¡Que mundo el de la cárcel! Es algo muy difícil de entender, muy difícil de describir. Sabemos superficialidades de la cárcel, del hacinamiento, de la falta de estructura, de los motines, de las fugas. Sabemos cuando la cárcel es noticia y eso, seguramente, hay que anotarlo para el lado malo. No nos involucramos y es lógico. Allí están los que nos hicieron daño, los que nos hicieron víctimas. Pero no son ajenos a nuestra sociedad. Fue nuestra sociedad la que engendró esa situación.

    Mientras la cárcel siga como está, no hay recuperación, no hay regreso, no hay transformación, al contrario, hay una potenciación de la delincuencia, una agudización de los conflictos. En las actuales condiciones es muy difícil que los internos salgan con otro pensamiento que no sea delinquir. ¿Es posible que cambien? Claro que es posible, pregúntele a Marcelino Altamirano. En la cárcel funciona, como puede, una escuela.

   Charlamos con los maestros y con los internos, los presos, si usted quiere, sobre todo los jóvenes, sobre su situación sin escondernos nada. Están haciendo una revista que tiene un nombre significativo: La oveja negra. Los orienta Mauricio Martínez, licenciado en Comunicación Social. Esta es la revista, una humilde publicación en su apariencia pero llena de vivencias terribles, angustiantes, esperanzadas, prometedoras. Es la revista de los jóvenes internos de la cárcel, tal vez, al abrirla, también abramos una puertita a la esperanza.