del acopio de mercadería y de la custodia de dinero en pesos y dólares.
También se realizaron medidas en el lugar donde estaban detenidos el Farolito y Valdez. En esas requisas se encontraron 70 gramos de marihuana. En otros domicilios fueron secuestrados más de dos millones de pesos, un revólver y teléfonos celulares que debían ser sometidos a peritajes.
La instrucción describió a Vargas Mansilla como un hombre relacionado con el ambiente de las barras y con presencia en el entorno del club Godoy Cruz. Pero su importancia para esta causa no quedó centrada en esa relación, sino en el lugar que ocupaba en el circuito de droga y armas que conectaba con los integrantes del grupo del Farolito.
La pesquisa había establecido que ofrecía armas y que algunas operaciones se realizaban en dólares. Ese dato le dio otra dimensión al negocio: ya no se trataba solamente de los quiosquitos de droga en los barrios, sino de una estructura que necesitaba abastecimiento, dinero, armas y contactos para funcionar.

El final de los Tribunales Federales
La historia llegó este lunes a su desenlace judicial. El juez Piña homologó el acuerdo de juicio abreviado presentado entre el fiscal Federico Baquioni y las defensas.
Vargas Mansilla fue condenado a seis años de prisión como autor de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada. Campos Forquera recibió también seis años de prisión por siembra y cultivo de estupefacientes, comercio y tenencia simple. En su caso, la pena fue unificada con una condena anterior de tres años de prisión en suspenso y se revocó aquella condicionalidad.
Paul Alfredo Campos Forquera fue sentenciado a tres años de prisión en suspenso y como partícipe secundario en delitos de siembra, cultivo y comercio de estupefacientes.
Facundo Valdez recibió cuatro años de prisión como partícipe secundario del comercio de estupefacientes agravado. Gaia Yenien Martínez, quien era pareja del Pollo Valdivia, fue condenada a tres años de prisión efectiva, pena que luego fue unificada con una condena anterior y quedó establecida en cuatro años de prisión.
El hermano del Pollo, Mariano, recibió tres años de prisión efectiva, que fueron unificados con una condena anterior y terminaron en una pena única de seis años de prisión. Eliana Noelia Valdivia fue condenada a cuatro años de prisión.
También fueron condenados Jeremías Nahuel Lucero Gómez, el cuñado de José del Susso, a tres años de prisión efectiva y Federico Esteban Domínguez, también relacionado con el proveedor y conocido como “Wanchope”, a tres años de prisión efectiva como partícipe secundario en la tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada.
