Los líderes mundiales que se reunieron en L’Aquila, la localidad italiana que fue epicentro del terremoto del mes de abril y que causó 299 muertos, dejan un buen sabor de boca aprobando un fondo contra el hambre y firmando un comunicando en el que constatan una mejora de la economía global, quizás en un gesto medido hacia las bolsas mundiales, aunque dejando claro que aún existen peligros.
Parece que al final de la reunión se consiguió un buen acuerdo. Los países del G-8 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Rusia) llegaron al compromiso de contribuir a la seguridad alimentaria en el mundo con un fondo de 20.000 millones de dólares en ayuda a la agricultura para los países en vías de desarrollo.
El compromiso de L’Aquila para la Seguridad Alimentaria, hace referencia también a la necesidad de acompañar esta asistencia de alimentos con la “expansión del empleo” y con políticas de apoyo a “minifundistas, mujeres y familias”, con el objetivo de diseñar una política global de asistencia a los más desfavorecidos.
Un alto funcionario estadounidense filtró el dato de que el aumento en las donaciones, que en principio iba a ser de 15.000 millones, se produjo tras de la intervención de presidente Obama, quien mencionó sus vínculos familiares con África –su padre es de origen keniano– para incidir en lo fundamental de la seguridad alimentaria.
No obstante, con ser mucho, no deja a todos contentos, sobre todo cuando esta cantidad es sensiblemente inferior –unas 75 veces menos– a lo que destinaron las naciones poderosas a salvar las entidades bancarias cuando se disparó la crisis económica mundial. Para la ONG Ayuda en Acción, esos 20.000 millones de dólares son “sólo un tercio de lo que el mundo necesita”.
Por su parte, el Fondo Internacional de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Agricultura (IFAD) ha mostrado su satisfacción, más que por el dinero, por el hecho de que la seguridad alimentaria forme ya parte de la agenda del G-8.
Los países más ricos y los estados africanos representados en esta cumbre de L’Aquila aprobaron también una declaración para ampliar el acceso al agua y a la higiene, basado en el principio de responsabilidad compartida, según dijo a Efe una fuente del Gobierno italiano.
El presidente estadounidense calificó la cita de L’Aquila de “muy productiva”, aunque reconoció que el sistema de cumbres internacionales podría “hacerse más efectivo”, para que se celebren menos, pero las que se realicen sean “tan productivas como sea posible”.
buenas perspectivas para el comercio. Pero desde luego, uno de los compromisos más celebrados fue el conseguido por el Foro de Economías Principales (FEP), formado por el G-8, el G-5 (China, India, Brasil, México y Suráfrica), Indonesia, Australia y Corea del Sur, para cerrar la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial antes del 2010.
Esta Ronda de Doha fue la respuesta del mundo a la crisis económica tras los atentados del 11 de setiembre en Nueva York. Se inició en la capital de Qatar en noviembre del 2001 y su objetivo era ampliar la liberalización del comercio internacional, que, a su vez, se había iniciado con la Ronda de Uruguay entre los años 1986 y 1994.
El problema, tras ocho años de negociaciones y con varios acuerdos firmados, es la agricultura en la medida que los países menos
desarrollados quieren que los más ricos desmantelen sus sistemas de ayudas al sector. Es el escollo en el que están inmersos Estados Unidos con la Unión Europea y Brasil con India.
Pero el acuerdo para cerrar la Ronda de Doha este año no supone ningún compromiso concreto en la liberalización del comercio de productos agrícolas, que hasta ahora había sido el motivo de bloqueo de varias reuniones.
Sin embargo, los líderes del FEP destacan la voluntad de desbloquear las negociaciones iniciadas en el 2001 y anuncian que durante las reuniones también se han alcanzado otros compromisos, como el de “no recurrir a la devaluación de las monedas nacionales” como método para fomentar sus exportaciones.
El director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, señaló que el compromiso adquirido en L’Aquila por el Foro de Economías Principales (FEP) para alcanzar un acuerdo para el 2010 en las negociaciones de la Ronda de Doha es un “claro paso hacia adelante”.
Otros asunto económico tratado ha sido el del petróleo, sobre el que el presidente de Italia, Berlusconi, afirmó que los líderes se mostraron de acuerdo en acabar con la especulación del crudo.
Con respecto al problema más humano de la crisis, la desocupación, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, comentó que se prevé un aumento el próximo año y puede que también en el 2011, matizando: “Pase lo que pase con los tiempos de la recuperación, más largos serán los efectos sobre el mercado del trabajo”.
Silvio Berlusconi, anfitrión de la cumbre en calidad de presidente de turno del G-8, insistió sobre este tema en que el componente humano de la crisis sigue siendo una de las principales preocupaciones para los líderes mundiales, que se plantean ahora la institucionalización de un G-14, formado por el G8 (EEUU, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia), el G5 (México, Brasil, Suráfrica, India y China) y Egipto.
Al respecto, el mandatario italiano dijo: “El G-14 representa una gran parte de los países. No se pueden adoptar decisiones válidas excluyendo a estos países emergentes. El G-14 en un futuro tendrá fuerza y podrá ser un punto fundamental”.
el medioambiente. En L’Aquila, los países ricos acordaron también reducir sus emisiones de CO2 en 80 por ciento para el 2050, pero el G-5 sólo accedió a comprometerse con que la temperatura media global no aumente más de dos grados centígrados respecto a la época preindustrial.
Además del avance en las negociaciones comerciales, los estados representados en la cumbre de L’Aquila, se comprometieron a reformar la legislación financiera y a reestructurar las instituciones internacionales.
El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, también presente en L’Aquila, se mostró “insatisfecho” con la falta de acuerdos concretos en materia de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y convocó una conferencia internacional sobre cambio climático antes de la próxima cumbre del G-20, que será en setiembre en Pittsburg.
El secretario general de la ONU anunció, además, una conferencia internacional sobre cambio climático en Nueva York que se celebrará el 22 de setiembre, en vísperas de la cumbre del G-20 en la ciudad estadounidense de Pittsburg.
Pero en el aspecto positivo aplaudió el compromiso de los países más ricos (EEUU, Japón, Canadá, Francia, Italia, Alemania y Reino Unido), más Rusia, en su apuesta por reducir a 50 por ciento las emisiones de gases.
El primer ministro italiano volvió a abordar la posible institucionalización en un futuro del G-14, formado por el G8 (EEUU, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia), el G5 (México, Brasil, Sudáfrica, India y China) y Egipto.
La iniciativa de L’Aquila para la Seguridad Alimentaria hace referencia también a la necesidad de acompañar la asistencia alimentaria con la “expansión del empleo” y con políticas de apoyo a “minifundistas, mujeres y familias”.
