A sangre fría y ante la mirada de su esposa y su nieto de 3 años, Darío Roberto Cáceres (49), alias Cacerola, fue asesinado de cinco balazos a mediados de julio en Las Heras. Transcurrido poco más de un mes de la investigación, los pesquisas tienen claro que el ataque letal estuvo motivado por una “guerra” entre dos familias del barrio San Francisco.

Amenazas, peleas y denuncias cruzadas, forman parte del trasfondo que desembocó en el sangriento hecho. El expediente cuenta con tres imputados tras las rejas: los hermanos Gianfranco Maximiliano y Fernando Exequiel Grangetto Álvarez y su cuñado, Kevin Torres Funes. 

El viernes, la conjueza Natacha Cabeza, del Juzgado Penal Colegiado N° 1, extendió su estadía carcelaria al dictarles a los tres la prisión preventiva, tal como lo había solicitado el fiscal de Homicidios Carlos Torres, a cargo de la instrucción.

La causa tiene un cuarto sospechoso: el hermano menor de los Gangretto Álvarez que tiene 15 años, por lo que es inimputable. El adolescente fue el primer aprehendido, horas después del crimen, pero recuperó la libertad debido a su edad.

La versión inicial sostenía que el chico había sido el autor de los disparos y que le habían proporcionado el arma para matar, a sabiendas de que su minoría de edad le iba a permitir salir airoso en caso de ser sindicado por el homicidio.

Aunque también habían versiones que colocaban a Torres Funes como el portador del arma de fuego.

Sin embargo, la esposa de la víctima, la testigo más importante del caso, no sólo señaló en el expediente al menor, sino que también a sus hermanos y su cuñado.

La mujer no tuvo problemas para reconocerlos cuando abordaron a su marido para quitarle la vida, debido a venían protagonizando altercados entre ellos desde hacía tiempo y se habían amplificado en los últimos días.

Incluso, para los pesquisas hubo un episodio que sirvió como disparador para el asesinato. Fue la noche anterior al hecho de sangre cuando los Grangetto habían tenido una pelea con el hijo de Cáceres, a quien lo acusaban del robo de una campera.

Ese robo fue denunciado en la Justicia y se acumuló al expediente que lidera el fiscal Torres. Esa no sería la única presentación que se ha radicado a raíz de la enemistad entre ambas familias, anteriormente las hubo por amenazas y otras situaciones, revelaron fuentes de la causa.

Expectativa frustrada

Los hermanos Grangetto se han visto extremadamente activos los últimos días en sus cuentas de Facebook, quizás aprovechando el permiso que tienen los presos para tener celulares y así poder comunicarse con sus familiares ante la imposibilidad de recibir visitas en plena pandemia por el coronavirus (Covid-19).

En los días previos a enfrentar la audiencia de prisión preventiva, habían publicado posteos en los que expresaban sus expectativas de poder recuperar la libertad.

Sus familiares habían contestado esos posteos con mensajes positivos y hasta pidiendo “justicia”, entendiendo que los hermanos son inocentes del delito que se les acusa.

No obstante, todo se desmoronó tras la decisión de la conjuez Cabeza de que continuarán detenidos.

El hecho

Eran alrededor de las 15 del 14 de julio cuando Cáceres salió de su casa del citado barrio junto a su mujer y su nietito para ir a comprar hasta un negocio cercano.

En el camino, cuando iban por la vereda de la manzana G la esposa de la víctima tuvo un primer cruce con una mujer vinculada a los Grangetto.

Acto seguido, unos cinco sujetos salieron de un domicilio y abordaron al Cacerola. Uno de ellos portaba una pistola calibre 22 automática y, casi sin intercambiar palabras, le gatilló unas seis o siete veces a corta distancia.

Cinco plomos impactaron en la humanidad de la víctima, quien quedó tendida sobre la vía pública mientras su mujer pedía auxilio desesperada y los autores se daban a la fuga.

Tras ser alertado de lo ocurrido a través de la línea de emergencias 911, los primeros uniformados llegaron a la escena. Pero el hombre ya había sido llevado hasta el Hospital Carrillo en un vehículo particular, donde médicos constataron que estaba sin vida.

Momentos después, mientras continuaban los trabajos en el lugar se ordenó un registro domiciliario en la barriada, que permitió la captura del menor. Al cabo de algunas horas cayeron sus hermanos.