Sin duda nos detengamos o no a recordar un poco, son habituales los días como estos, días en los que todo un mar de contraste nos habita. Días en los que pareciera que en nuestro interior viviese el océano pacífico con sus inmensas olas negras azuladas y el océano atlántico a ratos transparente y calypso, reflejo fiel del cielo, como la muerte. A veces sentimos que estamos entre ambos sólo sostenidos por un escuálido istmo. Así se puede llegar a vivir una luna llena, porque en luna llena el sol y la luna se miran de frente y aunque pudiéramos pensar que es la razón mirando al corazón, los pensamientos y los sentimientos están hechos de lo mismo y son por igual intensos y volubles.
El hecho de crear etiquetas y categorías semánticas, no sólo es un acto impulsivo del ser humano; sino más bien un mecanismo cognitivo automático. Le ponemos nombres o etiquetas a las cosas no sólo para poder denominarlas sino para entenderlas. Entre esas cosas están nuestros sentimientos y pensamientos. No es conveniente desconocer el correcto significado de las palabras, porque nos expresamos mal, pero cuando desconocemos el significado propio que le damos a esas palabras es un verdadero problema.¿Alguna vez te has preguntado a qué denominas tristeza? En tus significados ¿Cómo diferencias la nostalgia, de la abulia o el desgano? ¿Te has sentado a definir la escala de sensaciones que transitan entre la ansiedad y el entusiasmo?
Para los pueblos antiguos el lenguaje era una de las principales herramientas para crear una buena vida. El poder de la metáfora funcionaba como timón invisible en la oscuridad que guiaba al ser humano en su dualidad interna y la incertidumbre del vasto mundo que habita. Mediante el lenguaje se creaban hechizos capaces de proteger, sanar, atacar o incluso destruir a alguien. Ese tan temido oficio llamado hechicería no ha desaparecido, de hecho se volvió tan común que todos lo usamos sin resguardo alguno. El arte de encantar con la palabra dejó de ser exclusividad de hechiceros, brujos y chamanes, la hechicería se vistió de racional y comenzó a ser ampliamente utilizada por políticos, filósofos y comerciantes. Hoy es tan común que ni siquiera notamos cuando nosotros mismos nos estamos hechizando. Los hechizos se conocen como falacias, creencias limitantes, patrones sociales y culturales a seguir, ideas de cómo debemos hacer las cosas para hacerlas bien; incluso la neurociencia, ha denominado sesgos cognitivos ha procesos del lenguaje que en la antigüedad perfectamente podrían haberse definido como hechizos.
Aprender a escuchar al corazón ¿Para qué? ¿Qué cosas habla el corazón? ¿A qué nos referimos cuando pensamos en las palabras del corazón? Probablemente es una metáfora gentil que hace alusión a escuchar aquellos pensamientos y sentimientos que no son evidentes, diplomáticos o correctos; pero que no por ser menos convenientes dejan de existir. El mundo ha cambiado drásticamente los últimos doscientos años. Antes el mundo era pequeño, dirigido y controlado solo por algunos; pero hoy no lo es. Hoy, el libre albedrío nos acompaña desde que nos levantamos: debemos elegir qué ropa ponernos, qué desayunar, si ir o no al trabajo, debemos decidir si pagar las cuentas o no y en qué prioridad. Antes le pagabas un tributo al rey o señor feudal de turno y punto, o ni siquiera tenías para pagar nada, por lo que no existiría la posibilidad de decidir si hacerlo o no.
Así es como el principal efecto de la modernidad y del desarrollo ha sido la opción de elegir; con la consecuencia no tan grata de tener que decidir. Aún cuando es evidente, no nos educan ni nos enseñan a decidir. Vivimos con ansiedad, inseguridad y miedo al fracaso, no sólo por la incertidumbre del sistema, sino más bien por nuestra propia incapacidad de decidir. Para decidir, debemos aprender a ver más allá de los hechizos que nos han lanzado y de aquellos que nosotros mismos hemos creado. En la antigüedad sólo un hechicero podía conocer la forma de romper un hechizo, como en la actualidad el oficio se ha perdido, tal vez sólo resta que cada uno de nosotros aprenda a tomar consciencia de lo que habla y de lo que piensa y cultive al hechicero que vive dentro de él. Escuchar al corazón no es darle prioridad a los sentimientos o pensamientos ocultos, escuchar al corazón es aprender a romper hechizos y escuchar nuestra propia voz.
