Ocurrió a mediados del año pasado, aunque no quedó registro alguno porque se movilizó todo un aparato judicial y policial para que la noticia no trascendiera.
Ella, una virreina de mandato cumplido, iba en el asiento del acompañante y prácticamente no se enteró en qué momento el auto chocó. El vehículo era conducido por un importante CEO de la misma empresa en la que trabaja la chica.
Paseaban por el Parque San Martín de noche y, al parecer, iban hablando de trabajo. Él explicaba cuál era su punto de vista sobre la labor de ella. Ella, mientras, seguía con sus cosas.
Tan encendido estaba el debate, que el hombre de negocios perdió el control del volante y chocó.
Automáticamente comenzaron los llamados influyentes. Tanto, que no quedó huella alguna del hecho. Sólo hubo testigos, y con eso alcanza.
