La empresa Agua y Saneamiento Mendoza (Aysam) presentó su balance del ejercicio 2025 con una ganancia neta de casi $39.278 millones, 2,5 veces más que el año anterior ($15.449 millones). El salto se explica en gran parte por los aumentos tarifarios autorizados por el Gobierno -25% en febrero y 6,64% en julio- en un contexto de inflación más controlada que en ejercicios previos.
Además, el margen neto de la empresa encabezada por Humberto Mingorance pasó del 14% al 25% de sus ventas, una mejora sustancial en su rentabilidad operativa.
No obstante, al profundizar en la letra chica de los estados contables, se observa que esta holgura financiera de corto plazo coexiste con tensiones operativas e inconsistencias entre los informes oficiales de la conducción y la realidad de las cuentas. Señales que la empresa deberá seguir de cerca.
La deuda con la Provincia se disparó
El dato más contundente es el salto en el endeudamiento de largo plazo: el pasivo no corriente pasó de $1.308 a $12.249 millones, un incremento del 836%.
Casi la totalidad de ese salto corresponde a fondos que la Provincia le adelantó a Aysam en el marco del Fideicomiso de Resarcimiento de los Daños de la Promoción Industrial.
El propio balance explica que en octubre de 2024 la empresa suscribió con el Gobierno un convenio marco “para la ejecución de Proyectos de construcción, ampliación y/o refuncionalización de infraestructura necesaria para el desarrollo provincial”, y precisa que se trata de fondos por los que la empresa deberá “reembolsar el 100% del monto asignado”.
No es una deuda financiera tradicional en el sentido bancario, sino un adelanto de fondos que Aysam debe devolver: la empresa figura como “organismo subejecutor” y se comprometió a restituir esos montos indexados por UVA (unidades de valor adquisitivo), en cuotas semestrales o mensuales a lo largo de diez años, según el cronograma de cada obra.
Es decir que gran parte del ambicioso plan de obras de Aysam se está sosteniendo hoy con fondos que hay que devolver, no con caja propia.
Cada vez cuesta más cobrarle a los usuarios
Mientras la facturación creció, la capacidad de cobro empeoró. La previsión que la empresa constituye por deudores incobrables saltó un 83%, muy por encima del 40% de crecimiento en las ventas.
El propio balance incluye un gráfico revelador sobre la evolución de la cobranza a lo largo de los años. La empresa mide, para cada bimestre desde 2010, qué porcentaje de esas facturas terminó cobrando una vez transcurridos 360 días desde su vencimiento. El resultado es una caída sostenida y constante: del 97% de cobrabilidad del bimestre de 2010 se pasó a un 83% en el bimestre de 2024. Quince años de deterioro progresivo y sin pausa en la capacidad de la empresa para cobrarles a sus usuarios.
El mismo gráfico incluye además el dato del bimestre de 2025, que muestra apenas un 37% de cobrabilidad. Ese número, sin embargo, hay que leerlo con cuidado: al no haber pasado todavía los 360 días completos desde su vencimiento, todavía está “creciendo” y no es comparable en igualdad de condiciones con los años anteriores, que sí completaron ese plazo.

También le debe más a sus proveedores
La deuda de AySAM con proveedores y contratistas de bienes y servicios aumentó casi un 80% en el año, pasando de $10.362 a $18.541 millones. El dato llama la atención porque contradice directamente lo que sostiene la Memoria del Directorio, que asegura textualmente que en 2025 “se logró cumplir en tiempo y forma con las obligaciones asumidas, lo que permitió reducir significativamente el stock de deuda con proveedores en comparación con el cierre del ejercicio 2024”.
Los números del propio balance —expuestos en la Nota 2.10, “Deudas con proveedores de bienes y servicios”— muestran exactamente lo contrario.

Una red que ya mostró sus límites
La propia Memoria del Directorio admite que buena parte de la infraestructura de Aysam tiene más de 40 años y “ha superado su vida útil, producto de décadas de desinversión”.
Esa fragilidad dejó de ser un diagnóstico teórico en 2025: en la zona de Los Corralitos, Guaymallén, colapsó un colector cloacal clave del área metropolitana.
Se trata de la Colectora Máxima Noreste, una de las principales arterias cloacales del Gran Mendoza, con 26.000 metros de extensión y capacidad para transportar 1.800 litros por segundo. Construida en la década de 1980 en hormigón armado, el propio balance reconoce que “presenta procesos de corrosión natural por gases cloacales, agravados por un defecto de diseño en calle 2 de Mayo”: la falta de pendiente en ese tramo generaba arrastre y acumulación de sólidos que terminaron afectando el servicio.
Ante el colapso, la empresa tuvo que activar un plan de contingencia de emergencia y contratar a una firma brasileña especializada para realizar tareas de limpieza y video-inspección de un tramo de casi 3.800 metros de cañería.
Según el propio balance, sólo en un operativo puntual de octubre de 2025 se retiraron más de 300 metros cúbicos de sólidos acumulados en el sistema. Además, debió instalarse de urgencia un colector aliviador de 342 metros para descomprimir la traza original, recién terminado en septiembre de 2025.
La empresa aclara que, mientras tanto, “el sistema continúa en funcionamiento, sin posibilidad de corte del servicio”, y que para remediar el problema de fondo en forma definitiva se construirá una nueva etapa del colector cloacal de Colonia Segovia, con una inversión estimada de 20 millones de dólares.
El 90% de los usuarios sigue sin medidor
El balance vuelve a exponer una debilidad estructural del sistema comercial de Aysam: según sus propios datos, el 90% de los 441.097 clientes de la empresa paga bajo el régimen de “cuota fija”, es decir, sin que se mida su consumo real de agua.
Apenas un 7% combina cuota fija con recargo por exceso, y solamente un 3% tiene un esquema volumétrico real.
La propia empresa reconoce en su Memoria que ese esquema, “al desconectar el costo del consumo real, no fomenta el uso responsable y nos empuja irremediablemente al derroche”. Es una autocrítica explícita de la compañía sobre su propio modelo comercial, que además incide directamente en el fenómeno del Agua No Contabilizada (ANC): el agua que se produce y distribuye, pero que no llega a facturarse porque se pierde en el camino o no se mide correctamente.
Recién durante 2025, AySAM comenzó —de manera piloto— la instalación de micromedidores inteligentes en distintos sectores del Área Metropolitana, con tecnología de medición ultrasónica y lectura remota por radiofrecuencia.
En una primera etapa se analizaron 70 casos de grandes consumidores con consumos superiores a los 800 metros cúbicos mensuales, y entre fines de 2025 y principios de 2026 se recibieron los primeros 70 medidores para su instalación. Según la propia empresa, el objetivo de esta prueba piloto es construir una metodología que después pueda proyectarse a los 5.000 grandes consumidores de la provincia, aunque el esquema de cuota fija sigue siendo, por ahora, la norma para la gran mayoría de los usuarios.
Lo que juega a favor
No todo el balance son señales de alarma. La empresa mejoró también su liquidez de corto plazo: lo que tiene disponible para afrontar pagos inmediatos creció bastante más que sus compromisos de corto plazo, lo que le da mayor margen de maniobra financiera que en 2024.
El flujo de efectivo generado por la operación propia del negocio se multiplicó casi por seis, lo que indica que, más allá de los fondos adicionales recibidos, la actividad genuina de la empresa también mejoró.
