Cuatro de cada diez mendocinos viven bajo la línea de pobreza en el Gran Mendoza, según los datos oficiales del primer semestre de 2023. Para los especialistas que siguen de cerca la problemática, las condiciones se profundizaron desde la pandemia, sobre todo, en los más chicos. En tanto, en los comedores comunitarios se redobla el esfuerzo porque creció la asistencia, mientras que en las organizaciones no gubernamentales, como Cáritas, destacaron que hay una falta de control sobre los planes que manejan las familias.
Dentro de esos números que impactan, también sobresale un importante aumento de la pobreza infantil que, a nivel nacional, superó el 56% y que afecta a menores de 14 años que no logran cubrir sus necesidades básicas.
“La situación se viene arrastrando desde la pandemia de coronavirus, en donde había hogares que tenían empleo en el sector informal de la economía, que no eran beneficiarios de comedores escolares o asignaciones y en ese contexto comenzaron a cubrir su dieta alimentaria a través de comedores comunitarios y escolares”, contó a El Sol Ianina Tuñón, investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

El perfil de los nuevos pobres en Argentina
La pandemia fue en el 2020 y, lejos de lograr una mejoría, los sectores sociales que se vieron afectados no dejaron de prescindir de la ayuda del Estado.
“Lo que se observa es que en los últimos años apareció una nueva porción de hogares de clase media-baja que, como parte de su supervivencia, están utilizando estrategias que son propias de algunos de los sectores más pobres de la Argentina”, dijo Tuñón.
La especialista resaltó además que los datos dados a conocer son viejos, por lo que la pobreza infantil podría rondar hoy el 60% y, en ese contexto, la pobreza no es igual en todos los casos.

“Esto nos lleva a pensar que tenemos una sociedad cada vez más degradada, que requiere cada vez más de la asistencia social para poder resolver sus necesidades alimentarias, educacionales, entre muchas más”, agregó.
Pensando en el futuro y en resolver este panorama, Tuñón manifestó que “será necesario y urgente pensar y aplicar políticas integrales para los niños, más que la mera transferencia de ingresos que, si bien es necesaria, no son suficientes para que los chicos se eduquen, accedan a la salud, o socialicen con sus pares de manera digna, sin que le dé vergüenza porque sus padres reciben un plan o una asignación”.
“No veo en ninguno de los candidatos presidenciales propuestas vinculadas a la inversión en la infancia, pensándolos como el futuro de la sociedad. Ninguno ha problematizado seriamente el tema salud o educación. Todos plantean la dicotomía salud-educación pública, sí o no, pero nadie se plantea calidad para los que menos tienen”, sentenció.
Acompañar y contener
En consonancia con lo expresado por la profesional de la UCA, Rosa María Rómoli, titular de Cáritas de Mendoza, advirtió que en Mendoza hace tiempo se percibe cómo familias con trabajo no logran llegar a fin de mes y solicitan asistencia en iglesias o comedores.
“La problemática no pasa sólo por necesidades económicas, sino que existen otros factores que están afectando a los niños y adolescentes y tiene que ver con el abandono escolar, con el consumo problemático de sustancias ilegales y con el aumento de la violencia verbal y física en niños de 8 y 9 años”, expresó Rómoli.
Frente a esto, la funcionaria manifestó que desde Cáritas se les está brindando apoyo y contención a los chicos, a quienes se les da clases de apoyo y recreación en diferentes instituciones.

“Un tema que también hemos visto es la falta de controles por parte del Estado a las familias que reciben un plan o asignación. Sin necesidad de generalizar, este tema es central, ya que muchos no llegan a fin de mes por el mal uso que se le da”, expresó Rómoli.
Por su parte, Tuñón advirtió que “hay muchas cosas que el Estado no hace bien como entregar la transferencia en tiempo y forma y brindar los servicios como para que esa contraprestación sea efectivamente una inversión en capital humano para los chicos”.
El desafío de llevar adelante un comedor
Frente a una adversidad personal, Gabriela decidió ayudar al prójimo desinteresadamente y hace dos años creó el comedor Josuá, Ángel de luz, ubicado en Buena Nueva (Guaymallén), al que asisten unas 400 personas cada semana.
“En un principio, el comedor estaba focalizado en la asistencia a niños, porque se creó luego de que uno de mis hijos falleciera. Con el pasar del tiempo, observé que cada vez más gente se acercaba en busca de asistencia y hoy recibo a familias enteras, con o sin trabajo”, dijo Gabriela.
Los que asisten pueden recibir una merienda tres veces por semana y, también la cena que se hace dos veces a la semana. Los días en que el comedor está cerrado, Gabriela igual tiene gente afuera de su casa pidiéndole algo para comer.
“Las donaciones las recibo de gente anónima, de allegados, de gente que se acerca para colaborar. No tenemos ayuda del Estado y se nos está complicando bastante porque últimamente las donaciones han bajado mucho, lo que menos dona la gente es carne y verduras”, contó Gabriela.
“Es impresionante el hambre que hay en la calle, acá no sólo asisten vecinos del asentamiento, también hay familias de barrios aledaños, muchos de ellos con trabajo, que vienen por su plato de comida”, dijo.
Hasta hace unos meses, los chicos recibían en su merienda una taza de leche obligada, ahora eso es imposible y sólo logran darle un mate cocido o té con alguna torta o factura.
“Estamos organizando un bingo para el próximo 21 de octubre para poder entregar mercadería para las celebraciones de fin de año. Se vienen épocas muy complejas y está bueno prepararse antes que todo esto explote”, manifestó.
Los que deseen solidarizarse con el comedor de Gabriela, ya sea con donaciones de alimentos no perecederos o la compra de un número, podrán llamar al 2612 709528. También es de suma urgencia conseguir un horno para poder cocinar el pan y las tortas.
