Rodolfo Suarez resistió todo lo que pudo a la presión intensa que llegó de arriba, con Alberto Fernández insistiendo para que Mendoza retroceda de fase; y de abajo, con los intendentes de la zona metropolitana buscando lo mismo.
La tenaza se cerró así sobre el gobernador, que se oponía al cierre de actividades para no resentir aún más a la golpeada economía local, aunque también admitió que “la situación es compleja, es crítica en algunos hospitales”. Finalmente el dato sanitario duro (la ocupación de camas de terapia intensiva cerca del 90%) lo terminó de convencer sobre la necesidad de dar un paso (o más) atrás en la cuarentena.
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“Entendemos que el coronavirus es muy malo, pero también es malo que la economía esté cerrada”, dijo el mandatario este miércoles en una videoconferencia. “Sigue funcionando la economía en Mendoza. Tenemos casos, por supuesto, como ocurre en todos los lugares, pero nosotros estamos apostando a los mendocinos, para que con estos cuidados podamos seguir así y no tengamos que cerrar”, señaló un día después en un acto oficial de entrega de viviendas en Maipú.
Así defendía su búsqueda de un delicado balance entre lo sanitario y lo económico. Todo cambió en las últimas horas. Primero en la tensa teleconferencia con Fernández del mismo jueves por la tarde, donde se exhibieron dos claras posturas antagónicas. En un tramo de esa reunión virtual de tres horas, el presidente dejó en claro que pretende que Mendoza restrinja actividades para evitar una posible crisis sanitaria incontrolable. Y para el gobernador, en cambio, cerrar las actividades económicas para reducir la circulación no representaba una solución.

No fue la primera vez que Fernández intentó que Mendoza retrocediera de fase. La respuesta de Suarez siempre fue la misma: la provincia está en una situación compleja pero preparada para dar respuestas ante el aumento de casos positivos de coronavirus.
Si Suarez se fue a dormir con algunas dudas sobre su estrategia para combatir el coronavirus, lo que pasó este viernes en Casa de Gobierno fue probablemente un golpe más duro. Porque esta vez los que le pidieron dar marcha atrás fueron los propios intendentes del Gran Mendoza, la mayoría oficialistas.
En la reunión presencial, Suarez mostró datos y contó detalles de la charla con Fernández. La respuesta de los jefes comunales estuvo más cerca de la postura presidencial: suspender algunas actividades para restringir la circulación y bajar la tensión en el sistema sanitario.
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Lo reconoció el intendente de Las Heras, Daniel Orozco: “Si implementamos restricciones es muy probable que oxigenemos el sistema de salud”, sostuvo el médico. Matías Stevanato fue por el mismo camino: “La provincia está atravesando una situación crítica de las camas de terapia intensiva”, indicó cacique peronista de Maipú.
Suarez cedió, aunque sus declaraciones recientes marcan que su pensamiento es otro. Por ejemplo remarcó que cerrar la economía no sólo afecta al sector privado ya que “tenemos muchos ingresos propios, pero el consumo está restringido y, cuando eso sucede, las arcas del Estado se resienten”.
“Hemos mantenido una economía abierta, está funcionando el comercio en general, los restaurantes, shoppings, las industrias, el campo. En la medida que el sistema sanitario siga atendiendo y respondiendo a los ciudadanos, vamos a mantener esta actitud desde Mendoza”. El gobernador lanzó esa frase el miércoles por la tarde. Menos de 48 horas después está dispuesto a apretar el “off”, como prometió que haría si el sistema de salud ingresaba en una etapa crítica.
