Alberto Isuani es licenciado en Ciencias Políticas, tiene un posgrado en Relaciones Internacionales, cursó la diplomatura en Ciencias Políticas de la Flacso y está a cargo de la cátedra de Teoría del Estado y Políticas de Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. El golpe de Estado perpetrado en Honduras la semana pasada, por el cual el presidente Manuel Zelaya fue secuestrado a las 6 de su residencia y deportado a Costa Rica, puso en alerta a toda América latina. A quienes asumieron el poder en Honduras se les enrostra que, sin haberle dado oportunidad para defenderse, destituyeron al presidente Zelaya por estar involucrado en los delitos de traición a la patria, abuso de autoridad, usurpación de funciones y otros contra la forma de gobierno. Para comprender por qué en estos tiempos y en circunstancias tan excepcionales de un mundo globalizado puede ocurrir un hecho tan anacrónico como violatorio de las mínimas garantías constitucionales, El Sol entrevistó a Alberto Isuani, especialista en relaciones internacionales y docente de la UNCuyo, quien analiza en profundidad lo sucedido en el país centroamericano.
¿Qué pasó en Honduras? Esta es una típica reacción troglodita, poco inteligente de un sector dominante de un país de estructuras económicas muy atrasadas, muy feudales, que no soportaría la mínima posibilidad de cambio, que era la que podía insinuar Zelaya, aún sabiendo quién es Zelaya, hoy apoyado por el chavismo, que es el castrismo del 2009, así como en los 70 el cuco era Castro, hoy el cuco es Chávez, con su socialismo bolivariano. Con la diferencia de que hoy el socialismo bolivariano tiene chequera y con ella está permitiendo que muchos países centroamericanos que hoy tienen gobiernos progresistas empiecen con alguna medida un poco tímida, y una derecha muy poco inteligente recurre a un método absolutamente retrógrado para sacarse de encima al adversario. Es un golpe de Estado tradicional que demuestra que esa derecha no entiende nada del mundo, de los cambios, una derecha muy poco lúcida, a diferencia de la derecha chilena, que podría haber dado ya 20 golpes contra la Concertación pero que sabe que un golpe militar va a padecer, como le está pasando a Honduras, un aislamiento absoluto de todo el sistema financiero internacional y que, por lo tanto, no tiene ninguna posibilidad de prosperar como salida política. Entonces, es una derecha absolutamente anacrónica que ha querido recurrir, para enfrentar una realidad nueva, una solución vieja.
¿Quién es Zelaya? Es un político tradicional que ve el cambio que se está dando en el mundo y particularmente en América latina y decide tomar un giro a la centroizquierda apoyándose en este sustento económico de varios países cercanos, de construir un sistema o profundizar un sistema que Chávez llama el Alba, lo contrario al ALCA, crear una unidad latinoamericana sobre la base de un proyecto progresista, pero no se sabe muy bien qué es.
¿Qué buscaba Zelaya con el llamado a plebiscito? Probablemente, reformar la Constitución, porque hoy la mayoría de los gobernantes progresistas, como le pasó a Rafael Correa en Ecuador, a Evo Morales en Bolivia, a Chávez en Venezuela, cuando llegan al ejercicio del gobierno y quieren  desarrollar una serie de transformaciones se encuentran con que hay una estructura legislativa o constitucional demasiado desvencijada, hecha para mantener el antiguo régimen. Entonces, todo proceso de cambio lo que hace es reformar a su manera y a su medida las instituciones, para poder producir esos cambios. Generalmente, los poderes judiciales que vienen de regímenes preexistentes de gobiernos latinoamericanos de derecha están controlados por las clases dominantes y empiezan a frenar todo el proceso de transformación. Igual que los congresos, o como están constituidos todos los poderes a partir de gente que pertenece a los poderes oligárquicos. Entonces, una forma de democratizar esas sociedades es reformando las constituciones, adaptándolas a los nuevos tiempos. La pregunta es, si en esas reformas los sectores conservadores ven que se va a alterar su status quo, cómo reaccionan. Esto no quiere decir que toda reforma constitucional que haga un gobierno progresista vaya a ser buena.
