A veces, el Universo, el destino, la vida, el alma o nuestro inconsciente conspira para desencadenar cambios. Habitualmente, parecen sorpresivos, pero la mayoría de ellos llevan larga data gestándose en las profundidades del día a día.

En muchas oportunidades, durante años somos capaces de sobrellevar situaciones que no nos gustan o nos parecen incómodas, siempre hay fundamentos para encontrar las razones correctas para permanecer.

El estatus social, las responsabilidades económicas, los apegos, el temor a dañar a otro, son algunas de las justificaciones que encontramos para no llevar a cabo conscientemente el cambio.

La biología humana está diseñada para buscar el placer en todas sus formas, y, aunque no nos guste reconocerlo, no hay mal que dure cien años.

El dolor inicialmente tiene un gran potencial de transformación y de impulso, es una gran fuerza para generar cambios y encontrar nuevos caminos; sin embargo, cuando se prolonga en el tiempo y nos lleva a una posición de víctima, el dolor se transforma en sufrimiento. Es porque nosotros mismos nos resistimos a dejar antiguas formas y evitamos que el cambio ocurra.

¿Por qué no podemos dejar atrás el sufrimiento? ¿Por qué, aunque entendamos que debemos superar ese sentimiento, no podemos hacerlo?

Desde una mirada astrológica, una de las razones por las cuales es tan difícil dejar atrás el sufrimiento es porque confundimos transformación con destrucción.

Arquetípicamente, el planeta Plutón simboliza la fuerza de transformación, de regeneración y de aniquilación en su polaridad más extrema.

La explicación que nos brinda la astrología de por qué no dejamos atrás el sufrimiento es el apego a nuestra identidad. Tal vez a un nivel no muy evidente creemos que más vale estar en un mal lugar o en una mala situación pero ser la misma persona.

Si está sufriendo por alguna situación, deténgase a pensar: ¿qué parte de su identidad está en amenaza si cambia? ¿En qué tipo de persona se transformará si realiza el cambio? Habitualmente, sufrimos porque no somos capaces de enfrentar nuestros temores y hacerlos reales. A menudo, detrás del sufrimiento se esconde el miedo a ser una nueva persona, distinta de la que conocemos.

Una de las claves es comprender que transformarse no implica destruirse. No implica dejar atrás todo lo que hemos sido, la transformación puede ser selectiva y podemos incorporar nuevos aprendizajes y nuevas formas de nosotros mismos, sin dejar atrás lo bueno que hemos construido con el tiempo con relación a nuestra propia persona.

Ser amoroso con uno mismo, cuidarse, mimarse y darse tiempo para conocer al nuevo yo que emerge es necesario para sostener el cambio y dejar atrás el sufrimiento.

El movimiento está presente en la vida en todas sus versiones, en las plantas, los animales, las estrellas y, por supuesto, en nosotros. Evitar el cambio es elegir permanecer en el sufrimiento.