Foto: El Sol.

La pobreza infantil en la Argentina alcanzó al 53,6% de los niños y adolescentes en 2025, mientras que la indigencia se ubicó en el 10,7%, según datos de la Universidad Católica Argentina.

El relevamiento, correspondiente a la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), marcó una mejora respecto de los picos recientes, aunque advirtió que se trata de un alivio coyuntural dentro de una tendencia ascendente en el largo plazo.

La serie histórica muestra un deterioro sostenido desde 2010, cuando la pobreza infantil era del 45,2%. Tras una leve mejora en 2011 y 2012, el indicador inició un ciclo de incremento casi ininterrumpido, con picos durante la crisis de 2020-2021 y un máximo en 2023, cuando llegó al 62,9%. Si bien en 2024 y 2025 se registró una baja, los niveles actuales se mantienen por encima de los valores de la década pasada.

En el caso de la indigencia, la dinámica es similar, con un máximo reciente del 17,7% en 2024 y una posterior caída que, aun así, no revierte la tendencia de fondo.

El informe expone que en 2025, el 28,8% de los menores experimentó inseguridad alimentaria, con un 13,2% en su forma más crítica. Aunque estos datos mejoraron respecto del año anterior, no lograron regresar a los niveles previos a 2017. La problemática se concentra en los hogares de menores ingresos y presenta mayor incidencia en el conurbano bonaerense.

En paralelo, la asistencia alimentaria alcanzó al 64,8% de la población infantil, el nivel más alto de la serie. Este aumento se consolidó a partir de 2020, impulsado por la expansión de comedores escolares y comunitarios y la implementación de la Tarjeta Alimentar. La cobertura de transferencias monetarias, como la Asignación Universal por Hijo, llegó al 42,5%, con una leve caída respecto de 2024.

Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina, la investigadora Inanina Tuñón advirtió que estas políticas no están diseñadas para cubrir la totalidad de los ingresos familiares, sino para compensar desigualdades entre trabajadores formales e informales.

El informe concluye que la persistencia de la pobreza infantil responde a factores estructurales, en un escenario donde la mejora reciente no altera la dinámica de fondo.