Si las idas y vueltas en la lucha contra la pandemia dan algún respiro, como una ventana que apareciese para abocarse a otras cosas, el gobernador Rodolfo Suarez tendría que prestarle atención a ese mar de fondo que ha comenzado a aparecer incipientemente en el campo del oficialismo alrededor de su proyecto de reforma institucional. “Todo esto que ha pasado en la semana me impidió avanzar, pero espero que en la próxima (por esta que arranca hoy) pueda enviar el proyecto”, me comentó el gobernador en un breve contacto días atrás, cuando la provincia se conmovía por los más de 60 casos de contagiados de coronavirus en un solo día.
Esa semana, la que pasó, terminaría con el récord de más de 200 nuevos enfermos, obligó a encender todas las luces de alarma y se despediría con la inesperada sorpresa de un grupo numeroso de ricos, notables y algunos famosos de la sociedad mendocina compartiendo un asado en un circuito de enduro, en la precordillera, cerca de Potrerillos, sin las consabidas normas de seguridad para prevenir la peste. El hecho provocaría en Suarez una profunda indignación y, una vez superado el estupor, llamaría a los mendocinos, usando las redes sociales, a confinarse voluntariamente por los próximos 15 días para evitar el avance del Covid, o, al menos, una nueva acción de contención hacia el mismo.
En otra dimensión y escala, distinta de todo lo relacionado con la pandemia, discurre el resto de los asuntos de gobierno y de gestión. Entre ellos, el que se viene con más ínfulas es el de la reforma institucional. En el oficialismo no todo está liso con este proyecto. Si bien siempre estuvo el convencimiento de que en algún momento Suarez avanzaría con aquello que había afirmado en la campaña electoral, lo que primero hoy hace ruido en algún grupo de dirigentes del oficialismo, particularmente legisladores, es el momento para impulsarlo y también las formas. Sobre el momento, aquellas voces algo disconformes sostienen que no hay espacio para discutir semejante objetivo con la pandemia instalada y lanzada; sobre las formas más que nada apuntan a eso de la aparición del envío del proyecto por los medios, sin siquiera un aviso previo, no sólo por cortesía, sino más que nada para conocer su contenido, mascullan los más quejosos y muy en reserva.
La semana del aumento descomunal de los casos, la anterior, a Suarez le llegó el enojo de algunos que, de incrementarse y ganar adeptos, podría llegar a hacer fracasar lo que hasta el momento se ha transformado en lo más importante institucionalmente hablando como legado de su paso por la Gobernación. Sin exagerar, al gobernador se le fueron cayendo uno a uno los postes en los que asentaría la impronta del Gobierno. Eso ocurrió apenas arrancó. La pandemia, luego cambió los objetivos y en el medio surgió el bombardeo a Portezuelo. Si logra salir airoso en el manejo de la peste, al gobernador le queda concentrase en la reforma constitucional. Cuando le avisaron que había mar de fondo, prometió convocar a todos los legisladores del espacio oficialista para presentarles el proyecto y resumir su contenido. Esa reunión no se había convocado hasta el viernes. Es probable que se realice en estos días y se supone que sería antes del envío formal del proyecto a la Legislatura.
De lo que ha trascendido sobre lo que quiere modificar Suarez, quizás la propuesta de convertir a la Legislatura en unicameral es la que provoca más reacciones. Los cuestionamientos en el propio oficialismo apuntan a que, de entrada nomás, la idea tiene una debilidad primigenia y es la del ahorro que generaría la eliminación de una de las cámaras. Es muy poco, en verdad, en el universo de gastos de la Provincia. Apenas alcanzaría el 1 por ciento. Además, la observan como demagógica y populista. Suarez, en principio, estaría preparado para la embestida. Reconocerá que, más que nada, es simbólica y gestual y que la política, por sobre todo y para lo que viene en la pospandemia, es la que primero tiene que prepararse para las privaciones que puede que lleguen a ser espantosas.
Sin embargo, también se sumarán otros aspectos diferentes del ahorro, como los verdaderamente institucionales, por caso. Si la unicameralidad no abre la posibilidad de que los controles sobre el Ejecutivo sean más laxos, si en algún momento puede llegar a transformarse en una traba absoluta a la marcha de un gobierno que no pueda avanzar por contar con una legislatura adversa, cualquiera sea el gobierno. Se suma la idea de eliminar las elecciones de medio término a la discusión y otros temas para los cuales, dicen dentro del oficialismo, los que tienen dudas, se pueden abordar con seriedad cuando la pandemia no deja espacio para otras cosas.
Y esto último, si en verdad es así, el hecho de que la pandemia ha terminado por dominar absolutamente todo con el miedo, el temor a lo que viene, la incertidumbre y todo ese amplio bagaje variopinto de estrés que se ha manifestado en todos nosotros acaso no ha sido producto de la misma estrategia que asumió el Gobierno y todos los gobiernos cuando todo empezó. Recién hoy el gobernador pide aislamiento voluntario por quince días. No son pocos los que –y no por haber leído el diario del lunes precisamente–, hoy manifiestan que lo que hoy se pide se debió haber hecho al comienzo y lo del comienzo, quizás, implementarse ahora, cuando los casos aumentan y probablemente lo sigan haciendo. Pero el desgaste fue tan fuerte que ya no hay espacio para mayores restricciones, aunque amenacen con ellas.
