Después de perder siete kilos en tres semanas, Kim Kardashian, de 1.57 metros de altura, pudo ponerse el vestido de Marilyn para el evento más esperado del mundo de la moda.

Si bien Kim se elogió a sí misma por estar a la altura del “desafío”, el mensaje preocupó tanto a los expertos como a los fanáticos, quienes temen que la empresaria esté promoviendo una cultura de dieta peligrosa de la que nuestra sociedad ha tratado de alejarse en los últimos años.

“Alterar tu cuerpo para encajar en un atuendo es más que desaconsejable; es tóxico. Enmarcar la pérdida de peso extrema como una decisión racional envía a mujeres y hombres el mensaje de que deben cambiar sus cuerpos y sufrir por la moda si esperan ser dignos de admiración y elogio. Que el estado predeterminado para cualquiera que quiera lucir lo mejor posible es la privación. Que si quieres ser guapísima, será mejor que ‘te pongas manos a la obra’, para citar a la propia Kardashian”, manifestó la galardonada escritora y editora de revistas de moda Emily Cronin, en un artículo reciente que se publicó en la revista Elle.

Así entró Kim Kardashian en el vestido de Marylin Monroe. Imágenes no aptas para personas sensibles o conservadores de museos del traje pic.twitter.com/PcNxltOmiD

— Martín Bianchi Tasso (@martinbianchi) May 4, 2022

El objetivo de Kim no era divertirse, sino entrar en el vestido y recorrer la alfombra roja del evento. Así lo señaló a su llegada, pues aclaró que no pretendía asistir a la fiesta posterior. ¿La razón? En su habitación de hotel le esperaba un festín de sus donuts preferidos, de Doughnuttery, y unas 20 pizzas de Joe’s Pizza NYC.

Para Marta Martínez, embajadora de Urban Sports Club, “esta conducta, seguida de comer todo lo que ha sido restringido anteriormente, es precisamente lo que entendemos como problemas de conducta alimentaria”.