Dalmiro Garay estaba en aprietos. La idea de ser reelecto como presidente de la Suprema Corte fue puesta en riesgo porque, prima facie (a los abogados les encanta esa figura), José Valerio contaba con los votos necesarios para conducir los destinos del máximo tribunal de la provincia por los próximos dos años. O eso creía.

De un lado, Garay tenía aseguradas las manos levantadas de Teresa Day y Pedro Llorente. Del otro, Mario Adaro y Omar Palermo iban a acompañar a Valerio. Y todo indicaba que Julio Gómez haría lo mismo. Sin embargo, el ex integrante del Tribunal de Cuentas no acompañó..

Pesaron sobre él cuestiones culturales por las cuales no podía votar a Valerio. No era algo personal ni que tuviera que ver con criterios judiciales, sino diferencias en el modo de ver la vida. Gómez, más conservador y cercano a la Iglesia Católica, no quería ver como presidente de la Suprema Corto a alguien vinculado con grupos masones. Parece intrascendente la discusión, pero fue así. Decisiones que van más allá de las leyes y de los códigos procesales.

Sin Valerio en carrera, el pleno de la Corte le dejó en claro a Garay que, de todos modos, no estaba de acuerdo con la manera en que condujo el tribunal durante los últimos años. Le cuestionaron cierto dejo de despotismo en su manejo y también una cercanía demasiado amigable con el Poder Ejecutivo. Todo eso, en detrimento de la corporación judicial. Y, si bien entienden que la Corte siempre juega un rol clave a nivel político, consideran que la prioridad siempre tiene que estar puertas hacia adentro. Es decir: primero el Poder Judicial y sus necesidades y conveniencias.

Esas críticas fueron en la misma sintonía a las recibidas por Day hace unos meses cuando, como representante de la Corte en el Consejo de la Magistratura, no informó sobre decisiones trascendentes en ese organismo. De nuevo, lo mismo: más allá de las simpatías partidarias que puedan tener uno u otro ministro, coincidieron en que primero hay que defender los intereses internos.

“Algunos venimos del radicalismo; otros venimos del peronismo. Pero hay que entender que formamos parte de la estructura judicial. Somos hombres y mujeres de la Justicia. Hay algunos que todavía no se dieron cuenta de eso y creen que son empleados”, dispararon dos ministros consultados.

Garay hizo acuse de recibo; sobre todo, cuando supo que, si no cambiaba su estilo de liderazgo, la presidencia podía quedar en manos de Adaro, que apareció como un tercer candidato a la presidencia y que contaba con los votos necesarios para alcanzar ese lugar.

Finalmente se hizo una especie de tregua. Un borrón y cuenta nueva. Tabula rasa, al estilo Javier Milei. Garay aceptó los cuestionamientos y la necesidad de que su cercanía a Alfredo Cornejo no influya en la vida institucional de la Corte. Porque, en definitiva, esos son los puntos más destacados que tiene la presidencia: la representación política y liderar la Junta Electoral y el Jury de Enjuiciamiento.

El mensaje también fue dirigido a Day, que tendría su participación en el Consejo de la Magistratura con los meses contados. No le perdonan el escandalete que se originó cuando, de manera irregular, decidieron eliminar a toda la comisión evaluadora en materia penal. Tanto fue el ruido de esa decisión, que semanas después tuvieron que dar marcha atrás. Y si bien falta un montón –su representación vence en septiembre de 2024-, el candidato para ocupar su lugar es Gómez.

Garay asumirá la presidencia con un doble control a sus espaldas. La presencia de Adaro y Palermo como vicepresidentes buscará poner más equilibrio en las decisiones administrativas. Además, habrá un responsable por cada área. Por ejemplo, Day en temas de Familia, Adaro en modernización o Valerio en asuntos penales y con un rol organizacional más importante: coordinar todas las acciones del pleno de la Corte y garantizar institucionalidad.

La duda es qué pasará en el futuro cercano con Llorente, el cortesano de mayor antigüedad y que hace unos meses logró resistir un embate político y mediático que buscaba su jubilación. Puertas hacia adentro confirman que es el momento para que converse los términos de su salida por la puerta grande y que dé un paso al costado. Y, de ser así, a Cornejo se le abriría un nuevo cupo para elegir a otro supremo.