El jueves 17 de setiembre se terminó parte del misterio que rodeaba el asesinato de la joven travesti Melody Barrera en Guaymallén.
Un policía de 31 años llamado Darío Jesús Cháves Rubio fue capturado por orden de la fiscal de Homicidios Andrea Lazo como autor material del hecho de sangre. Lo imputaron y terminó en la cárcel.
A poco más de un mes de la detención, la representante del Ministerio Público amplió este jueves el avoque de imputación contra el sospechoso luego de un profundo análisis de la prueba.
Si bien continúa arriesgando prisión perpetua como única pena en caso de ser hallado culpable si llega a a juicio (por jurado popular), la modificación de la acusación evidenció cómo fue el accionar del hombre de la fuerza.
Además de entender que Cháves Rubio acribilló a Barrera por odio a la orientación sexual, identidad o expresión de género (travesticidio), calificó el hecho como un homicidio agravado por la condición de sujeto activo (se trata de un policía que utilizó su arma reglamentaria para matar) y alevosía (aprovecharse del estado de indefensión de la víctima), porque se encontraba de espalda al recibir los seis proyectiles que terminaron con su vida la madrugada del 26 de agosto en Correa Sáa y Costanera.
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De esta forma, Lazo solicitará en los próximos días que un juez dicte la prisión preventiva contra Cháves Rubio, ya que la causa se encuentra en la última etapa y luego será citada a debate.
El policía no ha declarado en la instrucción que lidera Lazo. No se conoce su versión ni cómo fueron sus movimientos cuando mataron a Barrera. Pero un testigo fue el que marcó el camino del esclarecimiento días después del travesticidio.
Señaló que Chaves Rubio le dijo que iba a ir a matar a la joven trabajadora sexual utilizando una frase contundente: “Voy a ir a buscar el arma y cagar a tiros al travesti”.
Para los detectives del caso, el policía y la travesti mantenían algún tipo de relación y apuntan más a encuentros íntimos del tipo oferta de servicios sexuales y cliente.
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Por causas que no están del todo claras pero manteniendo la hipótesis de homicidio basado en el odio a la orientación sexual, Chaves Rubio utilizó el arma provista por el Estado para matar.
Disparó repetidas veces y dejó las vainas servidas de su pistola calibre 9 milímetros en el piso. Esta prueba se transformó en determinante para la fiscal Lazo.
El cotejo balístico realizado por los profesionales de Policía Científica arrojó coincidencia, es decir, los casquillos fueron disparados por el arma secuestrada durante las medidas que también permitieron la detención del efectivo.
Un testigo fue el que marcó al policía Chaves Rubio, alias Pelado, como el travesticida. Dijo que se movilizaba en un VW Bora, como se detectó en imágenes que captaron cámaras de seguridad de la zona de calle Costanera (el hecho no fue registrado por los aparatos) y lograron tomar la patente de los cristales de las puertas, ya que no tenía el dominio en el lugar correspondiente porque había sido comprado un par de semanas antes.
Identificado el rodado, los pesquisas fueron hasta la comisaría 34º de Godoy Cruz, donde prestaba servicios el sospechoso, y lo detuvieron.
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Secuestraron su arma, el teléfono y también el vehículo. El análisis del celular sirvió para ubicarlo en la escena: Chaves Rubio utilizó el aparato en los momentos previos y posteriores al hecho de sangre y las antenas de su compañía lo captaron en las inmediaciones de la escena.
Con el combo de pruebas, la fiscalía amplió la imputación en las últimas horas y espera que se dicte la medida cautelar que afecta la libertad para luego ir a juicio.
