El incumplimiento de los créditos de los hogares pasó del 12,8% en agosto al 12,2% en septiembre, según un informe de la consultora 1816. Aunque el indicador mostró una mejora, las refinanciaciones de deuda continúan en aumento y ya alcanzan los $2,9 billones. El crédito en pesos, en tanto, permanece prácticamente estancado.
La morosidad de las familias argentinas registró en septiembre su segunda caída mensual consecutiva, aunque continúa en niveles elevados. Según el adelanto del indicador elaborado por la consultora 1816, sobre la base de los datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), el porcentaje de préstamos a hogares en situación irregular pasó del 12,8% en agosto al 12,2% en septiembre.
La reducción fue de 0,6 puntos porcentuales y se produjo en un contexto de estancamiento del stock total de créditos. De acuerdo con el análisis de la consultora, la mejora del indicador refleja una disminución de la deuda en situación irregular y no una expansión significativa del financiamiento a las familias.
La tendencia también se observó en el conjunto del sector privado no financiero. La irregularidad de los créditos otorgados a familias y empresas descendió del 7,75% en agosto al 7,50% en septiembre. Sin embargo, el comportamiento fue diferente al separar los sectores: mientras la morosidad de los hogares retrocedió, la de las empresas tuvo un leve incremento, del 3,80% al 3,82%.
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Otro dato positivo del relevamiento fue la reducción de los atrasos de hasta 90 días, que corresponden a la situación 2 de la clasificación del Banco Central y todavía no se consideran deuda irregular. En septiembre, este indicador se ubicó en el 2,52% del total de los créditos, su nivel más bajo en más de un año.
Las refinanciaciones de deuda siguen en aumento
Pese a la mejora de septiembre, el endeudamiento de los hogares continúa mostrando señales de tensión. Uno de los indicadores que refleja esa situación es el crecimiento de las refinanciaciones, que volvieron a aumentar y representaron el 3,9% del crédito total a las familias durante ese mes.
En el caso de las empresas, la proporción fue considerablemente menor y alcanzó el 0,9%. Según los cálculos de 1816, los hogares argentinos ya refinanciaron deudas por un total de $2,9 billones, una cifra que evidencia la magnitud de las dificultades para cumplir con los compromisos financieros.
La consultora también destacó que la caída de la irregularidad entre las familias fue generalizada. El ratio de morosidad descendió en septiembre en las 12 principales entidades financieras que concentran los créditos a hogares. Esto indica que la mejora no estuvo concentrada en un banco en particular, sino que se extendió al conjunto del sistema financiero.
Sin embargo, el comportamiento de la morosidad debe analizarse en relación con la evolución del crédito. En octubre, los préstamos en pesos registraron un incremento real del 0,9%, tomando los datos disponibles hasta el 23 de ese mes. El resultado mostró una performance algo mejor que la de los tres meses anteriores, aunque todavía insuficiente para modificar la tendencia de estancamiento del financiamiento en moneda local.
Un crédito que no logra recuperarse
Uno de los puntos centrales del diagnóstico de 1816 es que el crédito en pesos permanece prácticamente estancado desde la eliminación de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), a mediados de 2025. Esta situación limita la posibilidad de que las familias puedan acceder a nuevos financiamientos y reorganizar sus compromisos.
El informe también permite dimensionar el deterioro que experimentó la capacidad de pago desde fines de 2024. En octubre de ese año, la irregularidad agregada del sistema financiero era del 1,5%. En el caso de las familias alcanzaba el 2,5%, mientras que entre las empresas se ubicaba en apenas el 0,7%.
Aunque los últimos datos muestran una desaceleración de la morosidad, los niveles actuales continúan muy por encima de aquellos registros. La combinación de refinanciaciones crecientes, dificultades para acceder a nuevos créditos y un stock de préstamos estancado mantiene la presión sobre las finanzas de los hogares argentinos.
