Un estudio desarrollado por científicas veterinarias del Conicet busca identificar las enfermedades zoonóticas de los roedores que se encuentran en la zona urbana. Los capturarán vivos con trampas Sherman y les realizarán análisis de sangre.
Si bien existen una gran variedad de agentes infecciosos (bacterias, parásitos y virus), el laboratorio del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (Imbecu) tiene como interés principal indagar sobre patógenos que pueden afectar la salud de las personas, como los animales reservorios del parásito que produce enfermedad de Chagas.

Las lechuzas como punto de partida
La investigación es la segunda etapa del proyecto que está instalando cajas nidos en diferentes puntos de la Ciudad de Mendoza para atraer lechuzas y controlar la población de pericotes.
Estas aves, al igual que la mayoría de los rapaces, regurgitan los alimentos que no pueden digerir, por ejemplo, pelos y huesos. Ese bolo, que se denomina egagrópila, será analizado por los biólogos para determinar qué tipo de ratas hay en la urbe de la provincia y cuál es su área de distribución.

Con base en esto, el equipo de científicas instalará tramperos en espacios específicos para determinar qué patologías pueden transmitir estos especímenes.
La propuesta denominada “Epidemiología urbana: animales silvestres como centinelas y aliados” resultó ganadora del Fondo Verde para la Sostenibilidad Ambiental 2023, iniciativa de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza y el Banco Galicia.
El estudio sobre lechuzas está a cargo de Agustín Zarco, Manuel López, Lucas Sbriglio, Paula Garrido, Ever Tallei, Benjamin Bender y Nicolás Guardia del Iadiza y, el de roedores está integrado por Mariella Superina, Melisa Morales, Belén Dominicio y Sophia di Cataldo, del Imbecu.

Roedores infectados
Melisa Morales, doctora en Ciencias Biológicas y veterinaria de profesión, del laboratorio de fauna silvestre del Imbecu, indicó que “las bacterias, parásitos y virus pueden estar presentes en los roedores, llamados centinelas o indicadores de enfermedades infecciosas”.
En este sentido, precisó que era importante aprovechar la información que los biólogos obtendrían de la egagrópila para acotar el radio de búsqueda de ratones y así poder hacerles análisis.
“Desde hace seis años, en nuestro laboratorio estudiamos roedores y el parásito Trypanosoma cruzi, el agente causal de la enfermedad de Chagas, y en 2018 encontramos algunas especies de ratas infectadas”, dijo.

La trampa es de fácil uso, solo se necesita colocar la comida como cebo y esperar a que el roedor entre a la caja metálica. Así es anestesiado y se le puede hacer la toma de sangre, ya que las científicas trabajan con normas de Bienestar Animal.
“Muchas veces asumimos que hay pericotes y lauchas en la ciudad, pero nos hemos llevado la sorpresa al encontrar especies de roedores que no sabíamos que estaban presentes en áreas urbanas y que son interesantes a nivel epidemiológico”, explicó Morales.
El problema del Chagas
Una de las líneas de investigación más importante de las científicas es el estudio de la enfermedad de Chagas en diferentes regiones de la provincia.
Se han hecho investigaciones en áreas rurales de Lavalle y Malargüe, pero esta vez, decidieron poner el foco en la metrópolis, donde había escasos estudios o reportes.

Si bien el Trypanosoma cruzi se encuentra en 200 especies de mamíferos, incluyendo a roedores, estos últimos pueden participar en ciclos de transmisión del parásito, al ser predados por otros animales (gatos, comadrejas, zorros y perros) y a la vez ser fuente de alimentación para vinchucas que habiten en las cuevas o refugios de las ratas.
“El estudio de animales infectados ayuda a comprender factores de riesgo biológicos, sociales y epidemiológicos que permitan abordar estrategias en materia de salud pública que ayuden a los mendocinos“, concluyó Morales.
