Foto: Gemini

ꟷ  ¿Y la llegaste a ver a la novia?

ꟷ ¡Si! Estaba muy delicadita. El tocado era como el casquete de Julieta, de Romeo y Julieta, todo de perlitas. Y el vestido, precioso, todo bordado, con apliques de flores y una perlita en cada centro. Es que es muy buena modista la Chiche, tiene una mano… ella le hizo el vestido.

Este diálogo podría haberse escuchado en muchos barrios en la década del ´70 o del ´80. Era costumbre que cuando una chica se casaba, varias vecinas se reunían en la puerta de la casa para verla salir y después comentar.

Pasaron muchos años, se podría hablar de que hay menos casamientos y de que la manera de vivir es bastante diferente. Pero lo que cambió, sin que nos diéramos cuenta, es la manera de contarnos las cosas, el modo en que relatamos. Ya no describimos, ya las palabras no se usan para algo que puede ser reemplazado con una foto. A lo sumo, puede suceder que se diga, “te mando la foto que sacó tal o cual porque su teléfono tiene mejor cámara”.

Lo mismo pasa con la comida, antes si una persona iba a un restaurante, lo primero que hacía era tomar la servilleta, apoyarla en el regazo y, si se estaba acompañado, podía comentarse si parecía que el plato estaba tentador o hasta ofrecer probar. Ahora, llega lo que hayamos pedido y es automático, se mira, se toma el teléfono y se le saca una foto… o varias, para decidir después cuál salió mejor para postear. Casi que estamos cediendo la capacidad simbólica. La palabra no guarda relación con el objeto al que nombra, no es como una huella que denota la pisada de un animal, o las miguitas que dejan la imagen de la galletita de la que se desprendieron. La palabra puede cambiar según la época y el sitio, ni siquiera hace falta pensar en distintos idiomas, ya en el castellano puede ocurrir que se usen maneras diferentes para señalar la misma cosa: un “carlitos” en Córdoba o en Mendoza es un tostado en Buenos Aires. Un “tinto” en Venezuela es un café negro de Argentina y, si nos ponemos a buscar ejemplos podemos seguir toda la mañana. Alguien podrá decir que una imagen vale más que mil palabras pero la posibilidad de imaginar va de la mano con lo que no se ve.

A veces ocurre que se hace la versión en cine o en serie de un libro que leímos e inmediatamente nos fijamos si los actores tienen la cara, la manera de caminar, los gestos y hasta la voz que imaginamos al leer. Claramente el mundo audiovisual tiene sus propias reglas para el relato y puede trasmitir y emocionar con sus propios recursos. Es otra la cuestión, porque si no pareciera que nos queremos quedar estacionados en el pasado y que se rechaza todo lo que tenga que ver con la evolución y la tecnología. Se trata de no abandonar aquello que tenemos, esa posibilidad de “hacer ver, hacer sentir” con las palabras.

ꟷ Te dejo porque me tengo que poner a cocinar.

ꟷ ¿qué vas a preparar?

ꟷ Unos canelones, ya preparé la masa, los voy a rellenar con ricota, pedacitos de jamón y nueces picaditas. También ya tengo la verdura rehogada con ajo, cebolla y morrón. ¡Y no te cuento cómo salió la bolognesa! Un olorcito hay en la cocina…

ꟷ ¡se me hace agua la boca!

ꟷ Cuando los termino de hacer, te mando foto.