La relación de Ayelén Gallo con el Circo Rodas (que por estos días se encuentra brindando dos funciones diarias en Mendoza) arrancó cuando tenía 17 años y necesitaba trabajo para solventar sus gastos.

“En ese entonces, el circo llegó a Merlo (provincia de Buenos Aires) donde siempre viví junto a mis padres y me arrimé porque ofrecían trabajo. La idea era repartir volantes para promocionar las funciones”, contó la joven a El Sol.

“Esa temporada la trabajé junto a mi mamá, como acomodadora, luego, empecé a tener relación con los mismos artistas del circo y cuando se fueron quedé en contacto con ellos para el retorno”, agregó.

Pasaron dos años, el Rodas volvió a Buenos Aires y Ayelén nuevamente se presentó para trabajar. “En ese entonces, me ofrecieron formar parte del elenco estable. Así fue como ingresé, conocí a Ayrton, mi actual pareja que se dedica a lo administrativo, y fui directo a las motos, era mi gran pasión, me fascinaba el riesgo que implicaba estar en el Globo de la Muerte y desde entonces nunca me fui”, aseguró.

Ayelén está al mando de la moto verde.

Si bien la joven sabía manejar motos, nunca había realizado ningún tipo de destreza, por lo que el inicio llevó mucha preparación y práctica.

“Los chicos que se dedicaban a ese cuadro me fueron enseñando, al principio no podían creer que quisiera ser parte de ese grupo, pero rápidamente me incluyeron y comenzaron a guiarme y a ayudarme. Arranqué practicando fuera del terreno y hoy soy una loca más de ese grupo. Estoy al mando de la moto verde”, relató.

La decisión sorprendió a todo su entorno, sobre todo a su familia que, al principio, no se mostró conforme con la elección. “Mi mamá casi me mata. Recuerdo que me decía por qué no me sumaba a otros cuadros como el trapecio o me dedicaba a la danza, pero luego entendieron mi amor por las motos y se resignaron”, dijo.

A la hora de contar sobre su debut en las motos, Ayelén dijo que “nunca más me olvido de ese día. Me temblaba todo el cuerpo, no quise que nadie se me acercara ni me hablara, sentía mucha presión porque sentía la obligación de hacer todo bien, sobre todo porque yo insistí en estar. Cuando la función terminó me largué a llorar con todos mis compañeros”.

Sobre el entrenamiento que tienen, la joven contó que todos los días practican diferentes piruetas para poder salir bien. Incluso, agregamos nuevos desafíos para sorprender aún más a los espectadores.

“Ahora que las temperaturas están tan elevadas, lo que hacemos es ensayar una vez que terminamos las dos funciones, cerca de las 0.30”, agregó.

Y la verdad es que vale la pena el esfuerzo y eso se observa en cada una de las funciones que presentan donde, el mayor aplauso se lo gana Ayelén.

El público se queda muy sorprendido cada vez que descubro mi rostro y se da cuenta que en el grupo de los motociclistas hay una mujer. En las últimas funciones, muchos se pusieron de pie para ovacionarme y eso es genial. Me hace muy feliz”, manifestó.

La vida fuera del circo

Cuando las luces se apagan, Ayelén retoma su vida normal y se localiza en sus objetivos. Si bien hace cuatro años decidió abandonar su hogar familiar y vivir en el circo junto a su pareja, sus obligaciones y propósitos personales siguen intactos.

“Hace tres años estoy cursando Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y mi vida se reparte entre el circo y los estudios. Una vez que me reciba me gustaría especializarme en cirugía o traumatología”, contó.

Además, contó cómo combina los horarios de trabajo con el cursado: “En época de clases, que es la temporada baja del circo, las funciones se realizan de jueves a domingo, por lo que curso de lunes a miércoles y, en algunos casos, sobre todo cuando tengo que dar algún examen fuera de esos días disponibles, lo que hago es faltar a las funciones”.

El objetivo de esta hermosa mujer es terminar sus estudios y ejercer profesionalmente, pero asegura que para ello aún falta un largo trecho. “La medicina y el circo son mis dos pasiones, por lo que sueño con seguir haciendo las dos cosas a la vez. No me imagino afuera del circo”, finalizó.