Hay muchas frases que hablan de los jefes. Los jefes, esos que nos mandan en los trabajos. Cualquiera sea la índole de un trabajo, siempre hay un jefe que nos impulsa, nos guía, nos reta, nos humilla. Por eso, muchas frases desacreditan a los jefes. Pero también hay chistes. El jefe ordena a su secretaria escribir una nota citando a reunión con todo el personal para el viernes.

    La secretaria, no muy experta en ortografía, pregunta a su jefe: “¿Cómo se escribe viernes, con ve corta o larga?”. Y el jefe le responde: “¡Cambie la reunión para el lunes!”. Había dos hombres charlando en un bar y uno dice al otro: “Tengo un jefe genial”. “Qué bien, Horacio ¿Qué hace?”. “Se la pasa durmiendo todo el día”. “¿Y vos que hacés?”. “Yo ayudo”. El jefe es una figura infaltable en los lugares de trabajo.

    Existe un señor que se llama Kenneth Nowack, norteamericano, psicólogo y asesor de recursos humanos, que ha dicho que los trabajadores a las órdenes de líderes más inteligentes emocionalmente son más efectivos y gozan de mejor salud que los que tienen jefes mediocres que, además de estrés laboral, pueden aumentar el riesgo de que sus empleados padezcan de hipertensión.

    Los grupos de trabajos mal gestionados son, en promedio,51% menos productivos y 44% menos rentables que los bien dirigidos. Un jefe puede incidir directamente en nuestros parámetros de felicidad y hacernos la vida imposible. No es un mito ni una resistencia de aquellos a los que les ha tocado un puesto con una persona a cargo, es el resultado de análisis bien melonudos de Nowack, que ha puesto aun con cifras el perjuicio que causa en la empresas, que, bueno, vaya y pase, pero en cada uno de los empleados de esa empresa, el tener un jefe agresivo o demasiado riguroso o poco amigo o poco inteligente. En fin, errar es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía. Dime quién es tu jefe y te diré si eres feliz.