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Las alfombras son un elemento muy utilizado en el diseño de interiores porque ayudan a delimitar espacios, aportan textura y generan ambientes más cálidos. Sin embargo, también pueden acumular polvo, suciedad y manchas con facilidad. Por eso, mantener una rutina de limpieza y algunos hábitos simples puede marcar la diferencia para conservarlas en buen estado.

Aspirar con frecuencia

Uno de los cuidados más importantes es aspirar la alfombra de forma regular. Esto permite eliminar polvo, pelos de mascotas y pequeñas partículas que se acumulan con el uso diario. En espacios de alto tránsito, se recomienda hacerlo varias veces por semana.

Actuar rápido ante las manchas

Cuando ocurre un derrame, lo ideal es limpiar la mancha lo antes posible. Absorber el líquido con papel o un paño limpio y evitar frotar en exceso ayuda a que la mancha no se expanda.

Ventilar los ambientes

La ventilación es clave para evitar olores y humedad. Abrir ventanas y permitir la circulación de aire ayuda a mantener las alfombras frescas y en mejores condiciones.

Rotar la alfombra

En ambientes donde el tránsito se concentra en ciertas zonas, rotar la alfombra cada cierto tiempo permite que el desgaste sea más uniforme.

Realizar limpiezas profundas periódicas

Además del mantenimiento cotidiano, es recomendable realizar una limpieza profunda cada cierto tiempo. Esto puede hacerse con productos específicos o mediante servicios profesionales de limpieza.