Cada vez se escucha con mayor frecuencia que la gente no llega a fin de mes. “La plata no me alcanza”. “Trabajo todos los días y tuve que bajar el nivel de consumo”. “Ya no compro primeras marcas”. Son algunas de las frases que retumban en las calles de Mendoza y muchos de los que la replican comenzaron a formar parte del grupo de “los nuevos pobres”.
Se trata de personas que están claramente identificadas tanto por el Gobierno como por las entidades benéficas, ya que si bien cuentan con trabajos formales, no logran llegar a fin de mes con el salario que perciben. Por ende, apelan a diferentes estrategias o asistencia para poder subsistir.

Una realidad en ascenso
De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida realizada por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), en la que se evalúan los Indicadores de pobreza, entre el 2019 y el 2021 aumentó la cantidad de hogares pobres que reciben comidas de comedores (de 1,7% se pasó a 4,6%). En tanto, en el caso de los no pobres pasó de 0,2% a 1,7%.
Se trata de un relevamiento anual, que tiene por finalidad caracterizar las condiciones de vida objetivas de los hogares mendocinos y de sus integrantes.
El concepto de condiciones de vida da cuenta de los niveles de bienestar que alcanzó una determinada población y refleja el grado de desarrollo económico y social de la misma.
La encuesta se desarrolla en los 18 departamentos de la provincia y abarca aspectos como características de la vivienda y de su entorno, características socio-demográficas de los integrantes del hogar, salud, educación formal y capacitación no formal, actividad laboral, uso del tiempo, estrategias de los hogares para hacer frente a sus necesidades.
Desde la DEIE explican en su informe que, en este punto de análisis, se consideran las estrategias de vida que denotan una situación de debilidad o carencia, se presume que los ingresos corrientes y de fuente genuina no son suficientes y deben recurrir a ayudas externas, endeudamiento, etc.
“Estas estrategias se caracterizan por no ser sustentables en el tiempo o bien depender de planes asistenciales, de decisiones de personas que no son componentes del hogar o simplemente del azar y se las puede llamar estrategias precarias”, detallan.


Tanto en el cuadro de 2019 como en el de 2021, “se realizó una selección de las estrategias utilizadas que resultaron más relevantes en la comparación entre los hogares pobres y no pobres”.
“Del análisis surge que, los hogares urbanos pobres de la provincia, han utilizado principalmente como estrategia de subsistencia el gasto de los ahorros y la compra en cuotas o fiado. Ambas estrategias también han sido principalmente utilizadas por los hogares no pobres, siendo más frecuente, en este caso, la compra en cuotas o fiado”, desarrolla la DEIE.
Y suma: “También se destacan como estrategias utilizadas por los hogares pobres el préstamo de la vivienda donde habitan y la venta de algunas de sus pertenencias. En el caso de los hogares no pobres, otra de las estrategias bastante utilizada es el préstamo de bancos y financieras“.
Un nuevo escenario: pobres con trabajo
“El informe de la DEIE se centra en el 2021, pero para ver la película entera, me corro un año, 2020, plena pandemia de coronavirus, en la que se produjo una importante pérdida del empleo formal e informal. Ante esto, la provincia multiplicó la asistencia alimentaria, entre ellos, a comedores y merenderos”, expresó a El Sol, Alejandro Verón, Subsecretario de Desarrollo Social de Mendoza.
El funcionario resaltó que ese nivel de asistencia se siguió manteniendo en los dos años subsiguientes, producto del proceso inflacionario que vive la Argentina, con proyecciones que plantean cerrar el año con una inflación de tres dígitos.
“Estamos ante un nuevo escenario de nuevos pobres, es decir, de pobres con trabajo. Hoy la Canasta Básica Total está un poco más de $118.000 (en Mendoza) y el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVyM) llega a los $54.550. Es decir, una familia tipo (dos adultos y dos menores) con dos SMVyM no puede salir de la pobreza”, analizó Verón.

Además, el funcionario agregó que ese panorama es el que explica por qué hay una franja de personas que sigue concurriendo a comedores o merenderos como estrategia para poder llegar a fin de mes.
“Ni hablar de un jubilado que percibe $43.353, no hay modo que cobrando la mínima pueda llegar a fin de mes”, sentenció.

