Autos, gente caminando, colectivos con más pasajeros, niños con guardapolvos y mochilas y cafés abiertos. Ese fue el panorama de las primeras horas de este lunes en el centro de la capital provincial, tras los nueve días de confinamiento estricto ordenados por la Nación, y acatados por el gobierno mendocino, para intentar ponerle un freno al crecimiento de contagios de coronavirus.

“Fueron días muy complicados, económicamente nos sacudió muchísimo el parate. Pero acá estamos firmes, poniéndole onda a este regreso a la normalidad”, exclamó Ana, encargada de un café ubicado en Gutiérrez casi San Martín. “La gente está cansada de las restricciones y nosotros necesitamos trabajar”, agregó.

Vuelta a clases

Este lunes también marcó el regreso de las clases presenciales en los niveles Inicial, Primario y Secundario. Y algunos padres lo celebraron: “Ya estamos cansados y desorientados con estas restricciones. Lo niños no logran avanzar y son los principales perjudicados”, expresó Federica, una de las madres apostadas en la escuela Patricias Mendocinas.

Carlos, papá de Briana, de 7 años, aseguró que el arranque no fue fácil: “Mi hija tiene problema con la adaptación a los cambios y esto la perjudica bastante. No quería volver, sólo quiere estar en la casa. Toda esta situación no nos ayuda para darle estabilidad”.

Liliana fue otra de las madres que acercó a su hija a la escuela y consignó: “Está bueno que los chicos estén en las escuelas. La presencialidad les hace falta”.

Mariano llegó temprano con sus dos hijas de 6 y 7 años: “No es fácil todo esto. Es volver a empezar todas las semanas. Es avanzar casilleros y retroceder. Uno debe adaptar los horarios y ver como hace para afrontar estas restricciones, pero no es nada fácil”, dijo.

Movimiento en el centro

Más allá de que las escuelas volvieron a abrir sus puertas, también el movimiento se percibió en las diferentes arterias de la Ciudad. Hubo bastante gente caminando por las calles con destino a sus trabajos. Volvieron los cafeteros y los lustrabotas y los cafés fueron los primeros en abrir sus locales.

“Ojalá no vuelvan a cerrar más, realmente el daño económico es mucho. La situación la venimos peleando desde hace un año y estamos intentando subsistir”, manifestó uno de los mozos de un café mientras acomodaba las sillas y mesas para atender a los clientes.