La reelección indefinida que buscó Chávez es un caso paradigmático. Claro, es un caso que demuestra que hay una izquierda que todavía no aprendió ciertas cosas, como que a las transformaciones y los cambios sociales, la única posibilidad de ir haciéndolos es a través del sistema democrático. Muchachos, apostemos a largo plazo, aceptemos que por ahí perdemos y por ahí ganamos y que, a su vez, todo gobierno, sea de derecha o de izquierda, se termina corrompiendo y es buena una oxigenación y una renovación y la competencia que plantea el marco democrático y, por otro lado, un cierto equilibrio de poderes.
¿Le parece bien que la presidenta Cristina Kirchner haya participado activamente en lo que luego fue una fallida restauración de Zelaya en el poder? Sí, a pesar de lo que dice mucha gente que no entiende nada de nada. Dicen “la presidenta se tendría que haber quedado para cuidar el tema de la gripe A”, eso es una estupidez. Con este gesto, toda América latina está diciéndole a ese intento y a cualquier otro intento que hoy ni siquiera EEUU está dispuesto a bancar a un gobierno que trasgreda de esta forma el sistema democrático. Que haya habido una presencia personal de Cristina como de otros presidentes de la región, apuntalando política y diplomáticamente en un mundo globalizado donde un presidente tiene tantas tareas, tanto hacia el interior como hacia el exterior, no me parece incorrecto.
¿Qué opina del papel de EEUU? La política exterior de Estados Unidos es que para tener autoridad moral para enfrentar a regímenes totalitarios en el mundo no puede tener en su patio trasero golpes de Estado ni dictaduras.
¿Qué cree que sucederá? Porque la OEA presionó mucho, ¿pero alcanzará para revertir la situación política en Honduras? Va a alcanzar porque la clase dominante que está sustentando este golpe debe ser fácilmente comprable. Es un problema de tiempo. Cuando se den cuenta de que no pueden exportar, que están aislados internacionalmente, etcétera, etcétera, ahí nomás se van a dar vuelta en el aire como un panqueque y va a aparecer un grupo de militares leales y lo que aparece siempre y cambiará la historia. Ahora, no perdamos de vista que por más que Zelaya haya hecho cosas reñidas con la ley, el Congreso lo destituyó por unanimidad, también lo podrían haber juzgado. Cualquier constitución tiene los mecanismos para hacerlo, pero no para apoyar un golpe. Recurrir a las fuerzas armadas para dar un golpe, a la manera setentista, es no comprender el mundo en que vivimos. Los países ex comunistas, hasta Rusia, Irán y los países árabes, por lo menos quieren dar una imagen de democracia. Hoy la discusión en el mundo no es democracia o autoritarismo. En todo caso, dentro de la democracia, qué tipo de sistema vamos a tener. Hoy a ningún gobierno se le ocurre decirse no democrático. Y hasta las izquierdas más avanzadas del mundo lo han aceptado. Los nicaragüenses, el Consejo Nacional Africano, los países islámicos lo aceptan, por más que después te puedan hacer fraude en las elecciones. ¿Qué opina de la Iglesia católica hondureña, cuyos principales referentes han salido a apoyar el golpe de Estado? Me extraña, la verdad es que pienso que en ese país todos están ciegos. No me extrañaría si fuera un cardenal normal, pero sabiendo que es un cardenal que pertenece al ala progresista de la Iglesia, no entiendo. Pueden decirlo en privado, pero públicamente nunca pueden apuntalar un golpe de Estado de ese tipo. Si me lo explican a partir de atrocidades, de corrupción que haya hecho Zelaya, pues debe haber algún otro sistema constitucional para desplazarlo. Esa desprolijidad es falta de sutileza, falta de inteligencia. Hoy las derechas del mundo recurren a otros medios para desestabilizar a un gobierno. Los golpes de mercado, el control de los grupos económicos, de los medios de comunicación, hoy son las formas en que la derecha tiende a preservar sus intereses y no a través de la interrupción de los procesos constitucionales. Además, estos países tan golpeados, tan empobrecidos, tan humillados, con tan poca historia democrática en serio, con tanto atraso económico, con falta de una clase empresaria nacional y dinámica, con falta de una clase dirigente, tienen que poder sobrellevar el futuro de una democracia. Una democracia no es sólo el formalismo, es la posibilidad de que haya fuerzas internas de la sociedad civil con capacidad de sostener ese sistema.