Trabajar para no llegar a fin de mes
En concordancia con lo referido por Verón, el economista José Vargas, advirtió que “lo que se viene observando, desde fines del 2019, es un crecimiento bastante fuerte en la provincia de familias que ingresan al mundo de la pobreza“.
Si bien abarca a todas las regiones, el especialista precisó que donde más se percibe es en el interior de la provincia y no tanto en el Gran Mendoza, que es donde está concentrada la actividad económica en un 80%.
A la hora de calificar el perfil de los pobres, Vargas consignó: “Lo que venimos notando es que la pobreza creció, sobre todo, en la gente que no tiene para cubrir sus necesidades básicas; sin embargo, también creció en la gente que tiene ingresos, pero que no le alcanza para cubrir los 30 días del mes”.
De acuerdo a los últimos estudios realizados por Evaluecon, consultora que Vargas preside, el salario promedio alcanza básicamente hasta el día 17 para cubrir las necesidades básicas de una familia.
“A partir de ahí la gente empieza a hacer changas, se desempeña en trabajos informales, hace uso de las tarjetas de crédito, pide adelantos de sueldos, subsidios, préstamos de familiares, entre otras estrategias”, especificó.
“No es pobre el que no cubre la canasta básica total, sino que hay muchas familias que cubren esa canasta que mide el Indec o la DEIE, pero que no llegan a fin de mes porque es necesario aclarar que esos datos oficiales no incluyen el gasto de alquiler de vivienda. Son canastas relativamente bajas para lo que necesita hoy una familia en Mendoza para vivir, que estaría más cerca de los $200.000″, agregó.
En el estudio realizado por la consultora se pudo precisar hasta qué día del mes le alcanza el sueldo a una familia tipo (dos adultos y dos menores), con trabajos formales y no formales. Así se determinó:
- Los que cuentan con ingresos menores a $50.000 el sueldo les rinde hasta el 10 de cada mes.
- Los que tienen ingresos entre $50.000 y $100.000 lo estiran hasta el 16 de cada mes.
- Los que cobran entre $100.000 y $150.000 llegan al 21 de cada mes.
- Los que perciben entre $150.000 y 200.000 estiran el sueldo hasta el 26 de cada mes.
- Los que superan los $200.000 de ingresos pueden afrontar el mes completo.

“Los salarios crecen a una velocidad muy distinta a la que crecen los precios y esa brecha hace que los sueldos no alcancen”, concluyó Vargas.
Los comedores, desbordados
Este panorama repercutió directamente en el asistencialismo, ya que muchas familias acceden a comedores para poder recibir un plato de comida.
“La asistencia comenzó a aumentar en la época de pandemia de coronavirus, sin embargo, lo que hoy más prevalece es la existencia de otro tipo de pobrezas, mucho más integral”, expresó Rosa María Rómoli, vicedirectora de Cáritas Mendoza, y enumeró:
- Existe la pobreza educativa: hay muchos niños con trayectorias débiles, otros que tienen hasta 60 inasistencias.
- Hay precariedad de trabajo.
- El incremento en los precios de los alquileres hizo que muchas familias retornaran a vivir a la casa de sus padres.
- Hay varios adultos mayores que están atravesando situaciones complejas, debido a que la jubilación no les alcanza; incluso, personas que antes eran asistidas por sus hijos y la situación económica hoy no lo permite.

Si bien Cáritas sigue asistiendo con alimentos y ropa, su rol hoy pasa más por el acompañamiento, mediante talleres, becas, entre otros.
“Siempre destacamos que no somos el Estado, no tenemos la capacidad de atender determinadas circunstancias como la falta de viviendas, de salud pública, entre otros aspectos”, resaltó Rómoli.

“La labor de Cáritas hoy está centrada en el acompañamiento de las personas a que puedan ejercer sus derechos, pero que también estén al tanto de sus deberes como ciudadanos”, dijo la representante de la entidad.
En la actualidad, Cáritas está presente en más de 70 parroquias de Mendoza. Cuenta con 2.500 voluntarios que asisten y acompañan a unas 3.000 familias y unos 3.360 niños y niñas. Además de la asistencia social, la entidad ofrece 52 talleres.

En el último eslabón, no menos importante, aparecen los comedores y merenderos de Mendoza, que si bien son muchos están desbordados.
“En los comedores, por lo general, no se mide si la persona que viene lo hace realmente por necesidad. Una taza de leche o un plato de comida no se le niega a nadie y lo que estamos percibiendo es que están viniendo niños cuyos padres trabajan, pero no llegan a fin de mes. Lo que hacen luego, ni bien cobran, es colaborar con un kilo de azúcar o una caja de leche”, contó Gabriela, de Caritas Felices.
El espacio se creó hace 5 años y está ubicado en el barrio Las Viñas, de Buena Nueva, Guaymallén, y dos veces a la semana asiste a unas 40 personas, entre niños y adultos mayores.

“Tenemos casos de gente que está trabajando en blanco, pero no llega a cubrir sus necesidades y nos solicita mercadería. Antes no teníamos tantos niños y hoy son muchísimos. Los padres se dedican a trabajar y nosotros a que no le falte la comida o la taza de leche a sus hijos”, cerró.
Además del plato de comida, la gente está pidiendo calzado y ropa, tanto para los adultos como para los pequeños.
