El Papa permaneció 26 horas en la ciudad española de Valencia, la tercera del país, con casi un millón de habitantes, para clausurar el V Encuentro Mundial de las Familias, por lo que se sabía de antemano que expondría los postulados de la Iglesia católica, que sólo bendice el matrimonio entre un hombre y una mujer. Lo dijo el Pontífice nada más llegar, el sábado, al aeropuerto de Manises, en donde habló del carácter “insustituible” de la familia clásica, y lo repitió en sus otros cinco discursos, incluida la homilía de la multitudinaria misa con que se cerró el encuentro.

      En esa prédica, a la que asistieron en directo un millón de personas, según los organizadores, pidió “reconocimiento” y “ayuda” para mantener el matrimonio tradicional como célula básica de una sociedad cada vez más secularizada. Desde su perspectiva, de teólogo recurrió al ejemplo de la familia de Nazaret para concluir con que sólo en ese seno el hombre “puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral”.

      El Papa no acompañó los llamamientos a defender la esencia del matrimonio tradicional con críticas concretas al Gobierno español por la aprobación, hace un año, de la ley que regula los matrimonios entre personas del mismo sexo.