A horas de la audiencia pública convocada por la Sala 2 de la Corte local para darle volumen a las voces que se siguen oponiendo a llegada de Teresa Day al máximo tribunal provincial, la disputa política de la cual es víctima la justicia mendocina suma un nuevo capítulo. Esta vez, con proyección nacional. Y la grieta entre los ministros supremos, lejos de cicatrizar, está más abierta que nunca.
El enfrentamiento es indisimulable. De un lado, del radical, Dalmiro Garay es, además del presidente del Tribunal, la cabeza detrás de todas las decisiones de manejo judicial que están en sintonía con los intereses del Ejecutivo. De otro lado, Omar Palermo ostenta el rol de líder del grupo filoperonista; elegido como enemigo por el ex gobernador Alfredo Cornejo apenas asumió su gestión. Quizá no tanto por el concepto que ambos tienen la de Justicia, sino por el manejo de la misma.
Cornejo supo de entrada que Palermo sería un obstáculo para sus planes de reforma. Palermo era y es en Mendoza la cara visible de Justicia Legítima, el grupo de magistrados allegados al kirchnerismo que suponen que debe producirse una revolución dentro del sistema judicial; en especial, de la Justicia Federal, y siempre según el prisma y el concepto de Cristina Fernández.
La posibilidad de que Omar Palermo forme parte del conjunto de juristas que asesorará al presidente Alberto Fernández para la redacción de un proyecto de reforma judicial, termina de posicionarlo claramente en la vereda contraria a la del actual gobierno provincial; en especial, porque desde el radicalismo lo apuntan como uno de los que operó en contra de la intención que tuvo Cornejo para introducir modificaciones en la justicia mendocina que incluían el aumento del número de jueces de la Suprema Corte.
La convocatoria a Palermo es diferente de aquella invitación que recibió Aída Kemelmajer de parte de Cristina Fernández para integrar la Comisión de notables encargados de la reforma del Código Civil y Comercial de la Nación. La jurista mendocina ya había renunciado a su cargo como ministra de la Corte local y su presencia tenía que ver sólo y exclusivamente con sus capacidades académicas.
Si fuera por eso, que el presidente haya pensado en Palermo está más que justificado. Pero, intencional o no, entró en el lodo de la pelea política que se desató en la Corte. Y esta invitación llega en el momento en que todos están embarrados.
