Esta semana tendremos la luna llena en el signo de piscis y es un momento ideal para hablar de amor. Hablar de amor después de la adolescencia es como hablar de lo prohibido, pero como es evidente, no todo en este universo depende de nosotros y al igual que es el destino a veces los astros confabulan, nos acorralan e inevitablemente terminamos hablando de amor.

Al volvernos adultos el amor se vuelve un tabú, un fetiche que lo dejamos para amantes. Los cuales buscamos con ahínco y cuando los encontramos los vivimos con culpa. De cierta forma separamos el romance, la pasión, el deseo y la libertad del compromiso y el bienestar.

Algo sucede, silenciosamente, cercano a los 30 cuando nos visita Saturno por primera vez y sembramos la creencia inamovible de que el amor es para adolescentes; y para cosechar los beneficios de la adultez, el precio a pagar es monotonía, sacrificio e indolencia.

Después de los 30 el amor queda atrás y le damos paso a la perseverancia y el sacrificio. Astrológicamente esto es en gran parte inevitable, es por eso que debemos ser conscientes que después de un tiempo necesitamos redefinir el éxito, la seguridad, saltar hacia el abismo y atrevernos a amar nuevamente.

Esto no sólo aplica para quienes han experimentado relaciones dolorosas o fracasos matrimoniales, sino también para quienes llevan años dentro de una relación y han olvidado ser amantes.

Un amante no es una tercera persona en cuestión. Según el diccionario, un amante es una persona que siente una intensa atracción emocional y sexual hacia una persona y desea compartir una vida en común con ella.

El yugo de Saturno es creer que un compañero o compañera de vida es incompatible con un amante. Pero Saturno no es un demonio y tampoco está sólo en el cielo. Neptuno es el inmenso planeta azul que se encarga de llevar el amor a un nivel más allá.

¿Cómo volver a ser amantes? Neptuno guarda el secreto. Algunos podrán decir que el secreto es la imagen del amante despojado que no teme a perderse en el otro, quien ama es capaz de atravesar el miedo a la pérdida, el miedo al abandono y sin miedo es capaz de amar en libertad. Otros podrán decir que el secreto está en la valentía del amante, que por amor es capaz de cruzar continentes e incluso vidas. Tal vez lo que tienen en común ambos estilos de amantes, es que se atreven a experimentar. Amar es un acto que inexorablemente requiere de la carne, del cuerpo y de la experiencia humana de estar vivo.

¿De qué sirve ser amantes? Saturno es en la mitología romana es el titán que en Grecia era conocido como Cronos, dios del tiempo. Es cierto que gracias a Saturno aprendemos una versión profunda del compromiso, pero quien olvida ser amante es devorado por el tiempo, porque se aleja de la expresión de su propia identidad. Quien deja de conectar con la energía contrastante de amar, pierde contacto astrológicamente con el motor de vida que constituye la pasión y las ganas de vivir. Quien deja de correr el riesgo que implica amar es devorado por Saturno y muere en vida.