Pedir préstamos, gastar los ahorros y recurrir al tradicional “fiado”. Esas son las principales estrategias de las familias mendocinas que “no llegan a fin de mes” con sus ingresos y se ven obligadas a agudizar el ingenio y buscar alternativas financieras, que en muchos casos no son las más recomendables.
La Encuesta de Condiciones de Vida 2017 realizada por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) del gobierno provincial analiza las “Estrategias de vida” de los mendocinos. En ese apartado se consideran casos que denotan una situación de debilidad o carencia porque “se presume que los ingresos corrientes y de fuente genuina no son suficientes y los miembros del hogar deben recurrir a ayudas externas, endeudamiento, etc”.
El informe destaca que se trata de “estrategias precarias” ya que no son sustentables en el tiempo porque “dependen de planes asistenciales, de decisiones de personas que no son miembros del hogar o simplemente del azar”.
El trabajo de la DEIE abarcó los 18 departamentos de la provincia, teniendo en cuenta la división en zonas urbanas y rurales. En el caso de las “Estrategias de vida” también se comparan los hogares pobres y no pobres.

En este sentido, los hogares urbanos pobres de Mendoza “han utilizado principalmente como estrategia de subsistencia el gasto de los ahorros y la compra en cuotas o fiado. Ambas estrategias también han sido las principales utilizadas por los hogares no pobres, siendo la principal, en este caso, la compra en cuotas o fiado”.
“También se destacan como estrategias utilizada por los hogares pobres, el préstamos de bancos y financieras, el préstamo de la vivienda y el de familiares o amigos. En el caso de los hogares no pobres, otra estrategia muy utilizada es el préstamo de bancos y financieras y la venta de algunas de sus pertenencias“, agrega el documento.

En la comparación entre hogares rurales y urbanos, se indica que los primeros son los que utilizan en mayor medida alguna estrategia de subsistencia, entre las que resaltan el gasto de los ahorros, el consumo de productos recolectados o producidos por el hogar, el préstamo de bancos y financieras y el uso de la vivienda como forma de pago por el trabajo.
En el caso de los hogares urbanos se destacan el gasto de los ahorros y el préstamo de bancos y financieras.
Qué dicen los especialistas
“Indudablemente ir a pedir prestado al banco o a una financiera debería ser la última opción, por las tasas de interés estratoféricamente altas que hay“, opinó el economista Sebastián Laza. “Si no llegás a fin de mes lo mejor es ajustar el gasto. Y si no podés ajustar porque estás en el límite, la mejor opción es recurrir al financiamiento sin interés como puede ser el fiado, las cuotas sin interés o promociones”, agregó.
Según el especialista, “sacar un crédito personal en un banco, pagar el mínimo de la tarjeta y el resto refinanciarlo, o ir a una financiera son las soluciones de última instancia a las que se debería apelar por los niveles tan altos de tasas de interés que hay”.
Por su parte, Alejandro Trapé consideró que la dificultad para llegar a fin de mes con dinero en el bolsillo “es una situación real que están viviendo en muchas familias de clase media o media-baja porque el ajuste salarial no ha compensado los aumentos de precios o directamente no ha llegado y se ven forzadas a disminuir sus consumos”.
“Recomendaría tratar de ajustar los consumos que se puede y de ninguna forma pedir un préstamo para cubrir consumos, salvo que se trate de consumos básicos e impostergables”, explicó el economista y consultor.
“Promovería, aunque suene doloroso, un ajuste de esos consumos que se pueden postergar porque esta situación ha llegado para quedarse durante varios meses”, pronosticó Trapé, quien puso como ejemplos a la televisión por cable, el club o alguna suscripción. “Algo que pueda ir suspendiendo sin que eso signifique un retroceso muy grave en mi pauta de consumo. En cambio no se pueden suspender gastos de alimentación o de vestimenta para los chicos, que son fundamentales“, agregó.
Finalmente realizó una comparación entre lo que sucede a nivel familiar y lo que ocurre en el país. “Desistiría por el momento de préstamos bancarios o financiamiento con las tarjetas porque son carísimos. Es pan para hoy y hambre para mañana. Si no hacés un ajuste de gastos, mañana tenés de nuevo el problema y pasado otra vez. Y ya el financiamiento se empieza a acabar. Esto que pasa a nivel microeconómico es lo que le pasa a la Argentina a nivel país: no hacer el ajuste que necesita y seguir financiándose con capitales o préstamos del exterior obviamente no es una solución de largo plazo“, enfatizó.
