Mantener a Diego Norberto Vildoza (42) tras las rejas por un asesinato perpetrado en noviembre del 2017 no es el único objetivo de los pesquisas de la Fiscalía de Homicidios e Investigaciones.
Este malviviente arrastra una larga y compleja relación con ciertos sectores de la policía –confirmada por él en declaraciones que hizo en otra causa que le imputaron en el 2016, sostuvieron fuentes judiciales– además de una lista importante de antecedentes.
El Pelado Vildoza permaneció en la orden del día cinco meses y medio por el asesinato del carpintero Juan Carlos Moya en su casa de Gutenberg al 900 de Guaymallén, y fue capturado el martes en una propiedad del barrio Las Almendras de Maipú luego de que un informante que no buscaba cobrar la recompensa de 200 mil pesos que ofrecía el Ministerio de Seguridad pasara el dato de su escondite a Investigaciones.
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El fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello ya había detenido a Vildoza por este caso pero el juez Marcos Pereira le había otorgado la libertad el año pasado porque creyó en la declaración que hizo para despegarse del hecho.
Lo cierto es que el caso Moya le generó un serio dolor de cabeza a las autoridades ministeriales: a fines del año pasado trascendió que dos efectivos de Investigaciones –entre ellos, un comisario inspector que era segundo jefe de la Dirección– fueron pasados a disponibilidad por estar sospechados de tener relación con Vildoza mientras se encontraba en la clandestinidad.
Por lo menos, uno de ellos, principal de la División Homicidios, fue acusado de recibir una moto del presunto malviviente a cambio de que no informe su escondite.
Más allá del vehículo, que lo habría adquirido cuando Vildoza fue liberado en la causa Moya, existen sospechas de que el Pelado pasaba información de diversas pesquisas a cambio de impunidad.
Mientras se toma una decisión final contra los miembros de la fuerza –existen causas penales por encubrimiento agravado contra ellos que las instruyen los fiscales Pirrello y Juan Ticheli–, la herida no está sanada en los jefes policiales de Investigaciones.
Debido a esto, en el allanamiento que se desarrolló el martes después de las 12 en la propiedad de calles Víctor Hugo y Scorgo, que permitió reducir a Vildoza mientras se relajaba en una pieza, secuestraron un teléfono celular y dos SIM card.
Estos elementos, que eran uno de los objetivos de los detectives, van a ser peritados en las próximas horas y no se buscará información sobre el asesinato de Moya, por el tiempo transcurrido –más de dos años– sino pruebas para conocer si mantenía diálogos con policías en actividad, tal como sospechan los responsables de Investigaciones.
La información fue confirmada por fuentes de las pesquisas policial y judicial y se espera que Delitos Tecnológicos desarrolle un profundo trabajo sobre los teléfonos a fin de elevar un informe que se incorpore a los expedientes penales, agregaron las fuentes.
Y trascendió que existen audios de WhatsApp comprometedores y que dejarían en evidencia el accionar policial.
Efectivos que participaron en la detención contaron a El Sol que Vildoza pasó rápidamente de la Comisaría Décima, donde quedó alojado en primera instancia por una cuestión de jurisdicción, a los calabozos del Centro Transitorio Judicial (Cetraju).
Allí permaneció bajo una fuerte custodia del GES hasta que Pirrello le notificó este miércoles la imputación y ordenó su pase a la cárcel.
Vildoza es señalado por policías que lo siguen desde hace años como informante y asaltante. Sus detenciones vienen siendo noticia desde hace años.
Es más, fue uno de los “custodios” de un camión que, al parecer, se dirigía a Tucumán detenidos a fines del 2015 en Lavalle con un arma que le pertenecía a un comisario en actividad.
Ese expediente fue elevado a juicio a fines del 2016 y, por causas que se desconocen, ese proceso está frenado en los Tribunales locales.
El asesinato
Este miércoles, Vildoza estuvo frente a frente con el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello. Después, se ordenó que pasara a la cárcel nuevamente por el crimen del carpintero.
El imputado por homicidio criminis causa ampliará su declaración en el expediente cuando su defensa lo disponga. Se mostró preocupado por su futuro procesal y por las investigaciones que se iniciaron contra los policías.
Debido a esto, se ordenó que el Servicio Penitenciario mantenga “vigilancia especial” mientras pasa sus días en la cárcel.

El crimen del carpintero sucedió en su casa de calle Gutenberg al 900 de Guaymallén el 4 de noviembre del 2017.
Ese día, al menos tres sujetos ingresaron al domicilio y mantuvieron un encuentro contra el hijo de Juan Carlos Moya, quien se encontraba durmiendo.
El hombre se despertó e intentó defenderse de las agresiones con un machete. La investigación de Pirrello sostiene que los sujetos buscaban dinero en efectivo.
Moya ofreció resistencia pero terminó recibiendo dos balazos, uno fatal, en la zona del tórax. Murió a los pocos minutos, agrega la instrucción.
Por el hecho de sangre hay otros dos detenidos, Francisco el Torito Agüero y Lucas Villanueva, de 48 y 39 años, respectivamente. Ambos se encuentran en la cárcel con prisión preventiva. En primera instancia, Vildoza también fue uno de los detenidos.
Sin embargo, el juez Marcos Pereira creyó la versión de que el sospechoso se encontraba festejando el cumpleaños de su hijo el día y la hora en que se produjo el crimen y ordenó su libertad.
El fiscal Pirrello continuó los trabajos y sumó pruebas de importancia que motivaron un nuevo pedido de captura: un informe de la compañía de teléfono que utilizaba Vildoza confirmaba que estaba cerca de la escena del crimen y se supo que el cumpleaños había sido ese día, pero varias horas después del asesinato.
Asimismo, un cotejo de ADN con un pelo hallado en el auto que utilizaron los malvivientes que atacaron a Moya reveló que Vildoza también tuvo que ver con el hecho de sangre.
Por todas estas pruebas, su situación procesal volvió a complicarse.