¿Cómo evalúa la participación que ha tenido la OEA? La OEA está buscando despegarse desde hace tiempo de la direccionalidad que EEUU hacía de esa organización. De hecho, desde la presidencia de José Miguel Inzulza (ex canciller chileno), incluso con la pretensión de Chávez de formar un organismo nuevo, que fue la Unasur, donde estuviesen todos los países latinoamericanos sin EEUU, creo que la OEA se ha puesto los pantalones largos y se va a transformar en garante del funcionamiento democrático. Esto nos hace bien a todos los gobiernos latinoamericanos, porque hoy será por mí y mañana por ti.
¿Cómo se entiende esto que ha sucedido en Honduras dentro de un mundo globalizado? Casualmente, no se entiende. Porque quienes han hecho el golpe de Estado creen que todavía subsiste el estado-nación donde el gobierno y las fuerzas económicas tienen control y la soberanía absoluta sobre su territorio. Lo que demuestra el mundo actual es que ahora hay presencia de actores globales que perforan las fronteras nacionales y que tienen muchas veces más poder, ya sean organismos internacionales, medios de comunicación, internet. Mire lo que pasa en Irán, cómo nos estamos enterando de lo que pasa allí, y es muy difícil que Irán pueda frente al mundo tapar durante mucho tiempo si hubo o no fraude en las elecciones. Hoy el mundo está intercomunicado, hay grandes medios globalizados, las mismas empresas multinacionales que están preocupadas por aparecer con gran responsabilidad social no irán entonces a instalarse en países gobernador por dictaduras. Esto pudo ser antes. O lo harán con China, que también es una dictadura pero es un mercado con 1.300 millones de habitantes. Pero que, de igual modo, tanto EEUU como el resto del mundo siguen tratando de exigirle cada vez más garantías democráticas. 
¿Por qué hay condenas sobre unos y sobre otros países no? ¿Tiene que ver con el poder económico? Claro, tiene que ver con el poderío económico de un país o de otro. Si China pudo recuperar Hong Kong de Inglaterra y nosotros no podemos recuperar las Malvinas. Para Inglaterra, devolver Hong Kong le podía implicar establecer relaciones comerciales con un país económicamente poderoso, y a nosotros, como somos un país periférico, sin poder, nos mantiene el esquema colonial. Pero como va cambiando la historia, se produce un cierto dinamismo. Quizás dentro de 20 años, si toda Latinoamérica se pone firme y dice vamos a romper todos los países relaciones con Inglaterra y nacionalizamos todas las empresas si no devuelven las Malvinas, ahí la situación va a cambiar.
¿Cómo se le explica todo esto a los jóvenes y adolescentes que nunca escucharon la expresión “golpe de Estado”? El gran problema de los medios de comunicación es que la gran cantidad de información que recibimos hoy no nos permite recuperar memoria. Solamente un buen analista político es el que procede como un médico. Lo primero que hace el médico es ver tu historia clínica, luego hace el diagnóstico y el pronóstico. Son tres elementos fundamentales. Lo que les puedo decir a los jóvenes es que estudien historia, que lean, que recuperen memoria.
¿Cree que el sistema educativo argentino está formando ciudadanos democráticos? No, porque tenemos una sociedad profundamente anómica y transgresora. Una sociedad donde lo premiado es la transgresión a la norma. Hay poco apego del ciudadano a la ley y la debilidad del Estado para condenar al que trasgrede la ley, por eso nuestras cárceles son cárceles de pobres, que son los más débiles. Los ricos en este país no pagan, son impunes. Eso genera en la sociedad argentina que se la pase bien si uno no cumple con la ley. Y el esquema esencial del sistema democrático es que todos nos sometamos a una única ley que nos vuelva civilizados.