Venezuela atraviesa una de las mayores tragedias naturales de su historia reciente. En la tarde de este miércoles, coincidiendo con el día festivo por la conmemoración de la Batalla de Carabobo, dos potentes terremotos sacudieron el norte y la costa central del país.
Los movimientos telúricos ocurrieron casi en simultáneo, con sólo 39 segundos de diferencia, sumiendo a la población en el pánico y dejando un rastro de destrucción que afecta gravemente a Caracas y a los estados de La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón.
El primer sismo, de magnitud 7,2, se registró a las 18.04 (hora local), con un epicentro cercano a San Felipe, en el estado de Yaracuy. Cuando la población intentaba reaccionar, un segundo temblor aún más potente, de magnitud 7,5, golpeó la misma zona, esta vez con epicentro un poco más al norte, cerca del municipio de Yumare.
Aunque el Centro Helmholtz de Potsdam (Alemania) calculó magnitudes sutilmente distintas (7,3 y 7,4), todas las agencias internacionales coinciden en la extraordinaria violencia del evento. De hecho, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) advirtió que se trata del terremoto más potente registrado en la nación desde el año 1900.
Un balance trágico y en evolución
La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia nacional. En los balances oficiales de las últimas horas, las autoridades confirmaron al menos 164 muertos y cerca de 1.000 heridos, además de registrarse más de 30 réplicas.
Sin embargo, los equipos de rescate continúan removiendo escombros y se teme que la cifra de víctimas aumente drásticamente. Por su parte, el USGS emitió una alerta basada en modelos automáticos predictivos iniciales que sitúa el potencial de fatalidades en un rango más alto, advirtiendo que el desastre tendrá un alcance extenso.
“Quiero decir que es una verdadera tragedia”, afirmó Rodríguez al expresar sus condolencias a los damnificados. Asimismo, anunció la creación de un fondo inicial de 200 millones de dólares con recursos del Fondo Monetario Internacional para la reconstrucción urgente de hospitales, viviendas e infraestructura dañada.



Los testimonios visuales en Caracas y La Guaira muestran el impacto en zonas urbanas densamente pobladas. En el municipio de Chacao, el alcalde Gustavo Duque reportó el derrumbe de dos edificios de 8 y 12 pisos, donde los servicios de emergencia lograron rescatar a 18 personas con vida. En Baruta, el alcalde Darwin González confirmó el fallecimiento de tres personas tras el colapso de dos estructuras residenciales.
La infraestructura de transporte también sufrió un duro golpe: el Aeropuerto Internacional de Maiquetía registró desprendimientos en sus techos y lámparas mientras decenas de pasajeros huían del lugar, lo que obligó a las autoridades a decretar su cierre temporal debido a los graves daños estructurales.
Tras los sismos, se emitieron alertas de tsunami para Venezuela, Aruba, Bonaire, Puerto Rico y las Islas Vírgenes Británicas, las cuales fueron canceladas horas después.
¿Por qué tembló la tierra?
Para la comunidad científica, el fenómeno que golpeó a Venezuela se denomina “doblete sísmico”. A diferencia de la secuencia tradicional —donde un terremoto principal es seguido por réplicas notablemente menores—, un doblete ocurre cuando la ruptura de una falla geológica altera el equilibrio de fuerzas de forma tan violenta que desencadena inmediatamente la ruptura de otro segmento de la misma falla o de una fractura muy próxima.
Lucía Lozano, sismóloga de la Red Sísmica Nacional española, explica que este fenómeno requiere la coincidencia de “dos terremotos de magnitud muy parecida, muy seguidos en el tiempo y muy próximos en el espacio”. Aunque destaca que no es lo habitual en la corteza terrestre, tampoco es un hecho desconocido para la ciencia.
Por su parte, la sismóloga Gina Paola Villalobos señaló en declaraciones para El País que este evento era geológicamente previsible en el norte de Sudamérica. “Es algo completamente esperable en una zona donde existe una acumulación constante de esfuerzos tectónicos”, afirmó, detallando que la energía liberada se había estado acumulando durante más de un siglo debido al roce permanente entre las placas del Caribe y la Sudamericana.
A pesar de que los terremotos más mediáticos suelen ocurrir en el denominado Anillo de Fuego del Pacífico (región que concentra el 90 % de la actividad sísmica mundial), Venezuela posee un riesgo sísmico considerable. De hecho, se estima que el 80 % de su población reside en zonas de alta amenaza.
Esto se debe a que el norte del territorio nacional descansa justo sobre la compleja frontera de contacto entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, un límite que genera un movimiento lateral transcurrente y de subducción oblicua. La fricción se concentra en sistemas de fallas activas, siendo la falla de Boconó la principal fractura superficial del país, con unos 500 kilómetros de extensión a lo largo de los Andes venezolanos. A ella se suman las fallas de San Sebastián (en la costa norte) y El Pilar (en el oriente), responsables históricas de los grandes terremotos que han azotado al país en 1812, 1900 y 1967.
A la par de la magnitud geológica, los expertos insisten en que el verdadero peligro radica en las deficiencias estructurales de las ciudades modernas. Como enfatizó la investigadora Villalobos, “la amenaza real no es el sismo, sino la vulnerabilidad de nuestras construcciones”. Buena parte del parque edilicio venezolano se levantó bajo normativas antiguas o mediante autoconstrucción informal, lo que multiplicó los daños en áreas de alta densidad.
Las autoridades y los institutos geológicos advierten que las réplicas continuarán manifestándose durante los próximos días o semanas, por lo que los sistemas de monitoreo, prevención y rescate se mantendrán desplegados en máxima alerta.
