Héctor Murillo Tolaba y su mujer, Sandra Nieves Portal, están prófugos luego de la primera caída.

La detención este martes de Jorge Daniel Murillo Tolaba durante un control de rutina en Guaymallén volvió a poner en primer plano a los dos integrantes de su círculo familiar que todavía permanecen fuera del alcance de la Justicia: su hermano Héctor Miguel Murillo Tolaba y Sandra Nieves Portal, pareja de este último.

Ambos tienen pedidos de captura nacional e internacional y figuran con alerta roja de Interpol por una causa federal que terminó descubriendo uno de los mayores acopios de cocaína detectados en la historia de Mendoza, 90 kilos de esa droga.

Se trata de Héctor Miguel Murillo Tolaba, quien nació el 26 de noviembre de 1989 y tiene nacionalidad argentina (salteño) y registraba domicilio en calle Don Bosco, en Colonia Bombal.

Su mujer, Sandra Nieves Portal, nació el 19 de noviembre de 1990 y es boliviana. Para los investigadores que hablaron con este diario, ambos ocuparían un lugar relevante dentro de la estructura que habría permitido el ingreso de grandes cantidades de cocaína desde Bolivia hasta la provincia.

El dato que volvió a sacudir la causa se dio este martes por la mañana, cuando el más chico de los Murillo Tolaba, fue identificado por efectivos de la UCAR de la Comisaría Novena durante un puesto fijo instalado en calles Urquiza y Bandera de los Andes, en Guaymallén.

Circulaba solo en una Ford Ranger XLT blanca cuando los policías realizaron la consulta mediante el sistema biométrico. La respuesta activó las sospechas: sobre el hombre pesaba una orden de captura dictada el 28 de noviembre del año pasado por la Justicia federal.

La causa está bajo la conducción de la fiscal Patricia Santoni y el auxiliar fiscal Juan Manuel González. Y el acusado fue trasladado a la Comisaría Novena e inicialmente quedó incomunicado, mientras los investigadores comenzaron a preparar nuevas medidas relacionadas con la causa. Y allí apareció otro dato que volvió a poner en escena a los hermanos.

Casi $32 millones, dólares y cuatro celulares

El procedimiento posterior permitió avanzar sobre el domicilio de Jorge Daniel y secuestrar casi 32 millones de pesos, 1.500 dólares y cuatro teléfonos celulares, que ahora serán sometidos a distintos peritajes. Pero el dinero no estaba solamente en la vivienda.

Durante la requisa del vehículo que manejaba cuando fue detenido, encontraron 2.150.000 pesos, 72 dólares y cuatro chips de teléfonos celulares, además de otros elementos que quedaron incorporados a la pesquisa.

Los chips que llevaba Jorge Daniel Murillo Tolaba al momento de ser capturado por efectivos de la Comisaría Novena.

La camioneta fue secuestrada y quedó a disposición de la Justicia federal. El contenido de los teléfonos y de los chips podría aportar información sobre contactos, comunicaciones y movimientos vinculados con la organización que se encuentra bajo seguimiento.

La captura de Jorge Daniel tuvo así un efecto directo sobre una causa que llevaba casi diez meses con tres personas buscadas. Ahora uno de ellos está detenido y los detectives volvieron a mirar hacia los otros dos nombres que todavía no pudieron localizar: Héctor Murillo Tolaba y Sandra Nieves Portal.

Los que quedaron fuera cuando encontraron los 90 kilos

La historia de los Murillo Tolaba quedó expuesta el 28 de noviembre del año pasado, cuando una investigación de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) llegó hasta un domicilio utilizado, según la pesquisa, como punto de acopio, tal como informó este diario cuando se halló el cargamento.

Adentro había una cantidad de droga que marcó la dimensión del negocio: casi 90 kilos de cocaína distribuidos en 92 ladrillos compactados, muchos de ellos encintados con colores amarillo y verde. Algunos panes tenían, además, un sello con la figura de un delfín.

La droga no fue el único elemento que sorprendió a los investigadores. En los distintos allanamientos se secuestraron 140 millones de pesos, 80.000 dólares, moneda chilena, armas de fuego y otros elementos considerados de interés para la causa.

La magnitud del hallazgo llevó a considerar que el lugar no funcionaba como un simple punto de venta, sino como un espacio destinado al acopio de una importante cantidad de estupefacientes. Cuando los policías ingresaron a uno de los domicilios, sin embargo, los principales moradores no estaban.

Solo encontraron a una adolescente de 14 años, hija de Héctor Murillo Tolaba y Nieves Portal. Después del procedimiento, la menor quedó al cuidado de su abuela.

Desde ese momento, los policías de la PCN y la fiscalía comenzaron a reconstruir quiénes eran los adultos que no habían podido ser encontrados y qué papel tenían dentro de la estructura.

Una ruta desde Bolivia hasta Mendoza

La hipótesis que maneja la instrucción sostiene que detrás del cargamento existía una organización integrada por varias personas, entre ellas ciudadanos bolivianos, dedicada a la obtención, transporte y comercialización de cocaína.

La ruta que reconstruyeron comenzaba en Bolivia. Desde allí, la droga ingresaba a la Argentina por Aguas Blancas, en Salta, continuaba hacia San Ramón de la Nueva Orán y posteriormente seguía viaje hasta Mendoza.

El acondicionamiento de los ladrillos aparece como otro de los elementos que los investigadores tuvieron en cuenta. Los panes encontrados en distintos procedimientos presentaban características similares, con envoltorios amarillos y verdes. Esto significa que el mismo proveedor está detrás de la venta de la sustancia.

La Justicia atribuye a Nieves Portal haber integrado esa organización criminal y la investigación también ubicó a su pareja dentro de la estructura. La calificación de la causa es tenencia de drogas con fines de comercialización agravada por la participación de tres o más personas.