El presidente Mauricio Macri viajará personalmente a Estados Unidos con el objetivo de convencer a los principales banqueros y fondos de inversión de Wall Street de que no hay posibilidad de caer en default durante su Gobierno, que cumplirá con lo pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que 2019 será el año de recuperación de la economía argentina y que, al finalizar su gestión, el país tendrá mejores indicadores que los que él recibió.
Para lograr este cometido, solicitó a sus colaboradores, el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, y el vicepresidente del Banco Central, Gustavo Cañonero, que organicen durante su estadía en Nueva York -a donde viajará para participar por segunda vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas- una serie de desayunos y reuniones de trabajo con operadores clave de Wall Street.
Macri decidió viajar a Estados Unidos luego de que le llegaran desde Nueva York diversas opiniones sobre la realidad económica y financiera del país. Si bien se pondera aún la decisión del presidente de abrir la economía, cambiar el signo financiero frente a los años kirchneristas, el ascenso de mercado emergente y de volver al mundo de los bancos internacionales, se reconoce que desde abril pasado parte de la relación con los inversores mundiales se perdió. Y que desde hace dos meses directamente el país está marginado y relacionado con cada economía emergente que entre en crisis.
En este contexto, el Presidente no le pierde pista a cada castigo que se les aplica a los bonos locales y las empresas argentinas que cotizan tanto en Buenos Aires como las ADR de Wall Street. A su vez considera “injustas y sobreactuadas” las decisiones de abandonar las posiciones locales y convertir en prohibitivas las tasas de interés que deberían pagar si quisieran acudir a los mercados financieros voluntarios, tanto el Estado nacional como los provinciales y nacionales y, fundamentalmente, las empresas privadas.
En las últimas semanas, Macri se mostró particularmente preocupado por la imposibilidad de continuar con la búsqueda de fondos en Wall Street, de parte de una de las empresas más importantes de la Argentina y donde más expectativas había puestas en que consiguiera un financiamiento millonario en dólares para invertir en el país.
Este panorama negativo, sumado a las casi inevitables sanciones que desde la SEC se le aplicarán a las empresas que cotizan en el mercado neoyorquino y que están involucradas en el escándalo de los Cuadernos K, crearon un cóctel explosivo y un clima antiargentino en Wall Street que Macri buscará personalmente aplacar.
La decisión final del Presidente de viajar hacia Nueva York y ser el personalmente el que le hable a un grupo de inversores vip terminó de tomarse a partir de las experiencias que recogieron en esa ciudad Quintana, Cañonero y Bausili, que escucharon esta semana la repetición de la palabra maldita: default. No fueron pocas las personas de alto poder de decisión de Wall Street las que le manifestaron al trío argentino que viajó para tranquilizar corazones (con suerte diversa) las dudas de los inversores sobre la verdadera capacidad del país de cumplir con sus compromisos financieros durante 2019.
Según los números de los inversores, al país le faltarían unos u$s20.000 millones para el año próximo. Y se duda de la capacidad del Gobierno de Mauricio Macri de conseguirlos. La idea del Presidente es dar su palabra de que la situación está bajo control.
Los anfitriones de Macri ante los inversores de Wall Street son, por ahora, dos: el fondo Black Rock y el Templeton, dos reconocidos colaboradores del Gobierno argentino. El primero tiene una relación más que cercana, y desde los primeros tiempos de la llegada de Macri al poder. Es el fondo de inversión más grande del mundo. Está manejado por el magnate Larry Fink, y durante el kirchnerismo era considerado, sin mayores profundidades interpretativas, como un fondo buitre en la misma línea que el Elliott de Paul Singer.
En el caso de Templeton, el romance es más cercano en el tiempo, y aparece bajo el padrinazgo de Luis Caputo aún como ministro de Finanzas. A su vez, es socio de SBS Asset Management, fondo del que Gustavo Cañonero era director antes de asumir en el Banco Central como vicepresidente.
